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Hay que hablar de Dios con términos que utilizamos todos los días

(Isabel Gómez-Acebo, en Revista 21). La religión tiene que ofrecer un sentido a la vida y una razón de ser a las preguntas que se plantean las personas en cada momento histórico. Lo que sirvió a nuestros padres puede no ser válido para nosotros y lo que creímos en nuestra niñez puede haberse desmoronado en la edad adulta. Este libro publicado por San Pablo, Mamá, ¿Dios es verde?, usa como pretexto el diálogo con un hijo de siete años de la autora, Mª Ángeles López Romero, para ofrecernos el perfil espiritual de su madre, su andadura como cristiana comprometida en busca de la verdad.

Empieza adaptando el lenguaje de su fe a palabras que pueda entender su pequeño, con lo que nos enfrenta a una de las primeras premisas de la transmisión del evangelio. Hay que hablar de Dios, de la Iglesia, de la religión, de la duda… que son algunos capítulos de esta obra, con términos que utilizamos todos los días, para que no parezca que los sacamos de un armario empolvado. Los grandes héroes del futbol, de la música o del cine, que hacen vibrar a los niños, le sirven a la autora como comparación y pretexto para hacernos reflexionar sobre cosas más serias.

Porque, no nos engañemos: esta obra no es para niños sino para catequistas a los que ofrece pistas para sus clases formativas. Y lo hace de una forma desenfadada, cercana, humorista, sin pretensiones, con la intención de que la religión no sea un rollo, como la definen con demasiada frecuencia sus alumnos.

Todos ganamos con la lectura del libro. Los profesores por su método cercano y exitoso, los niños porque aprenderán a pensar el evangelio sin aburrirse, los cristianos porque nos obliga a enfrentarnos a una religión de nuestro tiempo pero sobre todo Dios, al que despoja la autora de muchos disfraces que desfiguraban su imagen para vestirle de nuevo del Padre/Madre amor del evangelio. Les aseguro que vale la pena adentrarse en las páginas frescas y actuales de esta obra.

Isabel Gómez-Acebo

Revista 21, nº 968 (agosto-septiembre de 2013) 52.

Presentación en Murcia del libro «Mamá, ¿Dios es verde?»

(SP). El pasado jueves 11 de julio se presentó en la librería San Pablo de Murcia el libro Mamá, ¿Dios es verde?, de la periodista y escritora Mª Ángeles López Romero. En el acto intervinieron, junto a la autora, Bernando Pérez Andreo, profesor de Teología en el Instituto Teológico de Murcia, Fernando Bernabé López «Nano», humorista gráfico e ilustrador del libro, y Ricardo Granado, subdirector editorial de San Pablo.

Este es el vídeo con la noticia de la presentación emitido por Popular TV de Murcia.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=WwWp_xy0qoo[/youtube]

(Si no puede verlo, pinche aquí).

El libro también está disponible en formato e-book.

Mª Ángeles López: «Hay que hablar de Dios con un lenguaje cercano y accesible a la gente de hoy»

MAMÁ, ¿DIOS ES VERDE? SE PRESENTA
MAÑANA, 11 DE JULIO, EN MURCIA

(SP). Mamá, ¿Dios es verde? es el título del último libro de la periodista Mª Ángeles López, en el conversa con su hijo de siete años sobre Dios y la fe. Con motivo de la publicación de este libro, el pasado 30 de junio la autora fue entrevistada por la periodista Susana Herrera en el programa Testigos Hoy, de Canal Sur. Durante la entrevista Mª Ángeles López explicó, entre otras cosas, la intención con la que escribió este libro, que surgió de una pregunta real y que pretende dar respuestas a todos los que preguntan sobre Dios: «En todo lo que tiene que ver con religión, con fe, con Dios –afirmó– hemos ido acumulando a lo largo de los siglos un montón de capas, de lenguajes, de tradición, que se ha convertido a veces en una carga muy pesada y teníamos que deshacernos de esta carga para liberar la nuez de nuestra creencia, el mensaje de Jesús de Nazaret y hacerlo con un lenguaje cercano y accesible a la gente de hoy, a los ciudadanos del siglo XXI, que son nuestrso hijos».

