Las mujeres galileas y la continuación del mensaje

«Según Marcos, las mujeres galileas fueron las únicas entre los discípulos que acompañaron a Jesús en la cruz, aunque fuera “desde lejos” (15,40). Ellas hicieron suya la confesión del centurión, conservaron la esperanza y se convirtieron en las primeras destinatarias del mensaje de la resurrección el día de la Pascua.

“Temblando y fuera de sí” (16,8) supieron que algo grande estaba pasando y que el mensaje recibido en torno a su Maestro adquiría todos los visos de verdad. Jesús no había muerto en balde, ya que de su muerte salía la vida para ellas y para cada uno de los hombres que creen en él. Aunque en un primer momento no tuvieron arrestos para difundir el mensaje por el temor religioso que les embargaba (16,8), estamos seguros, siguiendo a los evangelistas (Mt 28,8; Lc 24,10; Jn 20,18), de que muy pronto lo hicieron (16,10), convirtiéndose en las primeras anunciadoras de la Pascua.

En seguida Marcos cayó en la cuenta de que había que continuar con la predicación de la buena noticia empezada en Galilea y concluida en las afueras de Jerusalén, en un lugar que con el paso del tiempo se hará imborrable: ¡el Gólgota! Era preciso transmitir el mensaje salvador, cargado de un amor singular, que se había manifestado en la cruz de Jesús y en su resurrección obrada por Dios (16,7).

¡Nace así una nueva esperanza! En la marcha del mundo, en el desarrollo de los acontecimientos de hoy, de mañana y de siempre, cada persona es alguien a la que Dios lleva muy dentro de y en su pensamiento, no está sola y abandonada como una mónada perdida en la inmensidad de un universo infinito. Lo más consolador consiste en tomar conciencia clara y gozosa de que cada uno cuenta en el proyecto divino, de modo que puede aceptar la muerte de Jesucristo en comunión con los otros y reivindicar para su persona el amor del Padre, manifestado en la cruz de su Hijo y derramado en nuestros corazones mediante el Espíritu, Señor y dador de vida».

(Luis Ángel Montes Peral, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, San Pablo, Madrid 2017, 161-162).


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