Testimonio de la Escritura sobre María y retrato de la madre de Jesús

(Pablo Largo Domínguez, en Ephemerides Mariologicae). El cardenal Ravasi se acerca y nos acerca una vez más a María. La editorial SAN PABLO había publicado Los rostros de María en la Biblia (2009) y El mes de María: 31 imágenes bíblicas para cada día (2009). En esta nueva aproximación –María. La madre de Jesús– es también el testimonio de la Escritura sobre María el que sirve de guía para esbozar el retrato de la madre de Jesús.

La obra se divide en 4 grandes secciones. En la primera, titulada Algunas imágenes bíblicas, presenta un puñado esencial de imágenes que una tradición eclesial más o menos común ha referido a María: la de la mujer de Gén 3,15; la de la esposa, hija y madre, metáforas relacionales que la Escritura aplica a Sion; la de la zarza incombustible de Éx 3, 1-6; la de hortus conclusus o jardín cerrado, expresión con que el esposo caracteriza a la esposa en Cánt 4,12. En la segunda, Virgen y Madre fecunda, se examinan Jn 1,12; Lc 1,34; Is 7,14 (pasajes relacionados con la virginidad fecunda); se comentan también el magníficat y la anunciación a José de Mt 1,18ss. En la tercera, María y Cristo, se avanza a dos nuevos pasajes lucanos (el nacimiento de Jesús y la primera visita al templo [Lc 2,20ss]) y a los episodios de Caná y el Gólgota. En la cuarta, Una mirada de belleza, se comentan el v. 12 del Sal 45 («Y el rey se prendará de tu belleza») y textos apócrifos sobre la belleza de María. Como Apéndice, se reproduce el Protoevangelio de Santiago o Natividad de María, por su influencia en la liturgia y el arte.

El autor ofrece un rico conjunto de elementos que ayudan a la comprensión de los textos correspondientes: aduce datos cronológicos, geográficos (en ocasiones, también topográficos) e históricos; discierne entre el sentido directo y el metafórico, alegórico o libre que se ha dado a diversos textos, mostrando el fundamento que pueda legitimar teológicamente esta otra lectura; muestra el sentido simbólico de términos relativos a objetos o fenómenos (zarza ardiente, jardín cerrado, espada, etc.) y a personajes; aporta comentarios de Padres y de autores medievales; remite a obras del arte cristiano, que con tanta profusión ha representado las escenas marianas o símbolos de María. En todo ello acredita sus dotes de claridad, vasta erudición (sin agobiar al lector) y penetración teológica de los textos.

Ravasi no entra en ciertas cuestiones propias de la investigación histórico-crítica; p. ej., no argumenta sobre la historicidad o no historicidad de la huida a Egipto o la del signo de Caná, como tampoco debate con J.-P. Meier u otros autores sobre el sentido de «los hermanos» y «las hermanas» de Jesús. Pero sí ofrece una bastante detenida exégesis de los diversos pasajes que estudia. Resultan muy iluminadoras, entre otras, las páginas dedicadas a Sion esposa, hija y madre y a la correspondiente interpretación mariana (pp. 20-31). Hace asimismo propuestas originales sobre puntos concretos de Lc 1,26-38, que el autor entiende como anuncio de un nacimiento glorioso, sin mención ni juicio sobre la base para una eventual tipificación, aunque sola fuera secundaria, como relato de vocación. Tiene su originalidad también la lectura que hace de la espada de Lc 2,35.

Pablo Largo Domínguez

Ephemerides Mariologicae LXVII/ 3 (julio-septiembre de 2017) 376-376.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*