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El humilde y desinteresado amor al servicio de la Iglesia de Hildegarda de Bingen

(SP). Este libro se centra en una figura en alza dentro de la Iglesia, santa Hildegarda de Bingen, monja benedictina que vivió en Alemania en el siglo XII. Fue una gran mística, teóloga, fundadora, profetisa, filósofa, hagiógrafa, cosmóloga, compositora, escritora de tratados, poetisa, botánica, médica y farmacéutica que, además, mantuvo un intenso intercambio epistolar con numerosos destinatarios de toda Europa, entre los que se encuentran pontífices, obispos, reyes y emperadores. Privilegiada con particulares experiencias místicas, Hildegarda dirigía sus consejos y sus severas amonestaciones también a los hombres de Iglesia, que admiraban su saber y la requerían para resolver dudas y problemas. El 7 de octubre de 2012 fue proclamada Doctora de la Iglesia por Benedicto XVI.

Detalles y datos poco conocidos sobre Juan Pablo I

(José Montero, en Studium). La autora de este libro no relata una historia sino que presenta una vida concreta, con todas sus circunstancias porque hace hablar al mismo protagonista en sus textos originales y comentarios. Recorre las diversas etapas físicas y espirituales del Papa Juan Pablo I como atestigua el índice. Comienza su libro por la infancia del papa Luciani, el clima profundamente cristiano que respiró en su familia, las penurias de aquella época que le tocó vivir y que modelaron para siempre su carácter amable y abierto pero decidido. A lo largo de las diversas etapas de su formación sacerdotal destacaron siempre en él la virtud de la fe y de la humildad que impregnaban toda su vida, que constituían su centro, que le hacían superar con su habitual sonrisa y buen humor las mayores dificultades que le salieron al paso en sus múltiples y delicadas funciones que desembocaron en la de obispo, cardenal y papa: Vittorio Veneto, Venecia y Roma. Sigue leyendo

Así floreció un papado

Retrato humano del ‘Papa breve’, cuyo pontificado de apenas
33 días dejó constancia de su sonrisa y su fe robusta

(Eduardo de la Hera Buedo, en Vida Nueva). Estamos ante Juan Pablo I, un libro que nos acerca a la figura de Albino Luciani (1912-1978), el “Papa breve”: apenas 33 días como sucesor de san Pedro.

Cristina Siccardi, italiana de Turín, doctora en Letras modernas, especializada en redactar biografías populares, se vuelca a lo largo de 13 capítulos en la personalidad de este hombre, nacido en el norte italiano, en Forno di Canale (hoy, Canale d’Agordo), y que tuvo un sorprendente final como papa.

Las fuentes consultadas son todas de primera mano, aunque complacientes con el personaje, ya que coinciden –entre otros– con recuerdos de familia: los de su sobrina, Pia Luciani, y los testimonios de sus hermanos Edoardo y Antonia Luciani. Como ha ocurrido siempre con los grandes personajes biografiados, es imprescindible acudir al epistolario para seguir su trayectoria. Cristina Siccardi así lo hace.

El panorama que la autora del libro despliega no puede ser más humano. Se subrayan sus orígenes humildes. Un padre trabajador, obrero en distintas empresas, muchas veces lejos de casa, y una madre piadosa, preocupada cada día por el sustento y educación de sus hijos. Un paisaje campesino de la región del Véneto. Vemos al futuro Papa empleado en las tareas del campo, le acompañamos en sus lecturas y amistades. Impregnado del verde de su tierra y del blanco intenso de las nevadas invernales. Años de inquietudes formativas en el seminario de Belluno y, más tarde, siendo ya presbítero (1935), una larga etapa de formador y profesor de diversas ciencias filosóficas y teológicas. Son estas quizá las páginas más emotivas del libro.

Se subraya su afición por la literatura, que daría paso a colaboraciones posteriores en la revista Messaggero de Padua. Son famosas sus cartas dirigidas a personajes literarios u otros históricos, como Pinocho, Manzoni, Péguy, Dickens, etc., recogidas y traducidas posteriormente en Ilustrísimos señores. Cartas del patriarca de Venecia (BAC, Madrid, 1978).

Siccardi alude en su libro a los estudios superiores del futuro Papa y a la defensa de su tesis doctoral (1947) en la Universidad Gregoriana de Roma, sobre este tema: Origen del alma humana según Antonio Rosmini (p. 83).

Vía intermedia

Siccardi hace, sobre todo, referencia a sus visitas pastorales (pp. 111-112) como obispo de la Diócesis de Vittorio Veneto (de 1958 a 1969), además de aludir a sus silenciosas o poco relevantes participaciones en las sesiones del Concilio Vaticano II (tenía 50 años cuando se inauguró el Concilio). En un tiempo en el que los periodistas alineaban un poco frívolamente a los padres conciliares en progresistas o conservadores, a monseñor Luciani “se le acusó de ser un conservador, no atento al cambio y al progreso de la sociedad de los nuevos tiempos” (p. 119). Pero no es verdad: “Luciani se colocará siempre en una vía intermedia ideal entre innovadores y tradicionalistas” (p. 137).

En diciembre de 1969, fue nombrado por Pablo VI patriarca de Venecia. Fue grande su preocupación por la formación humana y teológica de sus sacerdotes.

En la posterior elección, como sucesor de san Pedro, tuvo que confrontarse con el inflexible cardenal Giuseppe Siri, de Génova. El segundo día del cónclave, después del cuarto escrutinio, con 101 votos a favor, se elevó sobre el cielo romano la esperada fumata blanca. Solo estuvo un mes en la sede de san Pedro. Salió elegido el 26 de agosto de 1978, y le encontraron muerto en su cama 33 días después, el 29 de septiembre.

