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Motivos para continuar caminando acompañando a Señor

(Teófilo Viñas, en La Ciudad de Dios). Sor María de la Eucaristía, éste es el nombre en la Orden Agustiniana de la autora de esta pequeña e inspirada obra. En Pasos de misericordia se nos invita a recorrer el Camino del Calvario, una vez que comenzamos a sentir aliviado el peso de la Cruz por las gozosas renuncias que suponen las catorce Obras de Misericordia. Alguien podría pensar que esto suena a masoquismo o a paradojas inaceptables; pero no, no lo son en absoluto, como tampoco lo son las bienaventuranzas proclamadas por Jesús –bienaventurados los pobres, los perseguidos, etc.– y es que el amor lo transfigura todo.

¡Qué bien ha entendido esto Mons. José Vilaplana, el obispo de Huelva, cuando en su presentación califica el primero de los escritos como un «bordado en el que (la autora) ha ido trenzando los pasos del Vía Crucis con las Obras de Misericordia y los testimonios de los Santos»! Efectivamente, también éstos, muy especialmente san Agustín, invitados por sor María, nos dicen con sus palabras y sus ejemplos que «el amor siempre lo transfigura todo».

Bien sabemos que estas reflexiones fueron naciendo al calor de la oración y que ahora se publican con el propósito de que en este Año de la Misericordia sirvan para alentar a los que acaso puedan sentir el desánimo en la cuesta empinada de la vida. Las catorce «estaciones dolorosas», vividas con infinito amor por Jesús, han de tener otras «catorce respuestas» por parte de quienes quieran hacer suyos estos Pasos de misericordia. Cada una de las estaciones del Via Crucis sugiere a quien sube a la Santa Montaña mil motivos para continuar caminando acompañando a Señor.

T. Viñas

La Ciudad de Dios 229/2 (abril-junio de 2016) 546-547.

Meditaciones para acercarse a Jesús a partir del Evangelio

(SP). Vivir y contemplar la vida pública de Jesús se aproxima a Cristo desde una doble vertiente: en una primera parte, ofrece la meditación de los evangelios dominicales y festivos del Tiempo Ordinario (desde la solemnidad de la Santísima Trinidad hasta la fiesta de Cristo Rey), que permiten profundizar en el ministerio del Señor, en su predicación y en sus milagros. En la segunda parte, Antonio Gil Moreno propone una serie de textos (reflexiones, frases, anécdotas, poemas…) que invitan al lector a la meditación y a la oración. El libro ofrece, además, decálogos y fórmulas que ayudarán a vivir los ideales y valores del cristianismo, y una meditación sobre las diez palabras esenciales para el cristiano: Biblia, Dios, Eucaristía, Evangelios, evangelizar, Iglesia, Jesucristo, María, misterio y resurrección.

Recuperar el sentido de pertenencia y el amor a la Iglesia

(Estudios Trinitarios). El conocido teólogo y escritor José Antonio Sayés nos ofrece en Creo en la Iglesia, libro de carácter popular, una exposición completa de la naturaleza de la Iglesia como verdad de fe y parte sustancial del credo y de la conducta del cristiano, ya que fue Jesús quien la fundó y constituyó en sus coordenadas básicas. Como nos tiene acostumbrados por sus numerosas publicaciones, los planteamientos –que se desgranan en 10 breves capítulos– son sólidos y claros. Se fija en primer lugar en los cimientos neotestamentarios de la Iglesia: su arranque con la institución de los Doce y de la Eucaristía, el ministerio de Pedro, la efu sión del Espíritu Santo en Pentecostés. «El origen último de la Iglesia es la Trinidad: el designio salvífica del Padre, que se realiza en Cristo, el cual dio comienzo a la Iglesia con su predicación y, sobre todo, con su muerte y resurrección». A continuación repasa los datos de la Tradición. Luego, en los cinco últimos capítulos, formula una presentación sistemática de la Iglesia comenzando por definir su identidad, según las cuatro notas clásicas (Iglesia una, santa, católica, apostólica) y las tres dimensiones globales (Iglesia como comunión, cuerpo de Cristo y pueblo de Dios). Sigue el análisis de la estructura jerárquica de la Iglesia con particular referencia a las enseñanzas del concilio Vaticano II, completando esa parte con la diferenciación entre laicos y religiosos. Como colofón lógico, el capítulo final versa sobre «la Iglesia, sacramento universal de salvación».

