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¿Te animas a caminar de la cruz a la luz?

(SP). Un artista y una periodista te invitan a transitar, por medio de sugerentes imágenes y textos, por los nuevos calvarios del siglo XXI, y a compartir, con ellos, el dolor de los crucificados de hoy. También te invitan, en cada paso, a transitar por los pequeños detalles que se abren a la esperanza y que florecen a cada lado del camino, recordándonos que el amor es la salvación del mundo. Crucificados de hoy es una original propuesta que combina las fotografías, metafóricas e impactantes, de Siro López, con las meditaciones, apoyadas tanto en la desgarradora actualidad que relatan los medios de comunicación, como en el texto bíblico que narra el camino de Jesús de la condena a muerte hasta la resurrección.

La experiencia cristiana vista como un camino

(SP). El arzobispo Bruno Forte desgrana en esta obra (El viaje de Jesús y el nuestro) tres meditaciones centradas en pasajes del evangelio de Lucas –el relato de la visita de María a Isabel después de la Anunciación, el viaje de Jesús camino de Jerusalén y el encuentro con los dos discípulos de Emaús– que permiten entender la experiencia cristiana como un «viaje», un «camino». La narración de Lucas nos hace comprender qué significa el camino del Señor junto a nosotros y cómo Jesús, como compañero de viaje, difunde su mensaje sobre la resurrección hasta los confines de la tierra para que recibamos la Salvación en nuestros corazones y en nuestras vidas.

«La sabiduría de la rutina»

(Studium). Vivir y contemplar la vida pública de Jesús es parte de una trilogía sobre la vida de Jesús, contemplada desde la liturgia. El primer tomo está dedicado al Adviento y la Navidad, el segundo a la Cuaresma y la Pascua. Este tercer tomo está dedicado al tiempo litúrgico que conocemos como el tiempo ordinario, el más largo de todos, ya que abarca desde la solemnidad de la Santísima Trinidad hasta la fiesta de Cristo Rey. Las grandes fiestas de Pascua y de Navidad, con su tiempo de preparación y de prolongación, tienen un límite. Pero, ¿qué sucede después del día de Navidad, de Pascua o de Pentecostés? ¿Se acabaron las fiestas para siempre? ¿Ya no hay nada que celebrar? ¿Qué hacemos con la mayor parte del año? Sigue leyendo

SAN PABLO les desea un feliz año 2017

Gracias, Señor

(SP). En el último minuto, en el último instante de este año, colocamos en nuestros labios una palabra: Gracias.

Ha terminado este año y quiero darte gracias por todo aquello que recibí de ti, Señor.

Gracias por la vida y el amor, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice este año, el trabajo que puede realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los que están mas lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que puede ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor, la alegría.

Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón: perdón por el tiempo perdido, por el dinero malgastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de compresión y de paz.

(Antonio Gil Moreno, Vivir y contemplar el Adviento y la Navidad, 106-107).

Para ejercitar la fe y el conocimiento de Cristo y de su Iglesia

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Como bien dice su autor en el “Pórtico” (prólogo), Vivir y contemplar la vida pública de Jesús completa la trilogía de un ejercicio muy interesante de la contemplación de Jesús de Nazaret. Los dos anteriores volúmenes fueron Vivir y contemplar el Adviento y la Navidad y Vivir y contemplar la Cuaresma y la Pascua.

Es un recorrido por el Tiempo Ordinario. Es decir el relato de la vida pública de Jesús. Y tiene su especial interés porque aunque es cierto que Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua son tiempo de contenido fundamental y gran fuerza, el recorrido del Maestro por tierras de Palestina, los hechos que le acontecen y sobre todo la catequesis que despliega con su propio pueblo en el llamado Tiempo Ordinario nos comunica mucho, pero que mucho.

Pero los capítulos del libro nos dan un recorrido ni lineal pero muy interesante. Antonio Gil Moreno analiza en un primer bloque las fiestas y Solemnidades del Tiempo Ordinario desde la Santísima Trinidad hasta Jesucristo Rey del Universo y en medio –por ejemplo– la Trasfiguración del Señor o el Sagrado Corazón. El segundo bloque es “Vida pública de Jesús: pinceladas de mi agenda”. El tercero tiene un título muy poético: “Meditaciones de jazmines” y son unos breves pensamientos, consejos, reflexiones urgentes que nos servirán para mantener un continuo recorrido oracional. El cuarto contiene varios decálogos para reafirmar nuestro cristianismo y quinto un conjunto de diez palabras esenciales para un cristiano. Cuenta igualmente con un epílogo.

