Lo afectivo es lo efectivo

(María José Pérez, en Vida Nueva). Este nuevo libro del franciscano Javier GarridoPedagogía de la afectividad cristiana– nace de una certeza constatada a lo largo de más de treinta años de acompañamiento espiritual, tanto de personas como de grupos: «La cuestión central de la existencia humana es el mundo afectivo».

La obra que nos ocupa parte de una premisa: «Creer que Dios quiere y puede comunicarse conmigo personalmente». Dios ha querido establecer con nosotros una relación de amor, y en la respuesta a esa relación nos jugamos lo más auténtico de la vida. Pero estas páginas no son solo para creyentes, sino también para buscadores.

El libro se estructura en cuatro bloques: I. Planteamiento, II. Salmos, III. Evangelios y IV Reflexión. Metodológicamente, el autor opta siempre por lo que él denomina la «pedagogía simultánea»: la relación con Dios y la maduración en las relaciones con los demás van creciendo a la par. A menudo, sin embargo, los prejuicios, el pecado, una negativa imagen o experiencia de Dios… nos lleva a protegernos ante su acción, y terminar impidiéndola. Por eso, hay que «desprotegerse».

Salmos y evangelios son libros bíblicos privilegiados para entrar en la dinámica afectiva. Libros no solo para leer, sino para orar con ellos. Una oración que irá cambiando a medida que evoluciona la relación con Dios.

Por lo que respecta a los salmos, Garrido señala distintos niveles de acercamiento: preguntarse por la experiencia humana que subyace, descubrir cómo vive el escritor esa experiencia desde la fe y, por último, conectar mi experiencia vital con el texto. Para iniciarse, él recomienda la lectura de «atención pasiva». Más delante, cuando ya se han establecido los lazos, es recomendable quedarse con una frase corta, a modo de mantra.

En cuanto a los evangelios, el religioso vasco señala dificultades de acercamiento al texto: darlo por sabido y que no nos afecte, psicologizar, moralizar, proyectar en él nuestra ideología o identificarnos con él desde el deseo religioso. Lo esencial –defiende– es centrarse en la persona de Jesús, más allá de lo que dice o hace. Ese es el camino para la relación afectiva con Él.

El autor recorre los evangelios sin una pretensión sistemática, deteniéndose en aquellos con mayor relieve pastoral. Hacia el final, dedica unos capítulos al camino afectivo con Jesús desde el itinerario espiritual de la personalización en el que Garrido se ha especializado.

En su opinión, el modo de orar con el evangelio debe evolucionar también a medida que cambia la relación con Jesús: meditación, aplicación de sentidos, oración de intimidad. Y, en ese proceso, llega un momento en el que encontramos un tú que nos libera del yo: eso es vivir en el amor teologal, vinculante.

Lo afectivo no se ha de identificar únicamente con lo relacional, sino que Garrido apuesta por una afectividad que dé forma a todo: la autoconciencia, las relaciones, el trabajo… Que todo «tenga fuente en el corazón», porque de lo que se trata es de la transformación del corazón, para alcanzar la madurez. Un camino personal, pero nunca aislado.

María José Pérez

Vida Nueva 3.053 (6 de octubre de 2017) 45.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*