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El cuerpo como lugar de la experiencia de Dios

(José Montero, en Studium). La corporalidad en la vida consagrada ofrece algunos de los muchos cursos de formación que el P. Rafael Gómez, CMF, ofreció a religiosas contemplativas, ordenados y recogidos en cuatro volúmenes por Sor Mª. Cruz Bermejo. Este es el cuarto volumen, que trata de la corporalidad en la vida consagrada pero excede con mucho este ámbito. Proyecta una mirada penetrante y globalizadora de lo que es la persona humana bajo el ángulo precisamente de la corporalidad. Parte de un principio: entender el cuerpo es entender a Jesús, es entender la resurrección, la cristología, la Pascua. Hace un recorrido histórico de cómo se entendió el cuerpo en la Biblia, en el gnosticismo, en los Santos Padres, en la Edad Media y en la cultura contemporánea. Cuerpo y alma, cuerpo y espíritu, dimensión espiritual y dimensión corpórea. Ambos son una unidad operativa. Lo resume magníficamente cuando dice que o se dan los dos juntos o no existe ninguno. Pero somos salvados en cuanto seres humanos, ser salvado “supone ir introduciéndose cada día más en Dios, hasta llegar a la visión cara a cara” (p. 107). El autor tiene una visión dinámica del hombre. Para él ser hombre significa llegar al máximo grado posible de intercambio con todo el entorno, lo cual nos permite conocernos mejor (p. 189). Hay una dimensión que no conviene olvidar y que el autor recalca: el cuerpo es lugar de la experiencia de Dios. O sea que sin dimensión espiritual no hay cuerpo y sin cuerpo no hay dimensión espiritual. Este libro abre amplias perspectivas sobre lo que es y significa el cuerpo, lo que es y significa la resurrección de Dios y finalmente sobre lo que es y significa la salvación de los humanos. Muy actual y por tanto recomendable a todos los lectores.

J. Montero

Studium vol. LVI, fasc. 3 (2016), p. 555.

Ayuda para salvar el alma y el cuerpo

(D. Natal, en Estudios Agustinianos). El P. Rafael Gómez Manzano, médico-psiquiatra y sacerdote claretiano, fue una bendición para la Vida Religiosa por su gran capacidad para ayudarnos a salvar el alma y el cuerpo. Ambas cosas son muy necesarias pues como dijo muy bien la gran pensadora H. Arendt siguiendo a santo Tomás de Aquino: “si sólo mi alma se salva yo no me salvo”. Es un tema fundamental para el cristianismo porque sin la Encarnación de Dios no hay fe cristiana y sin la resurrección de Cristo y, por tanto de los cuerpos, “vana es nuestra fe” como dice san Pablo. Rafael sabía plantear y exponer estos temas con la gran profundidad y humanidad que le caracterizó siempre y así nos habla de la corporalidad, de la historia de la idea de cuerpo y su exageración actual que parece ya una supernova, del ser humano en la Biblia, de la hominización y las preguntas que nos plantea, de Dios y la ciencia, de la sabiduria del cuerpo y de su significado. Eran los suyos unos ejercicios espirituales y de humanidad en los que siempre había lugar para las preguntas y el trabajo en grupos. Hay que agradecer a María Cruz Bermejo Polo, religiosa, el empeño, cuidado y esmero en la trascripción de las charlas en La corporalidad en la vida consagrada. Como alguna vez, hasta Homero se duerme, Los Nombres de Cristo los escribió Fr. Luis de León y no el de Granada como se escapó en la página 295. Pero esto en nada empaña el buen trabajo de trascribir el libro, y la gran integración cuerpo y alma, tan poco frecuente en ciertos cristianismos aunque parezca paradójico, que nos trasmitió siempre Rafael. G. Manzano.

D. Natal

Estudios Agustininanos 51, fasc. 2 (2016) 442.

