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Luis Francisco Ladaria, nuevo prefecto de la Congregación de la Fe

Es autor de Jesucristo, salvación de todos,
publicado en SAN PABLO

(SP). El papa Francisco ha nombrado el pasado 1 de julio al arzobispo español Luis Francisco Ladaria Ferrer, jesuita, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en sustitución del cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller. Ladaria es autor de Jesucristo, salvación de todos, obra publicada por SAN PABLO en su colección Teología Comillas en colaboración con la Universidad Pontificia Comillas. Se trata de una recopilación de artículos en torno a la salvación universal de Jesucristo.

Natural de Manacor, Luis Francisco Ladaria ingresó en la Compañía de Jesús en 1966. Ordenado sacerdote en 1973, obtuvo el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana, donde fue vicerrector entre 1986 y 1994. Fue nombrado miembro de la Comisión Teológica Internacional por Juan Pablo II en 1992 y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1995. Desde el año 2008 ocupaba el cargo de Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuya prefectura ha recibido el 1 de julio, junto a los nombramientos de presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.

La Santa Sede precisó que el pontífice «ha agradecido» a Müller, «a la conclusión de su mandato quinquenal», su labor al frente de Doctrina de la Fe y como presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional. Müller es autor, entre otros libros, de Iglesia pobre y para los pobres y, en colaboración con el teólogo de la liberación peruano Gustavo Gutiérrez, Del lado de los pobres, ambos editados en SAN PABLO.

El lugar de María en la fe cristiana

(B. Sierra de la Calle, en Estudio Agustiano). El profesor José Ramón García-Murga nos ofrece María-Mujer-Iglesia, una sugestiva presentación de María, destacando su dimensión como mujer y su relación con la Iglesia. Su reflexión sigue una metodología narrativa y global en la que, en ocasiones, se entrelaza una metodología circular, pasando de la teología a la Escritura y viceversa. La obra esta dividida en tres partes. En la primera –centrada en la Sagrada Escritura–, toma pie de los textos de Mateo, Lucas y Juan, para mostramos a María como Virgen, Esposa y Madre y Nueva Mujer. A continuación, se estudia la figura de María en las culturas y en la tradición. Se parte del cristianismo primitivo, para pasar del Concilio de Éfeso a la Edad Media y seguir por el Renacimiento, la Reforma, el Barroco y la ilustración, concluyendo con las innovaciones de los siglos XIX y XX y el impulso del Concilio Vaticano II. En la última parte –de reflexión teológica más sistemática–, se profundiza en los temas de María Inmaculada, María Madre de Dios, María Virgen, María Asunta al Cielo, el Culto a María y la Comunión de los Santos. Al final del estudio el autor se hace la pregunta que aparece en el subtítulo de este estudio. ¿Por qué María si ya tenemos a Cristo? Siguiendo el Vaticano II muestra que no existe contradicción entre uno y otro sino complementariedad, estando siempre la figura de María y su obrar subordinados a su Hijo Jesús. Concluye diciendo que «el lugar de María en la fe cristiana es ser desde dentro de la Iglesia, modelo por excelencia de una Iglesia que prendada y preñada de Cristo lo transmita, siguiendo los caminos del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo». La obra se complementa con una abundante bibliografía de referencia. No dudamos en aconsejar este estudio tanto a los estudiantes de teología como a los cristianos deseosos de profundizar en su fe.

B. Sierra de la Calle

Estudio Agustiano 51, fasc. 2 (2016) 431-432.

Autonomía, libertad y responsabilidad

(José Román Flecha Andrés, en Estudios Eclesiásticos). El autor de esta obra –Autonomía moral– es doctor en Teología y Magíster en Bioética por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, en la que ejerce su docencia en los ámbitos de la moral fundamental, la bioética y la ética social.

En este libro, en el que reelabora su tesis doctoral, aborda un tema clásico en el estudio de la moral fundamental, que evidentemente está muy relacionado con las cuestiones relativas a la libertad y la responsabilidad. Si bien se mira, al considerar la cuestión de la autonomía moral se replantean de forma obligada las eternas preguntas sobre la relación entre la revelación natural y la revelación positiva, la naturaleza y la gracia, la razón y la fe.

No ignora el autor que la autonomía es un concepto que entraña muchos significados, como ya se observa en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente en la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (cf. GS 17, 20, 31, 36, 41).