Ni que decir tiene que el lector va a encontrar un libro útil y atractivo para ejercitar su fe y su conocimiento de Cristo y de su Iglesia. La edición es muy bella con las páginas tintadas de azul.

Antonio Gil Moreno es sacerdote y periodista, radicado en la diócesis de Córdoba y con una gran obra periodística y literaria a sus espaldas. Fue párroco de San Lorenzo durante 23 años y es canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.

Ángel Gómez Escorial

Betania 944 (agosto de 2016)

Motivos para continuar caminando acompañando a Señor

(Teófilo Viñas, en La Ciudad de Dios). Sor María de la Eucaristía, éste es el nombre en la Orden Agustiniana de la autora de esta pequeña e inspirada obra. En Pasos de misericordia se nos invita a recorrer el Camino del Calvario, una vez que comenzamos a sentir aliviado el peso de la Cruz por las gozosas renuncias que suponen las catorce Obras de Misericordia. Alguien podría pensar que esto suena a masoquismo o a paradojas inaceptables; pero no, no lo son en absoluto, como tampoco lo son las bienaventuranzas proclamadas por Jesús –bienaventurados los pobres, los perseguidos, etc.– y es que el amor lo transfigura todo.

¡Qué bien ha entendido esto Mons. José Vilaplana, el obispo de Huelva, cuando en su presentación califica el primero de los escritos como un «bordado en el que (la autora) ha ido trenzando los pasos del Vía Crucis con las Obras de Misericordia y los testimonios de los Santos»! Efectivamente, también éstos, muy especialmente san Agustín, invitados por sor María, nos dicen con sus palabras y sus ejemplos que «el amor siempre lo transfigura todo».

Bien sabemos que estas reflexiones fueron naciendo al calor de la oración y que ahora se publican con el propósito de que en este Año de la Misericordia sirvan para alentar a los que acaso puedan sentir el desánimo en la cuesta empinada de la vida. Las catorce «estaciones dolorosas», vividas con infinito amor por Jesús, han de tener otras «catorce respuestas» por parte de quienes quieran hacer suyos estos Pasos de misericordia. Cada una de las estaciones del Via Crucis sugiere a quien sube a la Santa Montaña mil motivos para continuar caminando acompañando a Señor.

T. Viñas

La Ciudad de Dios 229/2 (abril-junio de 2016) 546-547.

Meditaciones para acercarse a Jesús a partir del Evangelio

(SP). Vivir y contemplar la vida pública de Jesús se aproxima a Cristo desde una doble vertiente: en una primera parte, ofrece la meditación de los evangelios dominicales y festivos del Tiempo Ordinario (desde la solemnidad de la Santísima Trinidad hasta la fiesta de Cristo Rey), que permiten profundizar en el ministerio del Señor, en su predicación y en sus milagros. En la segunda parte, Antonio Gil Moreno propone una serie de textos (reflexiones, frases, anécdotas, poemas…) que invitan al lector a la meditación y a la oración. El libro ofrece, además, decálogos y fórmulas que ayudarán a vivir los ideales y valores del cristianismo, y una meditación sobre las diez palabras esenciales para el cristiano: Biblia, Dios, Eucaristía, Evangelios, evangelizar, Iglesia, Jesucristo, María, misterio y resurrección.

Recuperar el sentido de pertenencia y el amor a la Iglesia

(Estudios Trinitarios). El conocido teólogo y escritor José Antonio Sayés nos ofrece en Creo en la Iglesia, libro de carácter popular, una exposición completa de la naturaleza de la Iglesia como verdad de fe y parte sustancial del credo y de la conducta del cristiano, ya que fue Jesús quien la fundó y constituyó en sus coordenadas básicas. Como nos tiene acostumbrados por sus numerosas publicaciones, los planteamientos –que se desgranan en 10 breves capítulos– son sólidos y claros. Se fija en primer lugar en los cimientos neotestamentarios de la Iglesia: su arranque con la institución de los Doce y de la Eucaristía, el ministerio de Pedro, la efu sión del Espíritu Santo en Pentecostés. «El origen último de la Iglesia es la Trinidad: el designio salvífica del Padre, que se realiza en Cristo, el cual dio comienzo a la Iglesia con su predicación y, sobre todo, con su muerte y resurrección». A continuación repasa los datos de la Tradición. Luego, en los cinco últimos capítulos, formula una presentación sistemática de la Iglesia comenzando por definir su identidad, según las cuatro notas clásicas (Iglesia una, santa, católica, apostólica) y las tres dimensiones globales (Iglesia como comunión, cuerpo de Cristo y pueblo de Dios). Sigue el análisis de la estructura jerárquica de la Iglesia con particular referencia a las enseñanzas del concilio Vaticano II, completando esa parte con la diferenciación entre laicos y religiosos. Como colofón lógico, el capítulo final versa sobre «la Iglesia, sacramento universal de salvación».

