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Virtudes humanas y sacerdotales

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Dos párrocos de la diócesis de Milán, Davide Caldirola y Antonio Torresin, son autores de forma conjunta del libro Los verbos del sacerdote (Formas del estilo presbiteral). Exponen en veinte capítulos, enunciados con verbos en infinitivo, otras tantas tareas o virtudes humanas y sacerdotales, que, no por sabidas, merecen atenta reflexión para dar sentido pastoral y empuje dinámico al ser y al existir cotidiano de quien tiene encomendado el ejercicio del ministerio ordenado ante una comunidad.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.889 (24 de junio de 2017) 19.

Verbos que el sacerdote debe «pronunciar» y ejercitar con frecuencia

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Los verbos del sacerdote –sin duda muy original– ofrece lo que indica su título. Una serie de verbos que el sacerdote debe «pronunciar» con frecuencia y ejercitar su trabajo con ellos. Si el lector, algo impaciente, se acerca lo primero al índice verá ordenados alfabéticamente esos verbos que sería útil reproducir todos en esta reseña, aunque ello podría parecer demasiado prolijo.

Son 20 verbos, junto a una Introducción y un epílogo titulado: La experiencia de la conversión… El primer verbo es Acoger y el último, Visitar a los enfermos, que, sin duda, viene bien para la presente Jornada del Enfermo que celebramos el sábado… Llama la atención alguno como Cambiar (de parroquia). Y, en fin, la elección “física” de esos verbos para ordenar el contenido es sin duda una gran originalidad. Sigue leyendo

El estilo que define la acción sacerdotal

(SP). Predicar, confesar, escuchar, bendecir, orar, estudiar, acoger, administrar… Estos son algunos de los verbos que acompañan los gestos y acciones que los sacerdotes cumplen habitualmente, dando forma a su estilo presbiteral. Un estilo sobre el que se profundiza en este libro –Los verbos del sacerdote–, escrito con pasión e inteligencia pastoral por dos párrocos de Milán. Los fragmentos de la vida cotidiana se intercalan con reflexiones sobre la calidad evangélica del ministerio y sobre la formación permanente, con la precisa advertencia de que «el aura sacral y la gracia del rol social no sirven y no son ya alcanzables». Tener en cuenta las propias limitaciones y capacidades es un ejercicio necesario para un sacerdote, ya que «ninguna de las competencias a las que el sacerdote está llamado exige una imposible perfección».