Todos necesitamos vivir y desarrollarnos en comunidad

(Julián de Cos, en Vida Sobrenatural). Sor María Cruz Bermejo ha transcrito en este libro –Las relaciones interpersonales en la vida consagrada– un cursillo que el claretiano Rafael Gómez Manzano dio a la Federación Bética de las Clarisas en 1997. Este religioso, fallecido en 2002, era médico especialista en psiquiatría y psicología, y dirigió el Gabinete Psicotécnico del Instituto de Vida Religiosa de Madrid. Como puede verse, la obra trata de un tema muy importante para la vida religiosa, pues la convivencia comunitaria es esencial. En el Índice final se recogen las cinco grandes secciones en que se divide la obra: textos introductorios, «La comunidad», «Relaciones interhumanas insuficientes», «La dinámica o el proceso de la relación interpersonal» y «Trabajo en grupos». Es un buen complemento de otro cursillo del mismo autor y transcrito por la misma hermana: Los valores humanos en la vida consagrada, San Pablo, 2015.

¿Qué podemos aprender en este libro?, pues, por ejemplo, que todos necesitamos vivir y desarrollarnos en comunidad, y que todos adquirimos nuestra identidad a medida que nos comunicamos con otras personas. Nos explica cómo es la persona libre, bien integrada, inculturada, creativa y capaz de amar. Habla de los tímidos (que tienen miedo al ridículo), los acomplejados (que dudan de sí mismos), los frustrados (que se sienten fracasados), los inadaptados (que están fuera de la realidad), los inmaduros afectivos (que se sienten incomprendidos) y los solipsistas (que orientan su existencia en una sola dirección).

También nos previene contra la tentación de tratar a los otros como si fueran objetos. Cuando, por el contrario, les tratamos como a «personas», con ellas podemos establecer una relación de amor, intimidad, comunión y amistad. Describe varios tipos de grupos: el original (en el que, como una familia, sus miembros se conocen y aman), el fragmentario (que consta de subgrupos que piensan de modo diferente, pero todos tienen un mismo espíritu), la organización (donde prima la eficacia y la producción) y la comunidad (en la que sus miembros se relacionan como «personas», a ejemplo de la Trinidad). Al final del libro se ha incluido el trabajo en grupos que desarrollaron las hermanas clarisas, en el que contestan a unas preguntas y después el P. Gómez Manzano hace enriquecedor un comentario.

El autor habla con amenidad y gran fluidez –propia de un cursillo– y lo hace apoyándose en multitud de datos y anécdotas, algunas de las cuales son bastante divertidas, como la de esa religiosa que tenía un perro que ladraba y rompía los hábitos de sus hermanas de comunidad (cf. pp. 113-114). Se trata, pues, de un libro muy recomendable para los formadores y los superiores religiosos, y para todo aquel que quiera profundizar en las relaciones interpersonales.

Fr. Julián de Cos, O.P.

Vida Sobrenatural 706 (julio-agosto de 2016) 316-318.

Para una vivencia genuina de la consagración religiosa

(Ernestina Álvarez, en CONFER). Los votos de pobreza y obediencia en la vida consagrada recoge un cursillo celebrado en la casa provincial de las Hijas de la Caridad en Sevilla los días 24 a 27 de junio de 1998, impartido por el P. Rafael Gómez Manzano, CMF, médico psiquiatra, especialista en psicología. Toda su vida la ha dedicado a acompañar a religiosos en sus diferentes necesidades y a una intensa labor como conferenciante y formador. La elaboración de esta síntesis ha sido realizada por Sor Mª de la Cruz Bermejo de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara. La intención del cursillo fue afrontar la base humana –tanto antropológica como psicológica– de los votos, para caer en la cuenta de cómo los consejos evangélicos no son antinaturales sino que enseñan al hombre el verdadero sentido de las cosas (voto de pobreza), el sentido del amor (voto de castidad) y el sentido de la dignidad humana (voto de obediencia).