Estamos ante un libro muy conveniente y recomendable para el común de los cristianos, muchos de los cuales han perdido el sentido de pertenencia a la Tglesia por considerarla innecesaria y hasta superflua, aun declarándose creyentes. Es lo que se suele oír de boca de muchos: «Yo creo en Dios, pero no en la Iglesia». Estas páginas, de lectura fácil y convincente, serán de gran ayuda para superar esa confusión y recuperar el sentido de pertenencia y el amor a la madre Iglesia.

J. P.

Estudios Trinitarios, vol. 50, año 2016, nº 1, págs. 235-236.

¡Feliz Pascua florida!

¡Feliz Pascua de Resurrección para todos nosotros! La Semana Santa termina bien. No termina en la cruz, ni en la muerte, ni con la soledad del sábado. Termina con la procesión del Resucitado, recorriendo nuestras calles. Tres mensajes quiero dejar en este domingo para nuestra vida cristiana:

La intuición femenina. Los primeros testigos de la Resurrección fueron las mujeres. Fue, sin duda, su cariño el que les indujo a embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero cuando se dirigían aquel primer día del Señor al sepulcro, intuían que no podía ser que el que había entregado radicalmente su vida para librarnos de nuestras muertes, quedase encerrado en el sepulcro. Quizás porque nadie como la mujer tiene la vivencia de que hay dolores desgarradores que acaban dando a luz vida.

Hoy, Cristo resucitado nos llama por nuestro propio nombre y nos dice una palabra de aliento y de esperanza. «Rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo».

Resucitemos las zonas muertas de nuestra vida: «Contigo resucitan la dicha y la esperanza, / y un arco iris triunfal, definitivo. / Contigo se levanta el hombre solidario, / anuncio y anticipo de futuro».

Tomado de Antonio Gil Moreno, Vivir y contemplar la Cuaresma y la Pascua, San Pablo 2016).

Consolar al triste

«Consolad a mi pueblo», nos dice también hoy a ti y a mí el Señor. ¡Qué buen oficio nos ha encomendado! ¿Quién puede dar consuelo a otro ser humano sino aquel que lo siente en su propio corazón como fruto de un amor permanente? ¡Qué cerca está el consuelo de la misericordia! La caricia, del perdón; la caricia, del amor; la caricia, de la comprensión; la caricia, de la cercanía; la caricia, del ánimo; la caricia, de la alegría…

El triste es aquel que sufre en su cuerpo o en su alma y se experimenta sin aliento para seguir adelante. Una nube de polvo gris envuelve los ojos de su corazón, y de su mente y la fuente de sus lágrimas se abre dejando salir de él el sentimiento del abandono o de la soledad, de la incomprensión o de la enfermedad… ¡Hay tantas cosas que nos hacen sufrir!

Jesús también sufrió, se sintió triste hasta la muerte. Su alma se le llenó de tristeza muchas veces y lloró como nosotros. No quiso ahorrarse este sufrimiento tan común en el camino humano… Entonces, junto a la rebeldía que me aflora cuando toco este tema, me llena de gozo el saber que también en su vida se encontró con el consuelo; ese consuelo se llamó María, su Madre; se llamó amistad, sus amigos; se llamó alegría, los niños; se llamó gratitud, el pecador convertido; se llamó…

¡Oh, buen Jesús, quédate con los pequeños milagros de amor que hicimos contigo y ayúdanos a seguir haciéndolo con nuestros hermanos tristes o desesperados! Enséñanos a tener tu tacto exquisito y, al mismo tiempo, sencillo, para ofrecerles el consuelo que tú mismo les hubieras ofrecido.

«Que sea siempre humano, Señor. Que comprenda a los hombres y sus problemas. Hombre soy, como ellos. Hombres son, como yo» (San Agustín, Sermón 120, 3).

Tomado de Mª del Carmen Figueroa Serra, Pasos de misericordia, San Pablo 2016).