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Un acceso racional a la verdad última del universo

(Revista Diálogo Filosófico). El punto de partida de las reflexiones de Javier Monserrat sobre El gran enigma es la convicción de que no tenemos un acceso racional dogmático, incuestionable, a la verdad última del universo, incluidos nosotros mismos. La cuestión es muy compleja y muchos desearían poder disponer de algo así como una guía de perplejos que les orientara sobre la manera más razonable de abordarla. Este ensayo pretende ser tal tipo de guía, suministrando aquellas informaciones que debemos tener en cuenta para abordar con competencia la reflexión sobre el gran enigma: Sigue leyendo

Explicación racional de la realidad del universo

(Jesús Ortiz López, en Palabra). Los primeros enterramientos del homo sapiens aventuran una imagen intuitiva del drama de la vida y del misterio de la naturaleza que acoge al hombre después de la muerte. El Gran Enigma es, según el profesor Javier Monserrat, de la Universidad de Comillas, la explicación racional de la realidad del universo y el sentido de la vida humana.

El autor insiste en el silencio de Dios ante el mal, quizá con ánimo de dialogar con la increencia moderna. Y al hablar de Jesucristo, Salvador del hombre, explica a su modo, muy racionalmente, el desarrollo de la primera teología en el Nuevo Testamento, si bien escribe que, en el fondo, creer en Dios sería una cuestión de la voluntad, pues considera que no todo es tan racional.

En suma, se trata de un ensayo profundo, no asequible a cualquier lector, sobre los grandes temas de la teodicea, que busca la causa última del orden físico y biológico, y que se apoya en la analogía, cuestión no tratada explícitamente en estas páginas.

Jesús Ortiz López

Palabra 643 (septiembre de 2016) 77.

Una información objetiva expuesta a la altura de la cultura de la modernidad crítica

(C. García, en Studium). El gran enigma está escrito desde un sesgo cristiano. Pero, por querer ser una guía, pretende la objetividad en el suministro de aquellas informaciones que debemos tener en cuenta para abordar con competencia la reflexión sobre el gran enigma: el conocimiento, su relación con la vida, lo que fue en el pasado la cultura dogmática y el tránsito moderno a la cultura de la incertidumbre, los resultados objetivos del universo en la ciencia, la reflexión filosófica sobre ellos, el enigma y la incertidumbre, el silencio-de-Dios ante el conocimiento y ante el drama de la historia, por sufrimiento del Mal de una naturaleza ciega y la perversidad humana, los argumentos del ateísmo y del teísmo, la posibilidad racional de la religiosidad y el silencio de las grandes religiones de la historia, así como, una información objetiva sobre lo que es el cristianismo y su imagen del universo, del hombre y de la historia. Todo ello expuesto a la altura de la cultura de la modernidad crítica, formada en los dos últimos tercios del siglo XX. La lógica argumental del autor atrapa al lector en el seguimiento del análisis de los hechos reales y de los problemas de la existencia. Para hacer asequible la lectura, la obra se divide en tres círculos concéntricos. Cada uno contiene una síntesis del conjunto. El primer círculo está en el Prólogo. El segundo círculo es la Introducción. El tercer círculo constituye el cuerpo del libro en tres capítulos y un Epílogo. La obra contiene también un Anexo que puede leerse selectivamente según criterio e interés del lector. El autor de este libro demuestra conocer a fondo el problema que aborda en su evolución histórica y argumentativa, ofreciendo sus puntos de vista con claridad y fuerza lógica.

C. García

Studium, vol. LVI, 2016, fasc. 1, p. 149.

¿Un mundo con Dios o un mundo autónomo?

(M. García, en La Ciudad de Dios). Desde que el hombre es hombre, ha apreciado el valor de la vida humana y ha sentido el deseo de gozarla en plenitud y preservarla sin fin. Al mismo tiempo, ha sentido su propia precariedad e incapacidad para sustraerla a la muerte. Esta doble experiencia ha hecho surgir en él la actitud religiosa universal, o esperanza basada en la intuición, o creencia, de que el mundo está presidido por un poder sobrenatural propicio al hombre.