Mamá, ¿Dios es verde?, del que también existe versión en e-book, se presenta mañana, 11 de julio, en la librería San Pablo de Murcia, en un acto en el que intervendrán, junto a la autora, Bernardo Pérez Andreo, profesor de Teología en el Instituto Teológico de Murcia, Fernando Bernabé López «Nano», humorista gráfico e ilustrador del libro, y Ricardo Granado, subdirector editorial de San Pablo. Será mañana, jueves 11 de julio, a las 20 horas, en la librería San Pablo de Murcia (Apóstoles, 6).

Para ver la entrevista completa, haga clic aquí.

Los doce libros de San Pablo más solicitados por los lectores

(SP). Tres papas, un cardenal, dos sacerdotes (uno de ellos exorcista), una religiosa, una periodista, un matrimonio de escritores, un conferenciante con síndrome de Down… Son los autores de los títulos editados por San Pablo que más aceptación están teniendo, según determina un reciente estudio que combina los resultados de ventas de las librerías San Pablo de toda España (Bilbao, Murcia, Oviedo, Palma de Mallorca, Pamplona, Santiago de Compostela, Sevilla, Zaragoza y las dos de Madrid) con los datos de la Feria del Libro de Madrid y de la librería on-line.

Doce títulos que permiten conocer las preocupaciones e intereses del público ante los grandes acontecimientos eclesiales (el Año de la Fe, la elección y la figura del papa Francisco, el pensamiento del cardenal Martini, la figura del P. Amorth, el aniversario del papa Juan XXIII…), y también el alto nivel de aceptación de las novedades de San Pablo tanto en el campo del libro religioso como en la literatura infantil y juvenil. Doce títulos que podrían considerarse, si no imprescindibles, sí altamente recomendables, y que pueden constituir una buena compañía para el verano, tiempo de lectura y de formación sosegada para muchas personas, religiosos o laicos. Doce títulos que merece la pena leer (y tener).

Encabeza la lista Es bueno creer en Jesús, de José Antonio Pagola, un libro que desde su aparición ha despertado el máximo interés del público, que alcanzó la segunda edición en apenas un mes y que continúa siendo recomendado en muchos medios de comunicación. Le siguen, en el ámbito del libro religioso, dos libros de y sobre el nuevo papa: Papa Francisco. Su vida y sus desafíos, de Saverio Gaeta, que une en sus páginas la biografía y los principales desafíos eclesiales a los que ya se está enfrentando como Papa, y Pilares de un Pontificado, que recopila los textos que, desde su acción pastoral como cardenal, permiten pergeñar las líneas maestras de su pontificado. Entre estos dos títulos del papa Francisco se encuentra Creo en la vida eterna, de Carlo Maria Martini, un libro que adquirió, tras el fallecimiento del cardenal el pasado mes de agosto, el carácter de un testamento espiritual.

El quinto lugar de esta lista lo ocupa La alegría de la fe, el libro con el que el papa Benedicto XVI nos acerca el contenido de la fe expresada en el Credo y que vio la luz al comienzo del Año de la Fe. En el séptimo lugar, Encuentros con Jesús, de la Madre Francisca Sierra, una colección de oraciones y comentarios para el ciclo C que ya encabezó en la Feria del Libro la clasificación de los libros más vendidos en la caseta de la Editorial. En el noveno, Mamá, ¿Dios es verde?, el último libro de Mª Ángeles López Romero, una entretenida conversación de la autora con su hijo de 7 años sobre Dios, que está siendo todo un éxito desde su lanzamiento el pasado mes de mayo.

El reto de aprender, de Pablo Pineda, es el primer libro no religioso que aparece en la tabla. Se trata de la reflexión y el testimonio del autor acerca de la educación de las personas con síndrome de Down. Un libro que ha suscitado muchísimo interés en los medios de comunicación y entre el público, prueba de ello es que en apenas cinco meses ha alcanzado ya la tercera edición. En los puestos octavo y noveno, dos recientes novedades de literatura infantil y juvenil: Héroes en zapatillas, la nueva edición de un clásico que hizo las delicias de varias generaciones de niños que hoy son padres y que relata, en texto y en cómic, las aventuras de un montón de personajes de la historia, y Suad, de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo, novela con la que obtuvieron el V Premio «La Brújula», y que relata, escrito en primera persona, una noche crucial en la vida de una adolescente de 16 años.