Estamos ante un libro muy conveniente y recomendable para el común de los cristianos, muchos de los cuales han perdido el sentido de pertenencia a la Tglesia por considerarla innecesaria y hasta superflua, aun declarándose creyentes. Es lo que se suele oír de boca de muchos: «Yo creo en Dios, pero no en la Iglesia». Estas páginas, de lectura fácil y convincente, serán de gran ayuda para superar esa confusión y recuperar el sentido de pertenencia y el amor a la madre Iglesia.

J. P.

Estudios Trinitarios, vol. 50, año 2016, nº 1, págs. 235-236.

¡Feliz Pascua florida!

¡Feliz Pascua de Resurrección para todos nosotros! La Semana Santa termina bien. No termina en la cruz, ni en la muerte, ni con la soledad del sábado. Termina con la procesión del Resucitado, recorriendo nuestras calles. Tres mensajes quiero dejar en este domingo para nuestra vida cristiana:

La intuición femenina. Los primeros testigos de la Resurrección fueron las mujeres. Fue, sin duda, su cariño el que les indujo a embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero cuando se dirigían aquel primer día del Señor al sepulcro, intuían que no podía ser que el que había entregado radicalmente su vida para librarnos de nuestras muertes, quedase encerrado en el sepulcro. Quizás porque nadie como la mujer tiene la vivencia de que hay dolores desgarradores que acaban dando a luz vida.

Hoy, Cristo resucitado nos llama por nuestro propio nombre y nos dice una palabra de aliento y de esperanza. «Rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo».

Resucitemos las zonas muertas de nuestra vida: «Contigo resucitan la dicha y la esperanza, / y un arco iris triunfal, definitivo. / Contigo se levanta el hombre solidario, / anuncio y anticipo de futuro».

Tomado de Antonio Gil Moreno, Vivir y contemplar la Cuaresma y la Pascua, San Pablo 2016).

Consolar al triste

«Consolad a mi pueblo», nos dice también hoy a ti y a mí el Señor. ¡Qué buen oficio nos ha encomendado! ¿Quién puede dar consuelo a otro ser humano sino aquel que lo siente en su propio corazón como fruto de un amor permanente? ¡Qué cerca está el consuelo de la misericordia! La caricia, del perdón; la caricia, del amor; la caricia, de la comprensión; la caricia, de la cercanía; la caricia, del ánimo; la caricia, de la alegría…

El triste es aquel que sufre en su cuerpo o en su alma y se experimenta sin aliento para seguir adelante. Una nube de polvo gris envuelve los ojos de su corazón, y de su mente y la fuente de sus lágrimas se abre dejando salir de él el sentimiento del abandono o de la soledad, de la incomprensión o de la enfermedad… ¡Hay tantas cosas que nos hacen sufrir!

Jesús también sufrió, se sintió triste hasta la muerte. Su alma se le llenó de tristeza muchas veces y lloró como nosotros. No quiso ahorrarse este sufrimiento tan común en el camino humano… Entonces, junto a la rebeldía que me aflora cuando toco este tema, me llena de gozo el saber que también en su vida se encontró con el consuelo; ese consuelo se llamó María, su Madre; se llamó amistad, sus amigos; se llamó alegría, los niños; se llamó gratitud, el pecador convertido; se llamó…

¡Oh, buen Jesús, quédate con los pequeños milagros de amor que hicimos contigo y ayúdanos a seguir haciéndolo con nuestros hermanos tristes o desesperados! Enséñanos a tener tu tacto exquisito y, al mismo tiempo, sencillo, para ofrecerles el consuelo que tú mismo les hubieras ofrecido.

