Gramáticas creativas de la identidad

(José Francisco Serrano Oceja, en Alfa y Omega). De vez en cuado hay que pararse ante un libro de filosofía, teórica y a la vez práctica, que permita volver a formular una serie de preguntas que son claves para el proceso de humanización y de desarrollo personal. De entre esas preguntas, hay una básica: ¿Quién soy?, que está muy cercana a la común, y equivocada en su planteamiento, ¿qué soy? En un mundo de múltiples identidades, de pluralidad de identidades, la filosofía viene en socorro de la educación y nos ayuda a plantearnos el proceso de maduración y crecimiento desde una correcta comprensión de nuestro ser, de nuestras relaciones, de nuestra identidad. Como diría mi recordado Aquilino Polaino, «a pesar de las apariencias, a todo el mundo le interesa siempre saber quién es, y además ser quien verdaderamente es». Siempre hay algo de misterio en nuestra identidad. Si solo el misterio explica el misterio, la reflexión y la contemplación deben contribuir a resolver la pregunta sobre quiénes somos y quiénes son los demás. Gabriel Marcel explicó que el misterio no es el mero problema frente a mí, sino aquel interrogante que me incluye a mí mismo en su preguntar.

Resulta fundamental que cada uno de nosotros se atreva a ser quién es en un momento en que se han activado y llevado hasta sus últimas consecuencias procesos de despersonalización y de masificación que impiden que florezca la belleza de la identidad, por ejemplo, un consumismo desaforado o una neblina narcotizante sobre aspectos que conforman la identidad personal y biológica. Como diría E. Lévinas, «el rostro habla. La manifestación del rostro es el primer discurso». La identidad se fragua en el amor y se convierte toda ella en una vocación de amor. Pudiéramos decir que este libro –Originalidad e identidad personal– útil, y a la par que profundo, o por esto mismo, del profesor Javier Barraca, ayuda de forma clara a la elucidación de la pregunta por la identidad personal desde el punto de vista de lo antropológico, o de la filosofía de lo humano, sin renunciar a la fundamentación metafísica personalista ni obviar una serie de consecuencias desde lo ético y lo moral. No hay más que repasar los nombres de los autores citados a pie de página para darnos cuenta de cuáles son las fuentes en las que ha bebido nuestro autor: E. Levinas, J. Marías, U. Ferrer, G. Marcel, M. De Unamuno, J. Ortega y Gasset, R. Gómez Pérez, A. López Quintás, M. Buber, P. Ricoeur, K. Wojtyla y G. González, entre otros muchos.

Los títulos de los epígrafes principales del libro son muy elocuentes de su contenido: «La belleza de la identidad personal»; «En busca de mí mismo y hacia el tú: identidad y relación»; «Valor de la originalidad personal: la vida humana como arte y vocación»; y «Una originalidad que se desarrolla desde la justicia». Como diría Schopenhauer, «lo que uno es contribuye más a su felicidad que lo que uno tiene o lo que uno representa. Lo principal es siempre lo que uno es, por consiguiente, lo que uno posee en sí mismo, porque su individualidad lo acompaña en todo tiempo y en todo lugar y tiñe con su matiz todos los acontecimientos de su vida».

José Francisco Serrano Oceja

Alfa y Omega 1.032 (29 de junio de 2017) 25.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*