Cierran la lista otros dos libros religiosos: Más fuertes que el mal, un testimonio del sacerdote exorcista P. Amorth, y 365 días con Juan XXIII, del P. José María Fernández Lucio, que demuestra el interés y el afecto del público por la figura del Papa Bueno de quien se celebra ahora el quincuagésimo aniversario de su muerte.

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Un libro extraordinario, didáctico y muy ameno

(Ángel Gómez Escorial, en Betania.es). Ya la banda promocional de Mamá, ¿Dios es verde? se encarga de recordarnos que María Ángeles López Romero es autora de dos libros educativos de enorme éxito como lo son Papás blandiblup y Morir nos sienta fatal. Dos volúmenes que han consagrado a esta periodista como auténtica maestra del reportaje amplio reflejado en libro, con una gran calidad para la encuesta y la investigación. El primero hacía referencia a una nueva concepción de los padres ahogados por la blandura o el desinterés. El segundo era una crónica impresionante sobre el hecho de morir y el efecto social y sociológico que lo rodea.

En este caso, en este Mamá, ¿Dios es verde? podríamos pensar que es más «sencillo», porque se basa en esas conversaciones de padres e hijos –de madre e hijo– formuladas en muchos momentos más o menos previstos y que toman carácter. Sobre el recuerdo de preguntas y respuestas de construye en libro extraordinario, didáctico y muy ameno y que servirá de modelo educacional en régimen de «fitty-fifty» tanto para padres como para hijos. Obviamente, la receta puede ampliarse a educadores, pero no sé por qué me parece que López Romero ha escrito un libro para progenitores y criaturas.

Pedro Miguel Lamet escribe un buen prólogo basado en su experiencia como catequista a los 16 años. Este excelente escritor y jesuita, marca perfectamente con su prólogo la naturaleza del libro que reseñamos y Mercedes Navarro, profesora de psicología de mucho recorrido aplica su conocimiento científico para decir al lector que el ejercicio de María Ángeles López Romero es completamente eficaz y que el libro es total utilidad.

En fin, pero hay que leerle, no consultarlo a salto de página, no es este caso un camino de documentación o de ejemplos contrastados. Es un texto-espíritu que sólo se va a entender bien si se lee entero, con calma, del principio hasta el final. Esa experiencia, la de la lectura sin obligaciones será el mejor premio para el lector. Gran libro que merece la pena leerse con tendencia a saborear escenas, momentos, preguntas y respuestas. Sinceramente, me ha gustado mucho.

Ángel Gómez Escorial

Betania.es

Nº 798 (23 de junio de 2013)

Mª Ángeles López Romero: «No creo necesario dejar de lado el sentido del humor cuando se habla de fe»

Entrevista a Mª Ángeles López Romero, autora de Mamá, ¿Dios es verde?, que se presenta el próximo martes, 28 de mayo, en la FNAC

(SP). Mª Ángeles López Romero, periodista, redactora jefe de la revista 21 y autora de dos libros de éxito, Papás blandiblup y Morir nos sienta fatal, ha escrito un nuevo libro: Mamá, ¿Dios es verde?, una simpática conversación con su hijo Miguel, de 7 años, sobre Dios y la fe. Mañana lo presenta en el Fórum FNAC-Callao, arropada por el escritor y periodista Pedro Miguel Lamet, el cantautor Migueli, y el profesor universitario y psicólogo Luis Fernando Vílchez, que es también director de la colección. Hemos querido hablar con la autora antes de la puesta de largo de su libro.

¿Desvela en el libro la respuesta al título? ¿Cómo es eso de que Dios es verde?

La pregunta se le ocurrió a mi hijo cuando contaba solo cinco años. Y fue el origen de este libro, que pretende responder a las preguntas esenciales sobre Dios, la fe, la Iglesia, la religión… de un modo sencillo y comprensible para cualquier lector. Pero la verdad es que mis respuestas suelen generar más preguntas. Procuro huir de los dogmatismos. Así que la solución suele quedar al arbitrio del lector. Sí le adelanto que a medida que avanza el libro Miguel llega a la conclusión inevitable de que Dios es color carne. Lo ideal sería dejar de imaginar a Dios a la medida de los seres humanos y empezar a imaginarnos a nosotros a la medida de Dios.

¿Qué hay de novedad en este libro, más allá de la originalidad de su título?