«Que sea siempre humano, Señor. Que comprenda a los hombres y sus problemas. Hombre soy, como ellos. Hombres son, como yo» (San Agustín, Sermón 120, 3).

Tomado de Mª del Carmen Figueroa Serra, Pasos de misericordia, San Pablo 2016).

No te quitan la vida, tú la das

El Señor nos ha hecho pasar a pie el Mar Rojo e iba delante en la columna de fuego y nube, en todo nos ha precedido y también en la muerte. Los hombres, crucificados y crucificantes, impedidos e impidiendo, quebrando y quebrados, viven para la muerte sin muerte. Cuando llegaron a ti ya estabas muerto, y por eso la muerte ya está muerta. El único verdaderamente muerto y el único verdaderamente vivo, por eso brotan de tu interior ríos de agua viva. No te quitan la vida, tú la das. Al igual que hoy, el último día de la fiesta, el más solemne, te pusiste de pie y gritaste: «El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: «De su seno brotarán manantiales de agua viva».

«Mas ellos multiplican sus dolores, mas se revelan los tesoros ocultos en él. Las riquezas celestes abundan en cada uno de sus miembros y, cuando los destructores se aproximen, sus dones correrán en abundancia para enriquecer a sus amigos y acusar a sus asesinos. Acudiendo hacia todos tus miembros, he recibido todos los dones posibles y, gracias a tu costado traspasado por la lanza, entré en el Paraíso protegido por la lanza» (san Efrén el Sirio, Diatessaron, XXI,10).

Padre Santo y Pastor providente, que por medio del profeta anunciaste que el cordero y el león pacerán juntos; que en medio de las pruebas de nuestra vida sigamos desarrollando y ofreciendo tus dones, a ejemplo de tu Hijo, el León de Judá, manifestado como Cordero inmolado en la cruz, por quien en verdes praderas nos haces descansar. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Tomado de Ricardo Ramos Blassi, Vía Crucis, San Pablo 2016).

Libros para Semana Santa y Pascua

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Textos muy adecuados para celebrar la gran devoción del Vía Crucis en esta Año de la Misericordia con una cuidada selección de textos y muy buena estructura del formulario. Pasos de misericordia ofrece una carta del obispo de Huelva, España, Monseñor Vilaplana Blasco sobre la autora y la obra que, sin duda, una buena aportación. Y es que al final de cada estación aparece una meditación de un santo comenzado por san Juan Bosco y terminando por santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, pasando por san Francisco de Asís, san Juan de Dios, el padre Damián, sor Ángela de la Cruz en número de 14 como son las estaciones del Vía Crucis. Dichas estaciones están inspiradas en las siete obras de misericordia espirituales. Bueno, y al ser 14 las estaciones y siete las obras de misericordia, al llegar a la estación ocho, se vuelven a repetir las obras. Es, desde luego, bastante útil y original.

María del Carmen Figueroa Sierra es monja agustina del monasterio de Santa María de Gracia, de Huelva, España licenciada en Filosofía de Gracia, de Huelva, España licenciada en Filosofía y Letras y Diplomada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.

Este Vía Crucis es un libro muy interesante y, por supuesto, bien maquetado e impreso. Como dice el subtítulo de la obra contiene imágenes y palabras para explicar este modo del camino de la cruz, del Vía Crucis. Textos e ilustraciones son obra del autor, de Ricardo Ramos Blassi, que es un sacerdote perteneciente a la archidiócesis Montevideo, en Uruguay. Decir, asimismo, que las ilustraciones que vemos en el libro son reproducciones de murales que aparecen en la Catedral de Salto, también en Uruguay.

En fin, cada una de las ilustraciones se «enfrenta» al texto preparatorio de cada una de las estaciones del Vía Crucis, y es una coincidencia y concordancia. Explicados muy bien argumentos y simbolismos, tiene este volumen mucho de libro de arte. Y si bien contiene todo lo necesario para llevar a cabo el rezo del Vía Crucis, admite perfectamente el uso individual como libro de lectura. O catapultar un recorrido del Vía Crucis necesariamente complementado por las ilustraciones. He de pensar que sería interesante ver el desarrollo del Vía Crucis en la citada Catedral de San Juan Bautista de la ciudad de Salto. El padre Ramos Blassi es profesor de Arte Sacro en la Facultad de Teología.