El autor presenta el voto de pobreza como un privilegiar el “ser” frente al “tener”. Debe llevar a que nada ni nadie ocupe el lugar de Dios en nuestras vidas. Mantener el respeto a las cosas utilizándolas ordenadamente y sabiendo compartirlas dándose uno cuenta de que también los otros las necesitan; que les debo dar lo que les corresponde. Ser pobre es ser libre frente a las cosas y las personas, sabiendo renunciar a lo que nos aleja del camino del bien y la verdad. Desde el punto de vista antropológico, la pobreza armoniza las cuatro dimensiones de la persona: la fisica, la psicológica, la social y la espiritual, y desde su comprensión teológica la pobreza descubre que Dios es el valor absoluto capaz de satisfacer las aspiraciones humanas. Experimentar esto lleva a desprenderse con facilidad de todo lo demás y a situarnos en una radicalidad austera, sobria, desapegada y libre. El autor resume así la pobreza evangélica: puente tendido a todos usando de las cosas necesarias de forma ordenada.

Tras unas páginas dedicadas a reflejar el trabajo realizado en grupos en torno a este tema y las conclusiones que se sacaron, el texto entra de lleno en el voto de obediencia. Este voto, bien entendido, debe llevarnos a ser más auténticos y más libres, y no a un infantilismo ni a una sumisión pasiva y cómoda, en muchos casos. Obedecer implica buscar la verdad y, como es difícil para uno solo encontrarla, debe dejarse acompañar, ponerse a sí mismo en duda. La obediencia exige una capacidad de escuchar, de dialogar, de tomar decisiones compartidas y de tener en cuenta el bien de la comunidad. Para poder obedecer es imprescindible entender bien lo que es la libertad y saber ejercerla. El autor dedica una parte importante de este capítulo de la obediencia a ahondar en el sentido de libertad como capacidad de orientarse hacia el bien.

En la práctica de la obediencia es muy importante el servicio de la autoridad. Su principal cometido es mantener la cohesión del grupo, y para ello la autoridad ayuda al grupo a definir sus necesidades y a buscar soluciones, cuida de todos y de todo, garantiza el diálogo y la participación e integración de cada uno de los miembros, anima al grupo a seguir siempre caminando, suscitando iniciativas, y vela cuidadosamente para que todas las dimensiones de la persona puedan desarrollarse.

Este libro puede ayudar mucho para una vivencia genuina de nuestra consagración religiosa, ya que los consejos evangélicos “son una invitación constante a la transformación personal y de todo el cosmos a través del corazón del hombre, desde dentro” (san Juan Pablo II).

Ernestina Álvarez, osb

Revista CONFER 210 (abril-junio de 2016) 311-314.

Aprender a vivir y a convivir

(Studium). La comunidad juega un papel muy importante, sobre todo en las comunidades de vida contemplativa, donde la convivencia es tan estrecha y prolongada. Por eso hay que cuidar con esmero las relaciones que deben establecerse entre los miembros de esas comunidades y ordenarlas bien, para que todo esté bien ajustado. El autor impartió durante su vida muchos cursillos a diversas comunidades, y las monjas, con el deseo de seguir escuchando su palabra y su mensaje, grabaron cuidadosamente sus charlas. Se dice que más de 70 cintas circulan por muchos conventos. Eso es lo que ha sido recogido en Las relaciones interpersonales en la vida consagrada. En él ha sido convertido lo hablado en escrito. Este cursillo sobre Las relaciones interpersonales se celebró en Villagonzalo (Badajoz) durante los días 1-5 de julio de 1997. Todas sus enseñanzas parten de una realidad: la comunidad, es decir, lo que significa el ser social del hombre. La diferencia fundamental entre el ser humano y los animales es la capacidad de convivencia y de comunicación. El ser humano se comunica por la palabra. Por eso es tan importante cuidar las relaciones entre los hombres para poder vivir una vida en comprensión y en amistad mutua. Eso es lo primero que hay que cuidar para vivir una vida sencillamente normal. Se trata de un libro muy interesante, no sólo para las comunidades de vida contemplativa, sino para todos los que viven en comunidad. Aprender a vivir y a convivir, a respetar y a valorar a todos, aprender a saber condescender, a querer, a amar, a servir y a entregarse… Es de agradecer el esfuerzo que se ha hecho en trascribir estas enseñanzas para que puedan ser compartidas por muchas comunidades religiosas y así puedan mejorar su nivel de vida comunitaria.