No sé si es absolutamente original, pero hay en él desde luego un esfuerzo notable por renovar los lenguajes, las imágenes literarias y fórmulas con las que hablamos de Dios. No solo a los niños. También a los adultos. Porque este no es un libro para niños.

 ¿A quién va dirigido entonces?

 A adultos que quieran transmitir la fe a sus hijos, nietos o alumnos. A creyentes cansados del lenguaje religioso manido, que quieren ver expresado aquello que creen y viven sin sentirse incómodos. Incluso a aquellos no creyentes interesados en conocer mejor en qué cree exactamente un creyente de hoy, que no tiene nada que ver con los tópicos que suelen difundirse al respecto. Los que busquen la fe del carbonero o el «milagreo», en este libro no los van a encontrar.

 Deduzco por su libro que usted considera que se puede (y se debe) hablar de todo con los niños…

 Claro. Ya avisaba de ello en mis anteriores libros, Papás blandiblup, y Morir nos sienta fatal. Más aún si se trata de algo que entendemos que es bueno para ellos, como conocer a Jesús de Nazaret y el modelo de vida que nos propone. Pero, claro, hay que encontrar el modo. Lo he pasado muy bien buscando metáforas y comparaciones que le permitieran entender. Y así el Espíritu Santo es la banda sonora de una película o la fe una especie de carné por puntos que hay que renovar porque, si no, se vuelve inservible.

 ¿De qué color es la piel de Dios?

 Miguel diría que es color carne. Desde luego el mejor modo de conocer a Dios es fijarnos en Jesús. No hay mejor brújula cuando nos asalten las dudas.

 Dice que abusamos de nombrar a Dios a todas horas, pero, ¿no es también importante hablar de Dios, transmitir nuestra experiencia de Dios a los demás, y especialmente a los niños? ¿Cómo compaginar ambas cosas?

Claro que es importante transmitir la experiencia de Dios a nuestros hijos cuando hemos vivido nuestra propia fe como algo bueno para nosotros, que conforma nuestras vidas,  nos ha aportado felicidad y nos ha enseñado a ser mejores. Pero a veces caemos en el error de pensar que transmitimos más si hablamos mucho de ella, o que el único modo de hacerlo es ése. Mi abuela decía que «obras son amores y no buenas razones». Seguramente la mejor manera, si no la única, de transmitir verdaderamente la fe sea el testimonio. El ejemplo de vida. Jesús dijo «por sus obras los conoceréis». No por sus discursos. Ni siquiera por sus oraciones, aunque la oración sea una magnífica manera de entrar en contacto con Dios.

¿Por qué la fórmula del diálogo con su hijo?

Porque me permite el juego literario y me obliga a la sencillez, que era un ingrediente imprescindible en este proyecto. También porque no quería desaprovechar los últimos coletazos de chispa, ingenuidad, frescura y picardía de mi hijo pequeño antes de que se haga mayor. Algunas de sus preguntas y reflexiones son verdaderamente desarmantes. Y por eso muy estimulantes. Cualquiera que se relacione con niños de esas edades sabrá de lo que hablo.

 ¿Por ejemplo?

 Me dijo que estaba claro que los dueños de una panadería eran muy cristianos porque leyó el eslogan: «El pan nuestro de cada día»… En otra ocasión le pidieron en catequesis  que rezara el Ave María y cantó, con música de Bisbal: «Abre María, la panadería, si tú la abres yo te compraría…». Son sólo dos anécdotas, pero reveladoras de lo desconcertante que puede llegar a ser.

 ¿Y qué cosas pregunta un niño cuando habla de religión?

 ¡De todo! No hay temas tabú para él. El mal, el infierno, los curas, las otras religiones, el origen de la vida… A todo eso y mucho más me ha obligado a responder. Pero más allá de los detalles en que podamos entrar en nuestra conversación, Mamá, ¿Dios es verde? habla de compromiso con los más desfavorecidos, de ser feliz y hacer felices a los demás. Del modelo de vida que propone Jesús, no de normas, reglas, pecado y condena. La intención es que este libro sea liberador.

Algunas de sus respuestas pueden molestar en los sectores más ortodoxos y conservadores de la Iglesia. ¿Le preocupa?