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Itinerarios que educan la mirada para orientarla hacia el encuentro con Dios

(Víctor Fernández, en Revista Agustiniana). El libro que aquí presentamos lleva por título La herida esencial. Fue escrito por el conocido teólogo español de la Universidad Pontificia Comillas, Pedro Rodríguez Panizo, y recoge el esfuerzo de pensar la raíz que constituye la existencia religiosa, a la vez que algunas de sus más importantes formas de realización; todo ello, en el contexto sociocultural posmoderno. Se trata, por tanto, de presentar y desarrollar algunos caminos e itinerarios que eduquen nuestra “mirada” para orientarla al Misterio {mista-gogía) o, lo que es lo mismo, al encuentro con Dios. Y realizarlo en nuestro tiempo, un clima espiritual caracterizado por el eclipse de Dios. Ayudado de los diagnósticos de nuestra época, realizados por Michel Henry y Mario Vargas Llosa, dos grandes de la filosofía y de la literatura respectivamente, muestra un panorama bastante oscuro para las humanidades en general, y para la religión y la filosofía en particular. El desprestigio de la universidad actual y el pernicioso influjo de los m.c.s., hacen que vivamos como “narcotizados” en una sociedad donde la superficialidad, el divertimento y el entretenimiento han tomado la delantera al Bien, la Belleza y la Verdad, como valores supremos. En este contexto cultural, es condición necesaria, si la religión quiere tener algún futuro digno, que los cristianos tomemos conciencia de que no hay fe sin hacer la experiencia personal de la fe; y no se dará una experiencia de este tipo, si no se entra – existencialmente– en el núcleo esencial de lo religioso: la experiencia religiosa y su culminación, la experiencia mística. El autor quiere exponer la necesidad de descubrir unos preámbulos existenciales antes de asistir a esa apoteosis biográfica que constituye la relación religiosa. Sin profundizar en las fuentes de sentido auténtico que anidan en nuestro interior, no hay aprovechamiento verdadero de nuestras posibilidades de realización. Especial mención merece la relevancia dada a la experiencia estética –la belleza en la naturaleza y en el arte poético– como un modo privilegiado de ensanchar los pulmones o dimensiones de lo humano. De los muchos aspectos positivos que tiene esta obra, queremos destacar uno: el autor, en sintonía con la forma de hacer filosofía y teología de los profesores Miguel García-Baró y Juan Martín Velasco, piensa los problemas antropológicos básicos –mejor aún– la cuestión del hombre, al modo socrático, es decir, en primera persona. No como alguien que es un mero transmisor aséptico de conocimientos, sino como alguien que los pasa por el tamiz de su experiencia humana. El modo fenomenológico de acceso a la realidad o actitud fenomenológica, le ha permitido plegar la propia vida al modo de manifestación de las diferentes esferas de lo real o regiones ontológicas. Quizá, como el propio autor reconoce implícitamente, el hecho de haber sido una re-unión de ensayos le hace perder un claro hilo argumental. Re-hacerlo, es decir, re-vivirlo es ahora tarea del lector.

Víctor Fernández, OSA

Revista Agustiniana 55 (2014) 492.

La aventura de encontrar a Dios en todas las cosas

(C. García, en Studium). Puede extrañar el título de este libro: La herida esencial. Sin embargo, como explica su autor la metáfora de la herida es recurrente es nuestros místicos. Se refieren con ella a la visita que Dios hace al hombre traspasándole de infinito, haciéndole salir de su egoísmo en un encuentro transformante y renovador que permite transitar a una nueva manera de ser. Semejante drama es una cuestión de amor, pues sólo el Amor de Dios puede a la vez herir de amor (ágape) el alma humana y cauterizarla con su fuego. San Juan de la Cruz amaba esta metáfora, al igual que san Bernardo antes que él y san Francisco de Sales después.

El libro reúne los trabajos que ha dedicado el autor en los últimos años a exponer lo que, en sentido lato, podemos llamar mistagogía: iniciación o introducción en el Misterio. Muchos han sido publicados en revistas o colaboraciones (Sal Terrae, Trotta, Universidad Comillas, etc). Todos han sido revisados no sólo estilisticamente, sino que han sufrido las transformaciones necesarias para convertirse en un libro. No puede buscarse en él una Mistagogía completa, al modo como se hacía en la Iglesia antigua, consistente en la explicación de los sacramentos. Se trata, como indica el subtítulo, de consideraciones para ella, más en la línea del hermoso capítulo sobre el Homo capax Dei con el que suelen comenzar los tratados modernos de Teología Fundamental.

Los doce capítulos del libro quieren ser un camino mistagógico. El primero evoca, de la mano de dos análisis recientes, la situación cultural y espiritual del tiempo recio que nos ha tocado vivir y donde tenemos que ejercitar el cristianismo. En los tres siguientes se inquiere la esencia de la experiencia religiosa y la condición misteriosa de Dios, recogiendo algunas de las invitaciones que varios teólogos contemporáneos ofrecen sobre la experiencia mística. En los capítulos 5-11 se examinan otros escenarios mistagógicos. Todos ellos no tienen otra intención que llevar al redescubrimiento y el ejercicio del núcleo esencial de la fe. El último, está dedicado a redescubrir el núcleo esencial de la fe, su realidad y su significado.

