Un enfoque nuevo

(Francisco Armenteros Montiel, en Vida Nueva). “No nos engañemos: en la vida nuestra, si contamos con brío y con victorias, deberemos contar con decaimientos y con derrotas. Esa ha sido siempre la peregrinación terrena del cristiano, también la de los que veneramos en los altares. ¿Os acordáis de Pedro, de Agustín, de Francisco? Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina nos presentan las hazañas de esos hombres, como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno. No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha”.

Así pensaba Escrivá, que añadía: “Y cuentan, de algunos de ellos, que en su infancia no lloraban, por mortificación no mamaban los viernes… Tú y yo nacimos llorando como Dios manda; y asíamos el pecho de nuestra madre sin preocuparnos de Cuaresmas y de Témporas”. Decía que esos biógrafos, quizás involuntariamente, han hecho un flaco servicio a la catequesis.

Los dos textos aparecen citados en la introducción de un libro de Jesús Urteaga: Los defectos de los santos (1978); ya, más de una década antes, se publicó el de Piero Bargellini: Los santos también son hombres (1964).

Los que han leído biografías de san Josemaría, encontrarán en esta obra de J. M. Cejas, que también cita el texto sobre las “verdaderas biografías”, pocas novedades; alguna sí. Los que se acerquen por primera vez tendrán una idea cabal del fundador del Opus Dei. La cruz, a la que se refiere el título –Cara y cruz–, es por las muchas penalidades, contratiempos… que tuvo que superar.

Afirma que, “a medida que fue creciendo, se perfilaron su virtudes y defectos”, y desde las primeras páginas –la infancia– recoge sus pataletas, enfados, rabietas… normales en un niño. Cejas insiste en su “carácter fuerte”, “impulsividad”, “temperamento fogoso”; y en lo que, a veces, Escrivá decía de sí mismo: falta de generosidad, mal humor, tozudez.

Honda sensibilidad social

Destaca su “honda sensibilidad social”, demostrada con muchos casos de atención a pobres, enfermos –algunos contagiosos–, migrantes en los arrabales y chabolas, dando una respuesta a los graves problemas de la sociedad de primeros de siglo y enseñando a muchos a comprometerse seriamente. El “corazón de sacerdote” es lo que explica todo.

Quizás a san Josemaría le gustaran las palabras de la poetisa María Noel: “El santo no es alguien perfecto, no es alguien valioso, es alguien que no vale nada, es alguien que no es nada. Pero por esa nada, Dios pasa, como el agua de una fuente por el vacío de la tubería”; de hecho, decía de sí mismo: “No soy nada, no valgo nada, no puedo nada”.

Por cierto: el libro es póstumo; el autor falleció repentinamente el 4 de febrero de 2016, mientras impartía una clase. Conviene recordar que la muerte repentina se cita en los catecismos como una “gracia actual”. Junto a muchos méritos –como docente, escritor, fundador de la ONG Solidaridad Universitaria Internacional (SUI) para ayudar a niños marginados– nos prestó este último servicio.

Francisco Armenteros Montiel

Vida Nueva 3.042 (1 de julio de 2017) 45.


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