No en la medida en que el libro está escrito desde la honestidad y la libertad de conciencia de alguien que no es teóloga. Solo soy una mujer creyente que ha llegado a la conclusión de que la fe ha sido algo bueno, felicitante y liberador para ella y quiere por eso dejársela a sus hijos en herencia. Si molesta a alguien, lo sentiré, pero no podía dejar a un lado mi honestidad cuando se trata de hablar de principios y creencias. Y tampoco creo que sea necesario dar de lado el sentido del humor cuando se habla de fe.

Aunque Dios aparece en el título de su libro, usted propone en él dejar de nombrarlo por su nombre de pila y hacerlo más bien por sus apellidos. ¿Cómo lo haríamos?

Las formas pueden ser infinitas. ¿Qué le parece el Amor con mayúsculas, o el Corazón del Mundo? Lo de menos es cómo lo nombremos. Porque a veces esos nombres que le damos no son más que barreras que ponemos entre nosotros. Verdaderamente creo que estamos abusando de nombrar a Dios a todas horas. Y a veces lo usamos como arma arrojadiza. Pero lo importante es cómo lo percibas tú. Cómo lo sientas. Cómo caliente tu corazón, dé alas a tu alma y aliente tus ganas de ser mejor y darte a los demás. Esa es la moraleja de este libro.

Mamá, ¿Dios es verde? se presenta el próximo martes, 28 de mayo, a las 19.30 horas, en el Fórum FNAC Callao, Madrid, en un acto en el que intervendrán, junto a la autora, Pedro Miguel Lamet, escritor y periodista, Migueli, cantautor, y Luis Fernando Vílchez, profesor universitario, psicólogo y director de la colección «Religión y Educación» de la Editorial San Pablo.

Palabras sobre la muerte y la vida

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Con una inusual propaganda sobre uno de los centenares y centenares de libros que aparecen publicados por Ed. San Pablo se lanzó en su día al mercado Morir nos sienta fatal (Diálogos a vida y muerte), firmado por la periodista Mª Ángeles López Romero, redactora jefe de la revista 21. También aparecen en portada los nombres de las otras dos personas especializadas y conocedoras de la realidad –no sólo de la teoría de la que hablan y con las que dialoga la autora del libro-reportaje: la teóloga y enfermera especializada en cuidados paliativos Marta López Alonso y el médico cirujano Antonio González-Garzón Montes. La conversación mantenida a lo largo de estas páginas versa sobre las cosas de la vida y de la muerte, sobre la enfermedad, el dolor, los desgarros afectivos por la pérdida de los seres queridos…, con un trasfondo humanista, sin dramatismos ni tabúes, paradójica o no paradójicamente vitalista.

Palabras para vivir (Ed. San Pablo) del fallecido cardenal Carlo Maria Martini reúne diecisiete ejemplos de «lectio divina» de otros tantos pasajes de los evangelios.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.649 (17 de noviembre de 2012) 13.

«Morir nos sienta fatal». Reflexiones sobre algo inevitable

(Rosa Cuervas-Mons, en La Gaceta). El pequeño Víctor (5 años) contempla la cuna en la que duerme su hermana recién nacida. Y entonces, ante la incrédula mirada de su madre Paloma, exclama: «¡Qué suerte tiene Laura, que todavía no sabe que se va a morir!». La anécdota es real y revela que, más allá del rechazo que produce, la muerte está presente desde muy pronto en la conciencia del ser humano… aunque a veces prefiramos no «mentar la bicha».

Llega un paquete a la redacción que, al abrirse, descubre un libro titulado Morir nos sienta fatal. Diálogos a vida o muerte, sobre el que el director ordena profundizar. Un libro sobre entierros, diagnósticos fatales, expectativas espirituales, sueños incumplidos… Y parece preferible hacer un inventario detallado de grapas y clips antes que ponerse a reflexionar sobre algo tan inevitable y cierto como la muerte.

Y, sin embargo, ha habido tres personas –la periodista Mª Ángeles López Romero, la enfermera de cuidados paliativos y teóloga Marta López Alonso y el cirujano Antonio González Garzón– que han compartido tardes y tardes para dar a luz a casi 300 páginas que, editadas por San Pablo, ofrecen un completo ensayo sobre el final del camino –aunque ellos huyen de eufemismos como este–, sobre la necesidad y la importancia de la verdad y, contra todo pronóstico, sobre la paz y la esperanza.