Creo que la lectura de este libro, como afirma su autor, conducirá a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a que no tengan miedo a introducirse en esta aventura de encontrar a Dios en todas las cosas. Es un camino lleno de descubrimientos, de alegrías indecibles y dolores que nos hacen crecer y ser mucho más libres.

C. García

Studium LIV/2 (2014) 338-339.

Un proceso de búsqueda de la identidad moral cristiana

(C. García, en Studium). El presente ensayo constituye un estudio de la Autonomía moral desde la Teología moral fundamental. Se puede decir que es un proceso de búsqueda de la identidad moral cristiana en la cual la autonomía moral constituye uno de sus puntos más críticos y verdaderamente decisivos. Porque tratar de de autonomía moral es tratar de lo que significa ser cristianos, de la comprensión de la Teología moral y su sentido, si es que ha de tener alguno. Solo desde ahí es posible la coherencia con las consecuencias que se pueden extraer para el ejercicio de la libertad de elección.

La obra consta de tres capítulos, una introducción y una breve conclusión final. El primer capítulo titulado Autonomía moral, secularización e inmanencia es extenso y tiene una importancia fundamental, pues trata de analizar el trasfondo de la autonomía moral y sus fundamentos filosóficos a lo largo de la Modernidad. Los dos últimos capítulos son esencialmente teológicos además de consecuencia de los anteriores. El primero de ellos lleva por título Autonomía moral y Teonomía. Los problemas de la autonomía en la Teología moral. Se trata de uno de los problemas de mayor envergadura de la teología moral posconciliar, por cuanto en el fondo subyacen cuestiones relativas a la especificidad, la conciencia, las normas morales, las elecciones, y en último término, el sentido mismo de la Teología moral. El último capítulo versa sobre La autonomía moral del cristiano y el ser de la Teología. En él ofrece un intento de comprensión de la autonomía moral desde una perspectiva teológica y cristiana que supere las deficiencias y límites de las corrientes anteriores, tomando en consideración radicalmente las primeras palabras del Credo. En todos los capítulos hace unas consideraciones críticas y valorativas acerca de los aspectos tratados y para terminar ha incluido una conclusión en donde se recogen los resultados principales de la investigación.

Muestra el autor un conocimiento profundo del tema, disecciona bien las deformaciones que se han hecho y se hacen de la autonomía moral, tiene una capacidad notable crítica y autocrítica, expone con maestría y buen tino y analiza el pensamiento de los autores que se han ocupado del tema. La abundante bibliografia que ofrece ayudará a quien desee conocer con mayor detenimiento el problema de la Autonomía Moral.

C. García

Studium LIV/2 (2014) 335-336.

Una introducción al Misterio

(A. Jiménez Ortiz, en Proyección). Cuando vi por primera vez la portada de este libro –La herida esencial–, pensé inmediatamente en una obra sobre mística. Y me extrañó de pronto en el subtítulo la expresión “teología fundamental”. Tras la lectura de los diversos capítulos, que en su mayoría fueron ya publicados como artículos por el autor, profesor de teología fundamental en la facultad de teología de la Universidad Pontificia Comillas, uno queda convencido de que se trata realmente de una introducción al Misterio, de una mistagogía, desde la perspectiva y con la sensibilidad de la teología fundamental. El libro se lee con gusto, con provecho y da que pensar. Parte con la descripción de la situación espiritual contemporánea para ofrecer a continuación unas consideraciones muy bellas sobre la experiencia religiosa. El capítulo siguiente, “De Dios misterio”, resulta muy interesante y el autor ilumina con buen estilo elementos esenciales de la fe. A continuación trata de la experiencia mística en algunos autores, sobresaliendo su reflexión sobre Karl Rahner, después vienen los capítulos hacia un arte mistagógico, sobre la vía de la belleza en la experiencia cristiana, sobre la palabra poética, sobre la valentía, sobre el tiempo libre y el testimonio cristiano. Cierra el libro una breve reflexión sobre el dinamismo espiritual del encuentro entre Dios, que se comunica como amor, y la respuesta de la fe.

A. Jiménez Ortiz

Proyección (Facultad de Teología de Granada) 254 (julio-septiembre de 2014) 332.

