Camino de renovación

(Marciano Vidal, en Vida Nueva). La obra que presentamos llega en un momento oportuno. Según la interpretación de importantes teólogos, estamos asistiendo con el papa Francisco a una revolución moral, no solo por razón de los subrayados en el contenido (ética ecológica, ética económica, ética social de las tres “t”: tierra, techo y trabajo), sino también en la forma de proponer el mensaje moral cristiano. Hay quienes han visto en la exhortación apostólica Amoris laetitia (2016) un contrapeso necesario a lo afirmado en la encíclica Veritatis splendor (1993) de Juan Pablo II.

El sabio y prolífico escritor dominico Felicísimo Martínez Díez ofrece un valioso apoyo a la renovación teológico-moral propiciada por el papa Francisco. El libro se compone de siete capítulos, diferenciados entre sí pero suficientemente trabados para formar un todo unitario.

El punto de partida (c. 1) ofrece perspectivas para una toma de conciencia de la situación en que se halla la moral del pueblo cristiano. Es certera la descripción de los rasgos que, con frecuencia, han desvirtuado la moral evangélica: carácter moralizante, tonalidad voluntarista, orientación negativa, tendencia culpabilizadora, formulación legalista, finalidad opresora, apelación al temor

El c. 2 analiza los dos sistemas morales que aparecen en el Antiguo Testamento: el sistema del don y el sistema de la deuda. Sobre este interesante tema de la tensión entre la moral del don (de la persona, de la alteridad, de la justicia) y la moral de la deuda (de lo puro y lo impuro: en alimentos, en sexualidad, en personas) el autor ya nos había ofrecido una monografía (Caminos de liberación y de vida. La moral cristiana entre la pureza y el don, DDB, Bilbao, 1989). Aquí resume lo dicho más ampliamente allí.

La moral neotestamentaria, manifestada preferentemente en la práctica de Jesús narrada en los Evangelios, es presentada en el c. 3. Las cuarenta páginas de este capítulo constituyen el núcleo del libro. La genuina moral cristiana es presentada como una moral del don y de la gratuidad, superando así la moral de la deuda y la moral de la separación entre lo puro y lo impuro. Esta orientación es ofrecida en los Evangelios no solo a través de la enseñanza (el autor analiza las formulaciones evangélicas mediante “parábolas”), sino sobre todo mediante la praxis de Jesús, en la que se superan las barreras y se convoca a todos al banquete de la comunión festiva e igualitaria.

Los tres capítulos siguientes exponen tres consecuencias que brotan del núcleo axiológico presentado en el capítulo central. La primera consecuencia (c. 4) es entender la moral cristiana como una moral liberadora (y no opresora), con el sentido de libertad “de”, es decir, desarrollo del sujeto libre, y de libertad “para”, es decir, compromiso liberador. La segunda consecuencia (c. 5) conduce a la superación de la tensión entre ley y evangelio, un aspecto de gran calado paulino y de gran actualidad en este año conmemorativo de la Reforma protestante (1517). La tercera consecuencia (c. 6) subraya tres valores básicos de la moral cristiana: la justicia, la solidaridad y la comunión. Siguiendo las orientaciones bíblicas, el autor hace un replanteamiento de la categoría moral de justicia: dimensión política de la praxis cristiana, sensibilización hacia los derechos de los pobres, relación de la justicia con la misericordia, espiritualidad en la lucha, por la justicia.

El becerro de oro

El último capítulo (c. 7) ofrece una síntesis de moral económica. Es de alabar la elección del tema, por su importancia objetiva y también por la sintonía con las sensibilidades morales de la Iglesia de hoy. El título del capítulo, de raíz bíblica, marca la orientación de la exposición: “El ídolo del becerro de oro”. Las cuarenta y cinco páginas de texto resumen muy bien las sensibilidades morales del cristianismo para orientar el mundo de la economía en el presente y en el próximo futuro.

El día 24 de octubre pasado, el papa Francisco tuvo un encuentro con los jesuitas reunidos en su 36ª Congregación General en Roma. Entre los temas del coloquio (tal como fueron recogidos por La Civiltà Cattolica 167 [2016) IV, 417-431), surgió la cuestión de la moral. El Papa recordó la moral casuista preconciliar, hizo memoria de Bernard Häring (“creo que fue el primero en buscar un camino nuevo para renovar la teologia moral”) y alentó a seguir avanzando en esa renovación, asumiendo “la riqueza del discernimiento contenida en la gran escolástica”.

El libro de Felicísimo Martínez, limpia y pulcramente editado por San Pablo, es una buena ayuda para proseguir en ese camino de renovación moral.

Marciano Vidal, C. SS. R.

Vida Nueva 3.048 (2-8 de septiembre de 2017) 44.


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