Y parece algo necesario en una sociedad que, aseguran los autores, se cree casi inmortal, ha desterrado la muerte de sus vidas –los niños ya no van a entierros– y que, además, es curiosa por naturaleza. Un dato: la palabra «muerte» tiene más entradas en el universal buscador Google –sesenta millones de resultados– que la ultramanida e hiperbuscada «sexo». Parece que la parca importa.

Lo decía a sus alumnos de Medicina el doctor Álvaro Gándara, experto en cuidados paliativos: «¿Saben ustedes cuál es el porcentaje de mortalidad del ser humano? El cien por cien». Y sin embargo –así lo apunta la autora de Morir nos sienta fatal y así lo corroboran sus interlocutores– en la sociedad hiperpoderosa de hoy la muerte se ve como un fracaso de la ciencia médica.

Para leer el artículo completo, pinche aquí.

Rosa Cuervas-Mons, La Gaceta, 12 de mayo de 2012.

Una aportación valiente, pedagógica y única

(Pedro Miguel Lamet, en Sal Terrae). Nos guste o no, el tema de la muerte es el más importante de la vida. Incluso desde la increencia en el más allá. Decía Heidegger que por la toma de conciencia existencial de nuestro ser para la muerte autentificamos nuestra vida. Sin embargo, si buscamos en una librería novedades sobre la muerte, advertimos enseguida que son escasas. Sí aparece, y mucho, como no podía ser menos, en la literatura de creación, porque esta intenta reflejar los problemas de los hombres, y en ella la muerte suele ser inevitable protagonista de todas las historias: los «thrillers», losrelatos románticos, dramáticos o melodramáticos, como acaece en su pariente cercano, el cine.

Pero pocos se enfrentan con el tema a palo seco. María Ángeles López, redactora-jefe de la revista 21RS, ha tenido la valentía de hacerlo desde su calidad de periodista interesada por los temas humanos, como ya demostró en su anterior y primera obra, Papás blandiblup, por el que mereció el título de «autora del año» de Ediciones San Pablo. En este segundo libro, Morir nos sienta fatal, salta el abismo desde su experiencia de madre de familia a reportera de la realidad, del hecho incontestable de la muerte.

Lejos de convertirse ella misma en filósofa, socióloga o psicóloga de ese tránsito capital que nos incumbe, ha optado, con gran sencillez y funcionalidad, por rodearse de dos especialistas, Antonio González-Garzón, un médico militar de larga experiencia, y Marta López Alonso, teóloga y enfermera, con los que entabla estos «Diálogos a vida y muerte», como subtitula el libro.

El resultado es una obra de más de trescientas páginas, casi una pequeña enciclopedia sobre la muerte, centrada más en sus aspectos sociopsicológicos que filosóficos o teológicos, aunque estos se hallan también presentes. Parte el libro de que la muerte nos importa, incluso más que el sexo, porque, como diría Séneca, estamos «en la fila». Gran acicate para el pensamiento de la humanidad, es un asunto que hoy se rehúye más que antaño, porque la medicina se está presentando en nuestro tiempo como todopoderosa, aunque al final sucumba, como siempre sucedió, ante la muerte.

Comienza el libro por analizar el delicado tema de cómo comunicar este desenlace al paciente, proceso en el que es imprescindible saber mezclar ambas dosis, la verdad y la delicadeza, en un momento en que la esperanza se limita, sobre todo, a no abandonar a la persona que pasa por ese trance. Una ocasión para poder compartir amor y perdón, un momento para el que hace falta «entrenarse», tomar conciencia de nuestra fragilidad, de nuestra finitud…; algo que tiene sentido en cuanto que nos descubre nuestra identidad y nos transforma como personas. Se trata, pues, de convertir la enfermedad en maestra, en oportunidad para crecer y para ejercer la virtud de cuidar y ser cuidado.

Aborda como de puntillas –no podía ser menos en un libro editado por una editorial confesional– la espinosa y famosa «muerte digna» con una interesante respuesta: evolucionar del concepto de dignidad al concepto de paz: «morir en paz».

Se pregunta, asimismo, qué es realmente la muerte. Biológicamente, todo un largo proceso, más que un instante. Marta, la enfermera, asegura que ha experimentado en los otros la muerte «como liberación», un punto en el que «mi misión termina y da paso al Misterio». Y el médico Antonio habla de una «confesión laica», una especie de balance de la vida que hacen muchos enfermos no creyentes, en el que suele ayudar mucho una actitud de  desprendimiento.

