A la escucha de Dios

Estas páginas nos muestran cómo “la verdadera oración hace
del cosmos un templo y de la vida misma una plegaria”

(María José Pérez, en Vida Nueva). La colección Religión para torpes de San Pablo sigue ampliando su biblioteca con un nuevo volumen –La oración para torpes–, que, como los anteriores –El Evangelio para torpes (VN, nº 2.967), Mística para torpes (VN, nº 2.980)…–, es obra de Chema Álvarez, misionero del Sagrado Corazón.

El subtítulo “para torpes” capta inmediatamente la atención, hace que los lectores nos identifiquemos, pues todos experimentamos, a menudo, dificultad o impotencia al orar.

Comienza Chema con dos premisas fundamentales. La primera es que nuestra oración depende de la imagen que tenemos de Dios, y urge encontrarse con el Dios verdadero para que también la oración lo sea. La segunda, que la oración no es soliloquio egoísta, sino diálogo maduro con un “Tú” con el que queremos establecer un vínculo.

El autor afirma que la oración más primitiva es la utilitaria (“do ut des”), la del intercambio interesado de dos seres: el ser humano, que, al contacto con la naturaleza, se siente pequeño y amenazado, y el ser divino, al que se concibe como deseoso de adulación. Y entonces –sostiene Chema– el hombre aprendió a elaborar plegarias como quien fabrica herramientas. A menudo, con el agravante de que se delega la oración en intermediarios, especialistas en lo religioso de las distintas culturas: chamanes, brujos, sacerdotes, etc.

Parte fundamental del libro es la presentación de esa revolucionaria plegaria que es el Padrenuestro, la oración con la que Jesús nos enseña a tratar con un Dios “papá”. Al dirigirnos a Él, siempre tenemos presente que nos hermana a todos. Por desgracia, esta oración se ha ritualizado muchas veces, quitándole su verdadero sentido. Chema resume en cuatro palabras las actitudes básicas de la oración: confiada, constante, coherente y conformada.

En lugar de dirigirse a un Dios externo a él y distante, buscando interesarlo en sus necesidades, el verdadero orante, a la luz de Jesús, descubre que ha de ponerse a la escucha atenta y amorosa de un Dios que está desde siempre a nuestro favor. Chema lo resume en una frase feliz: “La verdadera oración hace del cosmos un templo y de la vida misma una plegaria”.

El autor presenta lo que él llama “oración del corazón”: un caer en la cuenta de nuestro vivir en comunión con Dios y con las criaturas, haciéndolo de manera consciente pero gratuita, sin perseguir un interés. Y, con un simple acto de fe y confianza, ponernos en manos de quien nos ama y busca nuestro bien y el de todos.

Este libro ágil y ameno termina con una fábula y dos apéndices. Uno es un apunte práctico con oraciones para todo momento, capaces de cambiar la vida. El otro está dedicado a la oración de los Misioneros del Sagrado Corazón.

María José Pérez

Vida Nueva 3.026 (3 de febrero de 2017) 44.


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