Dios vivo presente en la Eucaristía

Mira, en tu vida Yo soy Silencio. Permanezco presente para ti en el «Sacramento del silencio». Todo lo que en ti es ruido, ajetreo, tensión, esclavitud de la propia voluntad, te oculta mi presencia en la Eucaristía. Tu tristeza, inquietud y precipitación te impiden entrar en comunión de vida conmigo: Dios vivo presente en la Eucaristía. Necesito mucho tu silencio interior. Necesito el silencio de tu voluntad, que no quieras nada ni a nadie fuera de mí.

Si te abres a mí, puedes hacer de tu tristeza, de tu inquietud y de tu precipitación, materia para la Redención en el Sacramento de mi misericordia. Entrégame tu ajetreo y tensión, que destruyen tu alma y tu cuerpo; permíteme que otra vez te perdone todas tus faltas sobre el altar, gracias al Sacrificio redentor de la Eucaristía, para que de esta forma pueda convencerte una vez más de lo mucho que te amo.

(Texto de Tadeusz Dajczer, Asombrosa cercanía, San Pablo, Madrid 2016, 86-87).


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