Para mí, lo más curioso de las conclusiones de estos especialistas, que recoge María Ángeles, es que el miedo a la muerte no distingue entre creyentes e increyentes. Quizá su respuesta está condicionada por el hecho de que, como profesionales de la sanidad, ellos han tratado con muchos cristianos sociológicos. Mi experiencia sacerdotal al respecto es que la fe, cuando es mínimamente auténtica, ayuda muchísimo a enfrentar ese trance. Desde luego, en su testimonio hay algo incontestable: que el miedo a la muerte existe en todo ser humano. Pero desde otras experiencias que hoy crecen, por ejemplo en muchas tribus indígenas, o profundizaciones desde una espiritualidad transpersonal, la muerte no se viviría tanto como drama, sino como transformación asumida.

Este interesante libro aborda la muerte en su aspecto objetivo, sobre todo desde fuera, desde el entorno. Estudia, por ejemplo, la deshumanización de la asepsia de los actuales tanatorios, la necesidad de humanizar los hospitales, la falta de manos para el adiós, la frialdad de la incineración… Aspectos que conducen también al auténtico sentido de los funerales y, en general, al «envoltorio de la muerte», que revelan una vez más hasta qué punto se muere como se ha vivido, y que el duelo nos es siempre necesario para asumir la muerte de los otros, con justa «licencia para llorar».

En fin, Morir nos sienta fatal ahonda en la necesidad de fortalecer nuestro «yo» durante toda la vida, de rodearlo de amor, que será lo que en definitiva quede de nosotros. ¿Quiénes somos nosotros? «Somos –afirma el libro– lo que hemos sido para otros». Finalmente, aborda el tema de la trascendencia. Frente al concepto de Dios-aspirina, varita mágica o tapaagujeros, vale el Dios amor, que se revela en Jesús, imagen del Dios invisible, para obtener alguna respuesta. Termina el libro con un par de hermosos capítulos sobre el recuerdo como forma de pervivencia y con un canto a la vida, el único que da sentido a toda muerte.

Este apretado resumen no exime de la lectura de una obra singular que, desde «el fuera» de la muerte, conduce al sentido de la vida. Escrita con lenguaje ágil y ritmo periodístico, sembrado de anécdotas, hechos y datos estadísticos, puede ser un buen manual para reflexionar en familia, en la escuela o en círculos de estudios sobre un tema tabú que es necesario abordar como parte esencial de la vida. No busque el lector acercamientos a incursiones más o menos esotéricas sobre la vida después de la vida, la filosofía oriental o la new age o las experiencias con moribundos de Kübler-Ross y sus famosos libros y grupos de ayuda. Mª Ángeles es una periodista con los pies en la tierra que ha escrito
un libro riguroso, objetivo, desde la experiencia de unos profesionales. Una aportación valiente, pedagógica y me atrevería a decir que única en su intención de exhaustividad y cercanía.

Cabe solo hacer una pregunta, después de haber disfrutado de su lectura: ¿no ha sido la autora demasiado humilde y respetuosa con sus interlocutores al transcribirlos y digerirlos para el lector en forma de diálogo? ¿No tiene María Ángeles suficiente madera de escritora y gracia en la pluma para recrear ella misma con un texto propio ese interesante contenido? Quizá la respuesta es que la seriedad del tema y la necesidad de ser rigurosa y honesta con sus interlocutores la han conducido a preferir este género, que, por otra parte, tiene una enorme ventaja: solo un libro escrito como un diálogo puede ayudarnos a seguir dialogando con otros –hijos, alumnos, comunidades– sobre un tema como la muerte, que llena nuestra existencia de decisivos interrogantes, algunos sin respuesta, sobre el misterio de la vida.

Pedro Miguel Lamet, SJ

Sal Terrae 100 (2012) 472-475

Mª Ángeles López: «Para morirse solo hay que ESTAR VIVO»

ENTREVISTA CON Mª ÁNGELES LÓPEZ ROMERO, AUTORA DE MORIR NOS SIENTA FATAL, EN LA REVISTA ADIÓS

 (Manuel Crespo Ortega, en Adiós). Mª Ángeles López Romero, nacida en Sevilla, es periodista y redactora jefe de la revista 21. En Morir nos sienta fatal, su segundo libro, aborda el tema de la muerte, y es el resultado de una conversación seria y profunda con dos profesionales de la medicina: Marta López Alonso, enfermera en cuidados paliativos y Antonio González-Garzón, cirujano militar.