¿Infarto de miocardio? Es lo que declaró el médico pontificio. Pero no está claro. No se le hizo autopsia. “Los errores, las contradicciones, las omisiones de la versión oficial y, sobre todo, el clima de la Italia de la época, inmersa en los misterios, en los casos sin resolver (…), favorecieron que surgieran, después de algunos meses, varias versiones alternativas, algunas de ellas inspiradas en teorías de complot o de conspiración” (pp. 216-217). Es cierto que –según Joaquín Navarro-Valls, médico y portavoz de Juan Pablo II– “tenía problemas de circulación, y es probable que la noche en cuestión sufriera una embolia pulmonar, por lo que la muerte fue instantánea”. Sin dolor.

Hay un monumento funerario en la basílica vaticana a León XI, papa Médici, que, como Luciani, solo estuvo un mes en el solio pontificio. La frase latina que, entre flores, esculpida en mármol, puede leerse a sus pies es esta: “Sic florui” (Así floreció). Como las rosas que enseguida se marchitan, así floreció también el papado de Juan Pablo I, el “Papa de la sonrisa”. Un hombre fuerte y, como dice Siccardi, de fe robusta.

Eduardo de la Hera Buedo

Vida Nueva 2.996 (9 de julio de 2016) 44.

 

El Papa que pidió limosna

(José Francisco Serrano, en Alfa y Omega). En los siglos XX y XXI, la Iglesia ha tenido unos Papas muy destacados. Algunos, de largos periodos; otros, con menos tiempo en el servicio a la sede de Pedro. Unos y otros han sido un ejemplo de amor a Jesucristo y a la humanidad. Bernanos, el gran escritor francés, escribió: «Amo a esta Iglesia tal como es. Si por acaso mañana me encontrara fuera de la Iglesia no permanecería ni cinco minutos, aunque tuviese que arrastrarme de rodillas, o a gatas, pero haría todo lo posible por volver a entrar en ella». Y el dominico P. Clérissac, confesor de J. Maritain, solía decir que cuando se trata de la Iglesia hay que estar dispuesto no solo a sufrir por la Iglesia, sino también «a causa de la Iglesia».

Estas frases sintetizan la vida del que fuera Juan Pablo I, un Papa fugaz para la historia, un desconocido de gran parte de la historiografía y del gran público. Todo lo que rodea a su muerte –episodio muy delicadamente explicado en esta biografía– ha centrado en gran medida la atención sobre la vida del Papa Luciani. Sin embargo, esta biografía de la especialista en historia Cristina Siccardi nos pone de nuevo en valor a Juan Pablo I al ofrecer un retrato del perfil humano y espiritual de quien fuera un hombre humilde, que tuvo no pocas dificultades en la vida y en ministerio, y que supo sortearlas con un especial sentido de la providencia. Su inteligencia natural y su sencillez hicieron posible que su servicio a la Iglesia fuera progresando en responsabilidad. También hay que destacar su pasión por el estudio, sin afectaciones eruditas. Solía repetir aquello de san Francisco de Sales: «Hay que estudiar para acrecentar la propia estatura espiritual, hay que estudiar para hacer de uno mismo una ofrenda más escogida y grata a Dios».

Albino Luciani, que nació el17 de octubre de 1912 en el pueblo italiano de Forno di Canale, es una sorpresa. Allí donde fue párroco; en Belluno, donde había sido vicario general; en Vittorio Veneto, su primera sede episcopal; en Venecia como patriarca; y en Roma. como sucesor de Pedro, siempre fue una sorpresa. «Sobre las rodillas de mi madre aprendí…», solía repetir. Un hombre, de una familia pobre, que llegó a pedir limosna por su pueblo dado que no tenían qué comer en su casa. Quizá a Juan Pablo I se le recuerde por sus catequesis; por la dimensión social en sus años de patriarca de Venecia; por algunas de sus respuestas a la convulsa historia de Italia que le tocó vivir; o por algunas de sus afirmaciones magisteriales, como, por ejemplo, aquella que decía: «Dios es padre, más aún, es madre. No quiere nuestro mal; solo quiere hacernos bien, a todos. Y los hijos, si están enfermos, tienen más motivos para que la madre los ame». La clave de su vida fue su sentido de la confianza en Dios, y ese su testimonio y testamento. «La confianza en Dios es el eje de todos mis pensamientos y de todas mis acciones», porque, como diría A. Manzoni, «prefiero ser débil en lugar de fuerte, porque Dios, a los fuertes, los hace caminar, mientras que, a los débiles, los lleva».

José Francisco Serrano

Alfa y Omega 982 (16 de junio de 2016) 25.

Una completa biografía del papa Juan Pablo I

(SP). Más allá del brevísimo pontificado de Juan Pablo I (apenas 33 días) y de la falta de datos sobre su repentina muerte, esta obra se detiene en la compleja vida del papa Luciani, cuya mayor preocupación fue el enriquecimiento de la vida en la fe y la necesidad de difundirla y afianzarla en los corazones de los católicos. Apoyada en los recuerdos de su sobrina Pía Luciani y los testimonios de sus hermanos Edoardo y Antonia, esta biografía es un viaje a través de toda una vida: su infancia, rodeada de pobreza pero rica en la calidez del amor maternal, su sólida formación sacerdotal, su labor docente, su participación en el Concilio Vaticano II, los difíciles años como patriarca de Venecia, hasta alcanzar la cátedra petrina, una responsabilidad que afrontó con coraje, pese a la excesiva carga que debía soportar. El «papa de la sonrisa» ha dejado un hondo recuerdo por su carácter evangélico, su serenidad y su humildad. El libro se complementa con una cronología y una bibliografía.