V. B.

Studium, vol. LVI, 2016, fasc. 1, p. 160.

Comunidad, relaciones interpersonales

(M. Sánchez Tapia, en La Ciudad de Dios). Las relaciones interpersonales en la vida consagrada un libro de formación dirigido a la vida religiosa. Contiene la transcripción literal de una serie de conferencias grabadas, dadas por el autor a las Hermanas Pobres de Santa Clara, en Villagonzalo (Badajoz). Todas las conferencias se integran en un mismo curso de formación cuyo tema general es «Comunidad, relaciones interpersonales».

Después de la introducción (7-8), el prefacio (9-11), el prólogo (13-16) y la nota introductoria (17-18), el libro aborda de lleno los tres temas medulares de esta publicación: la comunidad (19-96), las relaciones interhumanas insuficientes (97-138) y la dinámica o el proceso de la relación interpersonal (139-262). Se corona la obra con la oferta de las conclusiones a las que llegaron las hermanas en el trabajo de grupos (263-298). En dicho trabajo ellas comentaban y contestaban en primera persona a algunas cuestiones que previamente les había brindado el conferenciante (el sacerdote claretiano P. Rafael).

En cuanto al tema de la comunidad, el autor parte de lo que significa el ser social del hombre. Aquí estudia claves como la apertura a los otros, la necesidad del amor (E. Fromm), el compartir, el comunicarse… Hace hincapié en la necesidad de superar el solipsismo psicológico, en orden a que los consagrados lleguen a ser personas bien integradas, con capacidad de amar y con creatividad. Alude a tres niveles personales que deben desarrollarse convenientemente para vivir en comunidad: el social, el relacional y el psicológico.

En relación a las relaciones interhumanas insuficientes, el autor parte de la premisa de que no son personales, sino que sólo lo parecen. Son insuficientes porque no son de persona a persona. Se caracterizan por tratar al otro como a un objeto. La pobreza de este modelo relacional estriba en que se cree que el otro posee 5 características: abarcabilidad, acabamiento, numerabilidad, cuantificación e indiferencia. Frente a estas relaciones están las verdaderas relaciones interpersonales, cuyos rasgos son los opuestos a los 5 anteriormente citados. Es preciso superar las relaciones ínterhumanas insuficientes: éstas se desarrollan cuando se ve al otro como un obstáculo, un instrumento, un nadie o un objeto de contemplación.

Por lo que respecta a la dinámica o el proceso de la relación interpersonal, el autor va desgranando el significado que para la vida consagrada poseen categorías como el amor, la libertad, la donación y la salvación. Invita a captar lo que él denomina «igualdades interpersonales». Valora ampliamente la función del vínculo amoroso, de la expresión, de la comunión y de la distancia relacional. Aborda el asunto de la comunicación en las diferentes clases de grupos: grupo original, grupo fragmentario, grupo masa, grupo organización y grupo comunidad. Se detiene a hablar del grupo de «Comunión religiosa». Explica, además, los distintos niveles de relación grupal, anotando también las actitudes que el individuo debiera tener en relación al grupo.

El libro se lee con mucho agrado. Utiliza un lenguaje muy sencillo y fácilmente comprensible. Además, sin mermar en nada el elevado rigor psicológico-científico, está acompañado de un genial sentido del humor en no pocos de los ejemplos que se aducen.

M. Sánchez Tapia

La Ciudad de Dios 229 (enero-marzo de 2016) 234-235.

Convivencia evangélica

(Jesús Sastre García, en Vida Nueva). Las relaciones interpersonales en la vida consagrada es una transcripción de los cursillos impartidos por el sacerdote claretiano Rafael Gómez Manzano, médico psiquiatra y psicólogo. La hermana clarisa María Cruz Bermejo Polo reproduce literalmente las grabaciones de los cursos en un texto que mantiene el estilo característico de su autor. Al acometer esta tarea, quiere ser fiel a lo que dice V. Frankl: «Escribir un libro es importante; saber vivir, lo es más. Escribir un libro que enseña a vivir, más aún; pero todavía sería más vivir una vida que mereciese escribirse en un libro».