Antonio Gil Moreno es sacerdote y periodista, licenciado en Teología y Canónigo de la Santa Catedral de Córdoba. Ha realizado conjuntamente una carrera periodística y pastoral muy notable. Y aquí en El Libro de la Semana hemos reseñado algunos de sus libros.

El presente libro –Vivir y contemplar la Cuaresma y la Pascua– tiene dos partes: Cuaresma-Semana Santa y Pascua. Al menos nosotros llegamos a tiempo de dar noticia de él en Semana Santa y Pascua y unos días de cuaresma ya que salimos el martes anterior al Domingo de Ramos. Valga la precisión por «justificar» el título.

Está compuesto por comentarios sobre esos días santos. Son comentarios tendentes a la intimidad en alguno caso, herramienta de exégesis en algún otro. Y, en general, es un conjunto de textos variados, muy interesantes y de fácil lectura. Puede ser muy de utilidad como descanso sosegado en los viajes que muchos iniciaran en estos días.

Ángel Gómez Escorial

Betania 921 (Semana Santa 2016)

Una meditación del Vía Crucis desde la palabra y el arte pictórico

(SP). Este libro ofrece una meditación de las catorce estaciones del Vía Crucis que puede hacerse bien de manera comunitaria, siguiendo los textos bíblicos y las meditaciones tomadas de los Padres de la Iglesia, bien de manera individual, mediante la contemplación de las imágenes y la lectura de los textos que las acompañan, que recogen la explicación de la estética simbólica del arte cristiano plasmada por el autor, Ricardo Ramos Blassi.

Las ilustraciones que recoge el libro reproducen los frescos de las naves laterales de la Catedral Basílica San Juan Bautista de la diócesis de Salto (Uruguay).

Una invitación a tener presente en la vida la resurrección de Jesús

(SP). Antonio Gil Moreno ofrece en este libro (Vivir y contemplar la Cuaresma y la Pascua) una ayuda a vivir con sentido los tiempos de Cuaresma y Pascua, desde el miércoles de Ceniza hasta la solemnidad de Pentecostés. En estas páginas se ofrecen distintas propuestas para la interiorización de los misterios de la redención: comentarios a la Palabra de Dios de los domingos y festividades de ambos tiempos litúrgicos, puntos de meditación para diez charlas cuaresmales, un resumen del significado de la Cuaresma en cincuenta palabras fundamentales, introducciones a cada uno de los días emblemáticos de la Semana Santa, una meditación de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz, un pregón pascual, palabras sobre la Pascua y la resurrección de fi guras de la Iglesia, verdaderos «profetas de la resurrección y la vida» (Teilhard de Chardin, Juan XXIII, Juan Pablo II, Pablo VI, el Papa Francisco, el cardenal Nguyen Van Thuan, Carlo Maria Martini…), y un decálogo de la alegría de la Pascua.

El camino de la cruz meditado a la luz de la misericordia

(SP). Convencida de que el camino de la cruz que Cristo trazó para todos los hombres es el camino de la misericordia, Mª del Carmen Figueroa Serra ha querido en este libro –Pasos de misericordia– poner en paralelo las catorce estaciones del Vía Crucis con las catorce obras de misericordia, «encargos de vida» para ser imitadores de Jesús. A cada estación le siguen una meditación que se apoya en el texto bíblico y una breve semblanza de un santo, testigo de la misericordia, acompañada de una frase para la meditación. Los santos son Juan Bosco, Mª Micaela del Santísimo Sacramento, Felipe Neri, Rita, Ángela de la Cruz, Teresita del Niño Jesús, Pío de Pietrelcina, Damián de Veuster, Martín de Porres, Teresa de Calcuta, Juan de Dios, Francisco de Asís, Maximiliano Kolbe y Teresa de Jesús Jornet e Ibars. Con prólogo de mons. José Vilaplana, obispo de Huelva.