Conocer la espiritualidad de una «chiquilla heroica»

(Teófanes Egido, en Estudios Josefinos). Ya había publicado la editorial San Pablo esta especie de «año contemplativo» con pensamientos, para cada uno de los 365 días, de santa Teresa de Jesús, y, por el mismo José Vicente Rodríguez, los 365 días con Juan de la Cruz hace unos años. En esta ocasión, este autor fecundo e informado ofrece el hermoso libro 365 días con Teresa de Lisieux, con la misma estructura con los pensamientos de santa Teresa del Niño Jesús, de santa Teresita (aunque muchos resistan el andar con diminutivos, siempre cariñosos, cuando de esta santa tan extraordinaria se trata).

José Vicente Rodríguez ayuda a la comprensión de todo ello con una introducción biográfica, muy sintética y muy clara, y con información de la otra biografia, la posterior, hasta el nombramiento por Juan Pablo II como jovencísima Doctora de la Iglesia en el centenario de su muerte (1997). También alude a la historia redaccional y editorial, interesante y que hay que tener en cuenta, de los escritos de santa Teresita.

Y, en efecto, con un orden cronológico, dentro de lo posible, desde enero, con el recuerdo de sus padres, hasta diciembre con la pasión, la cruz y la muerte de santa Teresita, durante los días sucesivos se van ofreciendo los aspectos de la vida, de la espiritualidad, del pensar y reaccionar de la Santa. Se da la importancia que mereció para ella su familia, la “epopeya” (así lo dice el autor) de su vocación tierna. Ya en el Carmelo de Lisieux, se puede revivir su aventura nada ideal, su sensibilidad, la confianza, la pequeñez, la convivencia conventual. A este propósito, no vendrá mal recordar, como lo hace el autor, el sentido de la alegría, del humor y de la risa que derrama y comunica Teresita, como se ve, por ejemplo, en alguna de sus cartas al contar el episodio más que cómico de la ingenua cocinera y la langosta endemoniada que se recoge en el texto correspondiente al 13 de noviembre.

José Vicente Rodríguez, como era de esperar, se encarga de aclarar lo del caminito de la infancia espiritual y el de la confianza. Con acierto, se dedica una serie de textos a las presenctas bíblicas, tan frecuentes, en la espiritualidad de la Santa.

Y a propósito de la Sagrada Escritura, es sobradamente conocida su simpatía hacia san José. En esta “antología”, como no podía ser menos, y en este camino espiritual y humano, tan teresiano, José Vicente Rodríguez da entrada generosa al esposo de María, cordialmente vivido por santa Teresita, conforme se ha estudiado detenidamente en esta revista en repetidas ocasiones. Y así, aparece santa Teresita arrojando flores a la imagen de san José de la huerta conventual, no para pedirle algo sino “para dar gusto al Santo” (19 mayo).

El mes de julio se dedica más expresamente a la Virgen María. Por tal motivo, José se hace presente con frecuencia. “¡Cuánto lo quiero! Él no podía ayunar, debido a su trabajo. Lo veo acepillar y después secarse la frente de vez en cuando. ¡Qué lástima me da de él” ( 4 julio). Lo mira en su entrega en la vida de la Sagrada Familia, sometido a murmuraciones por su trabajo, que muchas veces no sería ni pagado (5 julio); en su actitud ante el misterio asombroso (13 julio); en el cuidado de la partida para Egipto (17 julio)…

Hay que agradecer libros como el que presentamos y que permiten conocer la espiritualidad, en el sentido más amplio de esta realidad, de los santos, y más aún, si cabe, cuando se trata de santos tan cercanos como es el caso de sana Teresita, con la suerte, además, de ser presentada por un conocedor tan cabal como José Vicente Rodríguez, que no disimula su entusiasmo, más que comprensible, como cuando, ante la escena de Teresita, arrodillada y pidiendo personalmente a León XIII el ingreso en el Carmelo a sus quince años, exclama “¡Qué chiquilla más heroica!”.

Teófanes Egido

Estudios Josefinos 141 (2017) 125-127.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*