Los temas tratados en este volumen son: la comunidad, las relaciones interhumanas insuficientes y la dinámica o el proceso de la relación interpersonal. Aunque habla de psicología, el marco es la antropología que permite desarrollar lo humano y vivir en plenitud lo cristiano como una única tarea. En consecuencia, el objetivo es ayudar a armonizar oración y vida, fe y obras, santidad y humanidad. «Los santos, que decía Pablo VI, nos sacan de todas las crisis, son los mejores hijos de la Iglesia y han sido hombres y mujeres que han vivido esto; y de alguna manera, es lo que se intenta plasmar en estas páginas» (p. 14).

El asunto abordado es importante para la Vida Religiosa y, especialmente, para las comunidades de vida contemplativa. Las relaciones interpersonales son la base para una convivencia sana, alegre y evangélica. El punto clave de todo el libro es la distinción entre las relaciones interhumanas insuficientes y las verdaderas relaciones interpersonales (pp. 97-227). Clarificado este punto, el padre Rafael aplica lo tratado al grupo comunidad. Se trata de una tarea nada fácil, y que nunca se consigue del todo; este camino exige mucho cuidado para no caer en la «uniformidad» y «despersonalización» del grupo masa ni en la «cosificación del grupo organización» (p. 240).

Las últimas páginas (263-298) recogen las preguntas y respuestas de los asistentes a los cursillos cuando se impartieron. Dichos interrogantes siguen siendo válidos, con adaptaciones, para ver cómo se asimila todo lo expuesto.

El contenido se comprende bien y se lee con gusto. El estilo es el propio de las intervenciones orales ante un grupo con el que se tiene confianza. El autor une, al tiempo, la profundidad de lo que cuenta con la sencillez expositiva, no exenta de humor. En algunos aspectos se nota el paso del tiempo desde cuando se impartió el cursillo (1997) a su publicación (2015). Aun así, el libro puede ser utilizado por las comunidades para, desde una lectura personal, compartir estas intuiciones con vistas a mejorar las relaciones entre sus miembros.

Jesús Sastre García

Vida Nueva 2.978 (28 de febrero de 2016) 44.

Temas para la formación en la vida consagrada

(SP). La corporalidad en la vida consagrada recoge los cursos dedicados a la corporalidad que impartió el sacerdote claretiano y médico psiquiatra Rafael Gómez Manzano a diversas comunidades de religiosas contemplativas. Las charlas se centran en el tema del cuerpo y desarrollan temas como la evolución en el modo de comprender el cuerpo humano en la filosofía y en el mundo contemporáneo, el ser humano en la Biblia, la relación entre cuerpo, espíritu y cerebro, y los distintos significados del cuerpo (metáfora del universo, símbolo del yo espiritual, índice de cultura y lugar de la experiencia de Dios), entre otros. Las páginas finales incorporan las preguntas y respuestas de los trabajos de grupo realizados en los cursos a raíz de las charlas.

Este libro cierra la tetralogía de cursillos de formación del P. Gómez Manzano, junto con Las relaciones personales en la vida consagrada, Los valores humanos en la vida consagrada, y Los votos de pobreza y obediencia en la vida consagrada. Los cuatro libros se presentan hoy, 23 de febrero, a las 20 horas, en el Centro Suárez de la ciudad de Granada, en un acto que contará con la presencia de Carlos Domínguez Morano, jesuita, profesor de la Facultad de Teología; Antonio López Simón, claretiano, psicopedagogo; Severino Calderón, franciscano, profesor de la Facultad de Teología, y Salvador Fernández-Vivancos Fernández, jurista y coordinador jurídico de la Pastoral Penitenciaria de Albolote.