¿Nos puedes explicar los motivos que te han llevado a escribir este libro?

Siempre me ha interesado el tema de la muerte como parte inevitable de la vida  y a la que sin embargo, en nuestra sociedad occidental, le damos cada día más la espalda. La ignoramos, procuramos no hablar de ella, usamos eufemismos para nombrarla, nos dopamos para minimizar sus efectos emocionales… como si esa actitud fuera a impedir su llegada. Sin reparar en que ser conscientes de la inevitabilidad de nuestra propia muerte y de la de nuestros seres queridos nos ayuda a vivir más intensamente, a dotar nuestra vida de hondura y calidad,  y nos prepara para ser dueños de nuestro propio final.

El libro es una conversación con dos profesionales de la medicina, un cirujano y una enfermera en cuidados paliativos.

Pasamos juntos muchas horas de conversación que nos permitieron conocernos muy bien, desnudar nuestras almas y hablar de estos temas con sinceridad, frescura, cercanía y hasta algo de sentido del humor. No obstante, yo ya había visitado Unidades de Cuidados Paliativos para la realización de varios reportajes que se publicaron hace tiempo en la revista 21. En cualquier caso, en nuestros encuentros no sólo hablamos de su trabajo, ni siquiera de la muerte como tal. También de la manera actual de ejercer la medicina, la forma de dar la noticia, de despedirnos de los seres queridos o de expresar nuestras últimas voluntades, que a veces son bien curiosas, por cierto. Pero sobre todo, de la vida que uno debe tener para concluirla con una buena muerte. Y contamos muchas anécdotas, unas emocionantes, otras terribles, otras divertidas.

¿Cómo una mujer tan joven, como tú, se preocupa ya de la muerte?

En épocas anteriores o en países donde la esperanza de vida es mucho más baja que la nuestra, a mis casi 42 años sería ya una anciana… Pero, bromas aparte, siempre he tenido presente esa levedad del ser de la que nos habló Kundera. La evidencia de que, como dicen en mi tierra, para morirse sólo hay que estar vivo. Es la única condición. Sin olvidar que, por lógica, antes de afrontar nuestra propia muerte siempre llegará la de algunos de nuestros seres más queridos. De ahí que uno no deba esperar a ser anciano para hacerse preguntas sobre ella. Y tenerla presente nos ayuda a sacar el máximo jugo a la vida.

Es verdad que la muerte nos sienta fatal, pero los enfermos terminales, ¿no la esperan, quizá, como un alivio?

Para muchos enfermos la muerte termina siendo una liberación de sus padecimientos físicos, es cierto. Y no sólo: muchas personas pierden el sentido de sus vidas, o se sienten muertos en vida, y ven en la muerte una salida a su situación. Pero podemos decir que son una minoría. La mayor parte de nosotros preferiría no tener que morirse, al menos de momento… Siempre que se cumplan esos parámetros que colectivamente entendemos como una vida digna.

¿Cómo te imaginas tu propia muerte?

Más que imaginarla, desearía que fuera tarde, tras una vida intensa y repleta de afectos, rodeada de los míos y con la sensación de que no dejo deudas pendientes ni cadáveres por el camino. Si además pudiera ser sin dolor, mejor que mejor.

¿Qué te sugiere el día después de la muerte?

Mi idea de la justicia me lleva a pensar que, de alguna manera, deben verse revertidas las situaciones en que se conculcan los derechos fundamentales. Pienso, por ejemplo, en las víctimas inocentes de la opresión, la explotación, la crueldad, la tortura… ¿Cómo puede ser posible que no vaya a haber algún modo de restitución de la justicia para ellos? Pero no tengo una idea demasiado elaborada del día después. Aun siendo una persona creyente, soy bastante racional y siempre me ha preocupado mucho más el aquí y ahora, lo que debo hacer en vida: si cumplo mi compromiso con los valores en los que creo, si saco el máximo partido a mis potencialidades como ser humano y a las oportunidades que ofrece la vida, si hago lo posible por ser feliz y hacer felices a  los demás… Lo que haya después, Dios dirá. No podemos saberlo.

Manuel Crespo Ortega

Adiós 93 (marzo-abril de 2012) 24.