Esta religión primitiva fue cristalizando, a partir del neolítico, en formas diversas de religión, según los contextos históricos, coincidentes en la esperanza de salvación definitiva después de la muerte –esperada de un poder divino trascendente–, plasmadas en las religiones monoteístas y las grandes religiones orientales. De este modo, la religión intuitiva (precrítica) se impuso dogmáticamente como la actitud universal de la humanidad. Sin embargo, el consenso social no pudo eliminar nunca la experiencia radical humana de la ausencia de Dios, como empezó a manifestarse a partir de la evolución de la cultura moderna, ya desde el siglo XVI. El desarrollo de la ciencia y la filosofía modernas fueron mostrando que la razón hacía posible concebir un universo sin Dios, dando pie a una actitud arreligiosa, incluso atea, basada en la posibilidad de que el mundo pudiera existir autónomamente, sin referencia a Dios. Esta convicción teórica, se vio reforzada por el silencio de Dios ante el drama de la historia, es decir, del mal debido a una naturaleza ciega –que se comporta insensible al mal que ocasiona a los hombres– y del mal debido a la perversidad del hombre. ¿Cómo podría admitirse la existencia de un Dios bueno en un mundo en que no se hace patente su presencia, y que condesciende con la existencia del mal?

Durante los últimos cuatro siglos, tanto el teísmo como el ateísmo han adoptado una actitud dogmática y beligerante entre sí, pero desde el segundo tercio del siglo XX, se ha ido imponiendo una modernidad, no dogmática sino crítica, propiciada por el desarrollo de la ciencia, que ha asumido sus límites epistemológicos; así como de una teología dialogante, especialmente la elaborada por la reflexión cristiana. Este cambio de comportamiento ha propiciado una nueva actitud de teístas y ateos, que se avienen a admitir que, tanto la ciencia como la filosofía, ofrecen elementos valiosos para formarse una idea comprensiva del mundo, pero no llegan a perfilar un modelo definitivo, fuera de toda discusión (en cuyo caso, desaparecería el enigma). Por lo cual, los ateos y los teístas aceptan como razonables tanto la hipótesis de un mundo con Dios o un mundo autónomo, sin necesidad de Dios.

Javier Monserrat procede –como él mismo dice en la nota introductoria– a explicar estas ideas básicas, disponiéndolas a modo de círculos concéntricos, en las diversas partes de El gran enigma.

En el cuerpo principal del ensayo, ofrece (capítulo 1) el modelo de comprensión del mundo propiciado por la ciencia y la filosofía actuales, de carácter monista, capaz de dar cuenta incluso de la racionalidad humana; concluye que teísmo y ateísmo son dos opciones racionalmente honestas (capítulo II), y muestra que la religión cristiana es la que presenta una explicación más coherente entre la realidad de un mundo enigmático y su propuesta liberadora del hombre (capítulo III). Incluso, en el apartado VI del anexo, adopta un tono profético, al considerar el momento actual como un momento propicio para que la Iglesia católica se ponga al frente de la reflexión sobre la concepción del mundo, llevada a cabo por la cultura universal, propiciando un cambio hermenéutico en su exposición del kerigma cristiano, en el marco de un nuevo concilio, despojando la propuesta hermenéutica del kerigma de los moldes culturales greco-romanos, y vertiéndola en la nueva comprensión a que dan lugar la ciencia y la filosofía de la modernidad crítica. «Será el más importante suceso en la historia de la Iglesia desde hace veinte siglos» (p. 412).

M. García

La Ciudad de Dios 228/3 (julio-septiembre de 2015) 887-888.

Una guía para perplejos

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). No es un libro de fácil lectura, pues exige pausada reflexión y conocimientos científicos, filosóficos y teológicos, el que el profesor jesuita Javier Montserrat lanza con el título El gran enigma (Ateos y creyentes ante la incertidumbre del más allá).

Se trata de una escatología «sui generis» donde se trata de exponer las objeciones que desde el ateísmo se hacen al dogma de la presencia de Dios en el universo y al de la vida eterna. Pretende ser, emulando a Maimónides, una guía para perplejos.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.804 (7 de noviembre de 2015) 16.

