De la cruz a la luz

Su cuidada edición, cargada de luz y color, nos invita a recorrer
los calvarios de hoy abiertos a la esperanza del Resucitado

(Fernando Cordero, en Vida Nueva). La flamante directora editorial de San Pablo, la periodista y escritora Mª Ángeles López Romero, y el artista polifacético Siro López se ponen pie con pie en marcha en Crucificados de hoy, a través de la palabra y de la fotografía, para penetrar en el camino del dolor que, hoy día, siguen transitando tantos seres humanos en los calvarios de este siglo XXI. Calvarios insertos también en la Pasión de Cristo y abiertos a la luminosidad de la esperanza a la que nos lleva el túnel del sufrimiento, del desgarro y de la muerte de tantos inocentes. La Luz del Resucitado deja transparentarse en la actualidad más desgarradora, que va desde los crucificados en Arabia Saudí y las mujeres lapidadas en Afganistán a los electrocutados en Estados Unidos o los decapitados en Irak. Sin olvidarnos de las víctimas más próximas: del acoso laboral, de la tortura política y de la moda, que provoca anorexia y el mayor índice de suicidios de la historia.

La edición es preciosa: cuadradita, cuidada al máximo, manejable, cargada de luminosidad y color, que no resta rigor y profundidad a los protagonistas de estas páginas. Al contrario, hay tanta carga de simbolismo, de mirada honda al mundo de los excluidos que se agradecen colores que nos recuerden dónde culmina el misterio de la Cruz, el árbol que da fruto y nos hace partícipes del banquete del Reino.

Se reconoce el hermoso ejercicio que lleva a cabo Mª Ángeles no solo en actualizar el sufrimiento, sino también en imaginar los nuevos escenarios de la Pasión. Así, resulta llamativo cómo compara a pintores, cineastas, fotógrafos o periodistas con “renovadas verónicas” que revelan el rostro de Cristo, “perlado de sudor y sangre”, recordando, además, la persecución de muchos de ellos, así como la de tantos teólogos y teólogas.

Es muy apropiado para este tiempo de Cuaresma, para la oración personal o comunitaria. Para perderse un día por el campo e ir meditando con detenimiento, en silencio. O también para rezarlo en parroquias y comunidades cristianas. El texto es breve, por lo que no hay que recortar ni adaptar, a la hora de organizar un viacrucis parroquial, por ejemplo. La primera estación es la condena de Jesús a muerte y la décimoquinta canta su Resurrección. Detrás del lenguaje periodístico se encierra también el grito interpelante de la autora como mujer de fe: “Dios sigue ahí. Nunca los abandonará. ¿Pero vamos a abandonarlos nosotros? ¿No tendremos que utilizar nuevos gritos, nuevos altavoces, para hacer que les llegue la voz de Dios?”.

Algunas de las fotografías y montajes de Siro también se pueden proyectar, sobre todo, para hacer cercano y profético el mensaje a las generaciones más jóvenes e icónicas.

Fernando Cordero, SSCC

Vida Nueva 3028 (17 de marzo de 2017) 44.


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