Una de las figuras más influyentes de la historia del Cristianismo

(Antonio Aradillas, en Religión Digital). Educados en la fe religiosa-religión cristiana, ya desde que en el parvulario –catequesis o «rebañito»– se substituyera el «Padrenuestro» por el «Cuatro esquinitas tiene mi cama, con los angelitos que me la guardan», son comprensibles muchas inseguridades veleidosas, nada constructivas, a la hora de llamarle formación de verdad. Este diagnóstico, apostólico y romano, hay que aplicarlo al juicios que posteriormente habría que efectuarse a lo que significó la Reforma y a Martín Lutero, respecto a la Iglesia católica.

De cuanto se nos informó sobre estos capítulos de la historia eclesiástica, es obligado asegurar sin ninguna exageración, “en el nombre de Dios y con categoría similar a la de “verdad revelada”, que todo lo que se nos enseñó y aprendimos, fue burda e indocumentada patraña, carente de objetividad y decencia científica. Es tan triste como real, tener que reconocer, por respeto a la historia, a la fe, a la doctrina cristiana y a la veracidad de los hechos narrados e interpretados, que cuanto se nos informó acerca de Lutero, fue y sigue siendo mentira interesada y al servicio de la ilegitimidad de la Iglesia y de quienes entonces decían representarla en sus más altas instancias..

Por fin, comienza ya a surgir la luz desde las tinieblas más profundas y lúgubres, y la verdad inicia el recorrido de un venturoso camino de renovación -reforma en defensa y al servicio de la fe profesada por unos y otros, es decir, por católicos y protestantes. En esta tarea-ministerio destaca la publicación del libro Lutero: una vida delante de Dios, editado por San Pablo, y cuyo autor es Rafael Lazcano, “historiador y bibliógrafo”, con una veintena de libros en su propia nómina, y numerosos artículos de investigación y divulgación científica referidos principalmente al mundo agustiniano, a cuya Orden Religiosa perteneció el mismo Lutero.

El prólogo lo firma Pedro Langa Aguilar y la colección en la que se ubica es la tan acreditada de “Testigos”. El libro -270 páginas- consta de 38 capítulos, destacando el autor que “el objetivo de Lutero fue liberar al cristianismo de las ataduras eclesiásticas del medievo, con el fin de recuperar la dimensión espiritual del cristiano…”, reforzando la idea de que “Lutero fue una de las figuras más influyentes y determinantes de la historia del cristianismo”, sin dejar de reseñar que “la convulsa época en la que vivió puede semejarse en algunos aspectos a la que nos ha tocado vivir en la actualidad”

En un intento imposible por explicar el duro lenguaje que en ocasiones empleó Lutero -“yo soy sajón: un rústico y duro sajón”-, contra los enemigos de sus ideas -Papas y obispos-, es justo reconocer que estos no se limitaron a darle consejos y recitar pías jaculatorias, como las de “hereje, apóstata y otros mil apelativos ignominiosos” , rezando por su conversión, sino que hicieron cuanto estuvo de su parte, y más, por encarcelarlo e “inquisitoriarlo”, salvándose de la muerte en la pira, gracias a la protección de Federico “El Sabio”, Príncipe Elector de Sajonia.

Sobre la necesidad de la reforma de la Iglesia de entonces – y, en parte, también en la de ahora, aunque con otras formas y fórmulas-, de las páginas 21 y 22 del libro “Lutero: una vida delante de Dios”, transcribo los párrafos siguientes:

“El papado está cada vez más preocupado por los Estado Pontificios y sus propias familias, que de la “reforma” de la Iglesia. Los papas renacentistas se veían a sí mismos como gobernantes políticos. Su vida moral era públicamente escandalosa. Inocencio VII tuvo dos hijos naturales antes de ser nombrado cardenal y papa; Alejandro VI mantuvo relaciones con varias mujeres, con las que tuvo al menos siete hijos, dos de ellos siendo papa; Julio II, conocido como el papa guerrero y gran mecenas, consolidó los Estados Pontificios, asumió directamente el mando de su ejército y recuperó las ciudades de Perugia y Bolonia. Con trece años de edad, Juán de Médicis, hijo de Lorenzo, cardenal de la Iglesia, fue posteriormente Papa con el nombre de León X Alejandro Farnesio, de noble familia romana, -Papa Paulo III-, tuvo varios hijos ilegítimos, distinguido por el favoritismo que mantuvo con ellos y sus nietos.

“En líneas generales puede afirmarse que los abusos de los obispos y altos cargos eclesiásticos eran continuos. Lo esencial de un cargo eran sus rentas. La formación teológica no existía, ni el interés por la vida espiritual. Los prelados mundanos y principescos se ocupaban de sus propios intereses y de proporcionarles una vida tranquila a sus familiares. En la segunda década del siglo XVI los arzobispados y sedes episcopales alemanas estaban ocupadas por hijos de príncipes. El bajo clero vivía en la incultura, la ociosidad y el concubinato. Los párrocos rurales y de las ciudades, despreciados por el pueblo, ignoraban lo más básico del cristianismo y de continuo eran objetos de críticas que los ponían en ridículo. El imperio alemán, en tiempos de Lutero, contaba con un millón y medio de clérigos, el7,5 por ciento de la población”.

“La doctrina que más se predicaba, y la que realmente llegaba a los fieles, era la devoción piadosa, el culto de los santos, la adoración de las reliquias, las indulgencias y las peregrinaciones”.

En el “negocio de la salvación eterna”, estos Papas, cardenales, obispos y sacerdotes fueron los administradores de la gracia de Dios, con incuestionable reconocimiento para las riquezas y el arte que fomentaron con ocasión de la construcción de la colosal Basílica de San Pedro, a cargo de Bramante, Miguel Ángel, Rafael y otros…

De todas maneras, y así las cosas, con indulgencias o sin ellas, es, y seguirá siendo cristiano suplicarle a Lutero el “ora pro nobis”, AMÉN.

Antonio Aradillas

Religión Digital (14 de marzo de 2017)


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