Una visión experiencial del ejercicio del sacerdocio

(Miguel Córdoba Salmerón, en Razón y Fe). ¿Quién es el sacerdote? ¿Qué siente? ¿Cómo vive? ¿Qué imagen tenemos de él? Estas son algunas de las preguntas que nos podríamos plantear, hoy en día, ante la figura del sacerdote. Una forma de vida, que en la sociedad contemporánea que tiende a la falta de compromisos duraderos, que es definida como líquida por su rapidez en los cambios, ve trasnochada, como la de un deshollinador, algo que ya no tiene valor. ¿Qué hacen los dos autores de Los verdos del sacerdote? Ellos, que son sacerdotes en la diócesis ambrosiana, nos proponen una visión sobre el sacerdocio. No desde una perspectiva teórica o espiritual, sino desde su propia experiencia del ejercicio del sacerdocio a lo largo de sus vidas, y de las muchas conversaciones con sus compañeros y amigos que les acompañan en su misión sacerdotal. ¿Cómo conseguirán esto? ¿Cuál es el hilo conductor? La vida misma, la sencillez y la complejidad de ella. Es por ello que seleccionarán una serie de verbos que pueden dar expresión a sus experiencias más profundas en los ejercicios de su sacerdocio, experiencias cargadas del día a día, experiencias que no se viven en la soledad sino que siempre son en el compartir con el otro. De esa forma, podrán definir al sacerdote como aquel que «anuncia el Evangelio porque ama el tiempo en el que vive y lo ama con una inteligencia crítica y un corazón lleno de pasión. No huye ni del mundo ni de la Iglesia, sino que está en el mundo y en la Iglesia sin perder la agudeza de la mirada y la franqueza de la palabra y una profunda simpatía por los hombre a quienes trata, por confusos y fatigosos que puedan resultar los caminos» (p. 13). Por eso algunos de los verbos escogidos son, a modo de ejemplo: acoger, acompañar, celebrar, desburocratizar, escuchar, ralentizar, servir, visitar, conversión… Este libro, de fácil lectura, es recomendable para toda aquella persona que busca comprender mejor la figura del sacerdote, da igual que sea creyente o no, pues lo que se nos muestra, de forma sencilla, es una forma de vivir y sentir, una forma de estar y acompañar al otro, de ser intermediarios de algo que nos supera.

Miguel Córdoba Salmerón, SJ

Razón y Fe 1.428 (octubre de 2017) 297.


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