Una corriente de aire fresco

(José Luis Vázquez Borau, en Actualidad Bibliográfica). El dominico Vicente Borragán Mata nos ofrece con este esclarecedor texto un balance y explicación de La Renovación Carismática, después de medio siglo de su existencia. Y esto lo hace mediante ocho capítulos. En el primero, La Renovación Carismática: Orígenes y expansión, nos dice que a partir del Concilio Vaticano II una corriente de aire fresco ha bañado a la Iglesia por entero: “Una corriente de gracia se ha abatido sobre la Iglesia como un vendaval o como un tsunami desbordante, y millones de vidas han sido cambiadas por el poder del Espíritu” (pág. 11).

En el segundo capítulo se aborda el tema de ¿Qué es la Renovación Carismática?, afirmando que lo que ella reaviva no son en primer lugar los carismas, sino la presencia y la experiencia del Espíritu en nuestra vida: “La Renovación Carismática es como un derramamiento poderoso y gratuito del Espíritu para renovar la vida de la Iglesia, pueblo de Dios, para llevar a los hombres a un encuentro personal con Jesús como señor y Salvador, para sumergirlos en el mar infinito de su vida y de su amor, para hacerlos vivir en la gratuidad y en la alabanza, y para hacerlos recorrer los caminos del mundo con la fuerza de su gracia, de sus dones y de sus carismas” (pág. 37).

En el capítulo tercero se aborda el tema El bautismo en el Espíritu donde se afirma que “el que fue bautizado ‘en agua y en Espíritu’ quiso que todos fuéramos bautizados en él; el que vio descender al Espíritu y reposar sobre él quiso que también descendiera y reposara sobre nosotros para sumergirnos en su gracia y en su vida” (pág. 67). Pero como la mayoría de los cristianos viven una vida muy lánguida, “por eso es necesario hablar de un nuevo Pentecostés, de un bautismo en el Espíritu , de una efusión o de una irrupción del Espíritu que saque a flote todas las gracias, dones y carismas derramados en el alma el día del bautismo, que deberían haberse desarrollado en todo su esplendor, pero que se han quedado en estado latente, en semilla sin florecer” (pág. 88). Para conseguir este fin se propone hacer un seminario de la vida en el Espíritu para preparar el corazón para un encuentro personal con Jesús, que suele durar siete semanas y recibir, después, el bautismo en el Espíritu.

En el capítulo cuarto se aborda el tema de Los efectos del bautismo en el Espíritu, que antes o después se manifiesta en cada uno: “Los efectos del bautismo en el Espíritu se van notando poco a poco, como cuentagotas, pero van madurand0o lentamente en el alma como una semilla en la tierra” (pág. 108). Y así van surgiendo los carismas: a) sabiduría: “una palabra puesta por el Espíritu en la boca de alguno de los fieles para iluminar y orientar a la Iglesia, a una comunidad o un grupo en los momentos en que hay que tomar una decisión importante, hacer frente a una necesidad concreta o un plan que viene del Señor” (pág. 130); b) ciencia: “una iluminación del entendimiento para conocer un hecho o para pronunciar una palabra que se percibe con claridad que procede de Dios, ya que se insinúa tenaz y persistentemente en el que la recibe, y solo se desarrolla y precisa cuando se atreve a abrir la boca para formularlo públicamente” (pág. 132); e) fe: “creer confiadamente que sucederá lo que hagamos o hablemos en un momento determinado en nombre de Jesús” (pág. 132); d) curaciones: “la curación de enfermos no fue solo una promesa para las primeras generaciones, sino que forma parte del mensaje fundamental del evangelio” (pág. 133); e) milagros; f) profecía: “Por ese carisma Dios toma posesión de algunos hombres para hacerlos instrumento de su palabra, transmitir su mensaje y edificar a su pueblo” (pág. 135); discernimiento de espíritus: “saber distinguir lo auténtico de lo falso” (pág. 135); lenguas: “es dado por el espíritu para transmitir un mensaje al grupo de parte de Dios. Por eso es necesario que sea seguido de una interpretación, que puede ser hecha por la misma persona o por otro miembro de la comunidad” (pág. 139); interpretación: “el intérprete siente que el espíritu le da un conocimiento intuitivo del mensaje transmitido en lenguas y lo comparte con la asamblea” (pág. 142). Finalmente, el carisma de los carismas: el amor.

En el capítulo quinto, La gratuidad, fundamento teológico de la Renovación, se recuerdan las palabras de San Agustín: “La gratuidad es la acción de Dios por la que, en su inescrutable sabiduría, visita a los hombres con independencia de sus esfuerzos y suméritos y les impulsa amorosamente hacia el bien” (pág. 174).

En el capítulo sexto, ¿Cómo funciona la Renovación Carismática?, se explica que los grupos se reúnen una vez por semana y “suelen distinguirse cuatro momentos principales: la alabanza, la enseñanza o instrucción, los testimonios y las peticiones. La oración termina con el rezo del padrenuestro y la despedida” (pág. 197). Y se remarca que “la alabanza es como el documento de identidad de la Renovación frente a todos los movimientos y realidades de la Iglesia” (pág. 200).

Y se concluye el texto con los dos capítulos siguientes: Críticas y peligros y ¿Hacia dónde va la Renovación? Una buena exposición del profesor Vicente Borragán Mata para entender este nuevo Pentecostés.

José Luis Vázquez Borau Actualidad Bibliográfica (enero-junio de 2017) 97-99.


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