Temas para la formación en la vida consagrada

(SP). Los votos de pobreza y obediencia en la vida consagrada recoge los cursos dedicados a los votos de pobreza y obediencia que impartió el sacerdote claretiano y médico psiquiatra Rafael Gómez Manzano a diversas comunidades de religiosas contemplativas. Las charlas, que conservan el estilo coloquial y espontáneo del P. Rafael, se centran en la base humana, antropológica y psicológica de los votos, y desarrollan temas como la vivencia de los votos, la opción preferencial por los pobres, la pobreza y la justicia social, la obediencia y la libertad o el papel de los superiores, entre otros. Las páginas finales incorporan las preguntas y respuestas de los trabajos de grupo realizados en los cursos a raíz de las charlas.

La condición humana, en el origen y en el fin de la vida consagrada

(Juan José de León Lastra, en Vida Sobrenatural). Los valores humanos en la vida consagrada es transcripción de los cursos que el P. Rafael Gómez impartió a la Federación Bética de Nuestra Señora de Loreto de las Hermanas Pobres de Santa Clara. El P. Rafael es médico y psiquiatra, lo que se refleja con profusión en sus charlas. Éstas están destinadas a presentar, por una parte, la base humana –en línea con la filosofía personalista– sobre la que hay que vivir los consejos evangélicos y, por otra parte, el testimonio de vida que pertenece a la dimensión contemplativa de la vida religiosa. La primera preocupación de una contemplativa es la de ser humana, ser persona humana, y de esto es ella la primera responsable, como señalan la «Orientaciones formativas para los institutos religiosos». A partir de esto es necesario detenerse en la intimidad, la libertad, la corporalidad, la racionalidad, la afectividad, la sexualidad, la comunicación. Sobre eso versan las charlas que se recogen en el libro.

Se muestra la necesidad de verse como individuo singular, de ahondar en la intimidad donde uno es lo que es; y desde allí sentirse libre y actuar con libertad, desde las motivaciones hondas de cada uno. Siempre consciente de que se vive en comunidad y se es construido –en parte– por lo comunitario.

Esto se manifiesta de manera más explícita en la afectividad. Es necesario madurar la afectividad con lo racional, con la conciencia de la existencia del otro, en tanto que es un ser autónomo y libre. Se da mucho espacio a lo que se refiere a la corporalidad, a la sexualidad. Sobre esos temas se ahonda en su dimensión biológica con precisión científica, propia de quien es médico y psiquiatra. Todo apoyado por la nueva versión que en los mismos documentos de la Iglesia se ha dado a la sexualidad, en concreto su dimensión holística: que implica a toda la persona. La continencia propia de la vida consagrada, en modo alguno es renuncia a la sexualidad, se sigue siendo hombre y mujer en toda la dimensión de la persona, a ella pertenece lo sexual. Las páginas más numerosas están dedicadas a un análisis de carácter científico –biológico, fisiológico y psicológico– sobre la corporalidad y sexualidad de la mujer.

El libro termina con las respuestas que se formularon en un trabajo de grupos sobre el conocimiento mutuo y la comunión de lo diverso, así como sobre cuestiones acerca de la afectividad. Las respuestas van acompañadas de unos comentarios ilustrativos del autor, cargados de interés.

Se trata de un libro con destinatarios explícitos: la vida consagrada femenina y en especial la contemplativa, si bien no estará de más para el resto de religiosos. Pretende sobre todo encajar en la condición humana la vocación explícita contemplativa, de modo que sean personas «hechas y derechas», maduras, aquellas que vivan este estilo de vida.

Un paso más, que no se desarrolla en el libro, pero se puede deducir de lo que se expresa en él, sería mostrar que la vocación del consagrado ha de ser un signo visible, en la originalidad de su estilo de vida, de los valores que definen la condición humana, que fácilmente se olvidan bajo la presión de otros intereses: esa es su misión fundante. La condición humana está en el origen y también en el fin de la vida consagrada.

Fr. Juan José de León Lastra, O.P.

Vida Sobrenatural 702 (noviembre-diciembre de 2015) 473-475.