Un apasionante camino intelectual por la ciencia, la filosofía y la teología

(Manuel Béjar Gallego, en Razón y Fe). En El gran enigma, Javier Monserrat nos ofrece con gran maestría una guía para afrontar la perplejidad del ser humano ante el gran enigma metafísico del más allá. Se trata de un ensayo que describe el tránsito epistemológico a la modernidad crítica donde se hace posible pensar tanto en la existencia de un puro mundo sin Dios como en la presencia metafísica de una divinidad creadora. La tesis principal afirma que el ateísmo es posible al igual que también es posible el teísmo. Para explicarla el autor emprende un apasionante camino intelectual por la ciencia, la filosofía y la teología. No hay propuestas para salir de la incertidumbre metafísica, sino que se ofrece un mapa cuyo telón de fondo es más la decisión que se tome libre y responsablemente que resoluciones amparadas en la autosuficiencia del cosmos o en la adhesión al plan de salvación de un Dios que en apariencia queda lejano y en silencio. Pero el mapa no lo impone una metafísica. Este ensayo sólo invita a pensar en lo metafísico desde nuestra cultura de la modernidad crítica. Vivimos en un universo metafísicamente enigmático que nos desconcierta y el lector encontrará sólidos argumentos para responder libremente al gran enigma de la incertidumbre metafísica.

Manuel Béjar Gallego

Razón y Fe, t. 272, nº 1403 (septiembre de 2015), p. 189.

Un camino sutil para buscar una opción de posibilidad a la existencia de Dios

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Libro denso El gran enigma, importante científicamente muy serio, con gran respeto hacia quienes no piensan como el autor –por ejemplo, loa ateos– y que, obviamente, ha de ser del aprecio todo gran experto en filosofía, en teología. Su autor, Javier Monserrat es jesuita y profesor universitario en Madrid. Según dice su biografía –presente en la segunda solapa de la portada– es partidario de que el cristianismo asuma en profundidad su kerigma esencial desde la ciencia y la cultura moderna. Y enseguida –ya en su libro– define todo lo que desea narrar en un amplio apartado que va desde una breve nota introductoria, que ni figura en el índice hasta un prólogo. Luego tiene una introducción al “Gran Enigma” de unas ochenta páginas para pasar a un capítulo introductorio de unas 30 páginas. Se aborda después el capítulo.

Y no pudo negar que se me ocurrió, durante la lectura de tan gigante “entradilla” que el autor necesitaba convencer a ateos y creyentes, desde el principio. E, incluso, ordenaba su inicio con tantos “meandros” que, sin mala intención por mi parte, pensé que el autor, que Javier Monserrat, necesitaba también convencerse a sí mismo. Pero en fin… Es solo una apreciación personal. La realidad es que “abajado” el ateísmo de su condición dogmática total y dando ya en estos tiempos la posibilidad que la negativa a la existencia de Dios no sea absoluta, parece como el padre Monserrat se adentra por un camino sutil para buscar una opción de posibilidad a la existencia de Dios. De todas formas a un tema muy repetido que parece justificar una lejanía… la del “silencio de Dios”. Analiza, asimismo, en el capítulo II la posición de varias religiones en este problema de la creencia en Dios, para acometer en el capítulo III una muy buena descripción del cristianismo, lineal y sencilla.

Se me aceptará que no haya sido fácil la reseña de este libro que ya me he acompañado muchos meses, que he tenido alguna dificultad, con su comprensión –que no con su lectura– pero que parece una obra honesta y monumental.

 Ángel Gómez Escorial

Betania 897 (27 de septiembre de 2015)

Un ensayo que ayuda a situarse ante el enigma del más allá

(SP). El gran enigma es el enigma de la Verdad del universo. El hecho de que exista el universo, y nosotros en su interior, es verdaderamente sorprendente. El gran enigma es si la Verdad última del universo es Dios o es un puro mundo sin Dios. Una abrumadora perplejidad impide dar respuesta cierta a la inquietud ante el más allá. ¿Sería posible reducir la perplejidad para no decidir a ciegas sino en conciencia de los datos objetivos de nuestra existencia en el universo?

Este ensayo podría ser una Guía de Perplejos, en expresión de Maimónides, no para eliminar la inevitable incertidumbre, sino para decidir con buena información y competencia ante el enigma del más allá. Personas capaces de seguir un texto argumentativo –académicos, abogados, médicos, ingenieros, profesionales, o personas cultas con hábito de lectura– hallarán en este libro una Guía para reflexionar y decidir sobre El Gran Enigma que nos inquieta y nos contiene.