Tendríamos que descubrir nuestras periferias para ser más cristianos

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Iniciábamos la semana pasada la reseña de Periferias, libro de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant Egidio de Roma. Y se da la circunstancia que en este número informamos de la toma de posesión del Cardenal de Madrid, Monseñor Carlos Osoro, de párroco de la Iglesia de Santa María del Trastevere, que regenta esa comunidad fundada por Riccardi. En la sección de Noticias damos el texto íntegro –traducido al español, desde el italiano– de la homilía que pronunció el Cardenal Osoro. En fin el trabajo que tengo ahora es completar la citada reseña.

 Es obvio que quería citar a algunos periféricos más citados por Riccardi. Llama la atención muy especialmente la figura de la religiosa Madeleine Delbrêl que llevo a sus monjas, siguiendo a Charles de Foucauld, al desierto del Sahara y desde el norte de África a Camerún donde Madeleine conoce a los pigmeos, etnia despreciada por su propios hermanos africanos y por los colonizadores europeos. El recorrido continua y vuelve a Francia donde se encuentra con las periferias descristianizadas de las ciudades.

Quiero citar también al archimandrita Feodor Bucharev, en la Rusia del siglo XIX, y que se sale de la Iglesia para ser más iglesia. Y también otro ruso nacido a finales del diecinueve que se instala en su propia periferia, en Siberia, el archimandrita Spiridón que atrae a muchos otros periféricos de la fe impresionados por la ternura en su predicación. Hay muchos más y el libro de Andrea Riccardi da noticias de grandísimas almas entregadas a llevar a Cristo a los más pobres y marginados, a los más periféricos.

Reproduzco un par de párrafos de la reseña anterior que, por supuesto, puede leerse íntegra en nuestro número anterior, entrando en el histórico (link Consultar Ediciones Anteriores).

“Pero esa posición en la periferia –que no es ser periférico– ha ido apareciendo en la historia pasada –antigua y más cercana– de la Iglesia católica. La huida del mundo, el monacato, la supervivencia en el desierto forma parte de una periferia de la Iglesia que alcanza enorme dimensión en los tiempos antiguos. Pero incluso el acento galileo de Pedro –idéntico al de Jesús–le señala y le marca al mismo tiempo. Benito –San Benito– en la periferia de Roma crea una regla de vida y convivencia, distinta alejada, periférica».

Y también:

«Aparecerá en el relato de los periféricos modernos la Comunidad de San Egidio, obra –creo– sin precedentes, ni consecuentes, que se le eleva con una gran diferenciación de otras obras o empeños eclesiales surgidos hasta entonces. Y relata el nacimiento de la Comunidad de San Egidio que sería la gran obra de Andrea Riccardi y del que fuera después cardenal Martini, arzobispo de Milán. Carlo Maria Martini prologaba el libro-cimiento de esa obra en 1968…».

En fin que creo que estamos ante uno de los libros más importantes de esta temporada y que merece la pena leer, contemplar y reflexionar. Tendríamos nosotros que asimismo descubrir nuestras periferias para ser más cristianos, cristianos de verdad.

Ángel Gómez Escorial

Betania 967 (5 de marzo de 2017)

 


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