Gabino Uríbarri, elegido miembro de la Comisión Teológica Internacional

Es autor de La singular humanidad de Jesucristo,
publicado en SAN PABLO

(SP). El teólogo jesuita Gabino Uríbarri, autor de La singular humanidad de Jesucristo, obra publicada por San Pablo en su colección Teología Comillas en colaboración con la Universidad Pontificia Comillas, ha sido designado por el Papa Francisco miembro de la Comisión Teológica Internacional. Esta Comisión está compuesta por un máximo de treinta teólogos de diferentes escuelas y naciones, que destacan por su ciencia y su fidelidad al Magisterio de la Iglesia, y que son designados por el Papa cada quinquenio tras la propuesta del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después de consultar a las Conferencias Episcopales.

Gabino Uríbarri

En la nueva Comisión, que se reunirá por primera vez en la primera semana de Adviento, figura, además de Gabino Uríbarri, otro teólogo español, Javier Prades López, cinco teólogos latinoamericanos, lo que supone una mayor presencia de teólogos de este continente respecto a la Comisión anterior, y cinco mujeres, lo que, según fuentes vaticanas, «da cuenta de la tarea, cada vez más calificada, de las mujeres en el ámbito de las ciencias teológicas».

Estos son los miembros de la nueva Comisión:
– P. Serge-Thomas BONINO, O.P., Secretario General, Francia.
– Rev.do Terwase Henry AKAABIAM, Nigeria.
– Sor Prudence ALLEN, R.S.M., Estados Unidos.
– Sor Alenka ARKO, de la Comunidad Loyola, Federación Rusa – Eslovenia.
– Mons. Antonio Luiz CATELAN FERREIRA, Brasil.
– Mons. Piero CODA, Italia.
– Rev.do Lajos DOLHAI, Hungría.
– P. Peter DUBOVSKÝ, S.I., Eslovaquia.
– Rev.do Mario Angel FLORES RAMOS, México.
– Rev.do Carlos María GALLI, Argentina.
– Rev.do Krzysztof GÓŹDŹ, Polonia.
– Rev.do Gaby Alfred HACHEM, Líbano.
– P. Thomas KOLLAMPARAMPIL, C.M.I., India.
– Rev.do Koffi Messan Laurent KPOGO, Togo.
– Rev.do Oswaldo MARTÍNEZ MENDOZA, Colombia.
– Prof.ª Moira Mary McQUEEN, Canadá – Gran Bretaña.
– Rev.do Karl-Heinz MENKE, Alemania.
– Rev.do John Junyang PARK, Corea.
– P. Bernard POTTIER, S.I., Bélgica.
– Rev.do Javier PRADES LÓPEZ, España.
– Prof.ª Tracey ROWLAND, Australia.
– Prof. Héctor Gustavo SÁNCHEZ ROJAS, S.C.V., Perú.
– Prof.ª Marianne SCHLOSSER, Austria – Alemania.
– Rev.do Nicholaus SEGEJA M’HELA, Tanzania.
– Rev.do Pierangelo SEQUERI, Italia.
– Rev.do eljko TANJIĆ, Croacia.
– P. Gerard Francisco P. TIMONER III, O.P., Filipinas.
– P. Gabino URIBARRI BILBAO, S.I., España.
– Rev.do Philippe VALLIN, Francia.
– P. Thomas G. WEINANDY, O.F.M.Cap., Estados Unidos.

(Con información de Zenit y Religión Digital).

 

Apertura a un futuro esperanzado para la mujer en la Iglesia

(P. Sellés, en Nova et Vetera). El autor, Fernando Rivas, nos ofrece en el título del libro el contenido esencial del mismo. Atrayente y significativo a la vez, dice así: Desterradas hijas de Eva. Protagonismo y marginación de la mujer en el cristianismo primitivo.

Podríamos decir que el hilo conductor del libro constituye toda una manifestación de «dolor y agradecimiento» en palabras textuales del autor, hacia las mujeres que a lo largo de la historia de la Iglesia han sido marginadas y que en los inicios de las primeras comunidades eclesiales tuvieron un amplio papel y reconocimiento.

Desarrollado en seis capítulos, vamos asistiendo a una especie de revelación y ocaso de la misión que la mujer ha ejercido desde los primeros siglos del cristianismo.

En los inicios, enmarcados en el ámbito geográfico de Asia Menor, donde arraigó con fuerza el movimiento cristiano, la mujer poseía un papel fundamental propiciado ante todo, por el singular trato de Jesús hacia ella, así como el intento, entre los primeros dirigentes, de favorecer unas relaciones de igualdad entre hombre y mujer. También contribuyó a este protagonismo, la importancia de la comunidad como iglesia doméstica, a cuyo frente estaba la materfamilias. Y el protagonismo alcanza a mujeres comprometidas en actividades misioneras o responsabilidades comunitarias tales como Priscila, María, Trifena, Trifosa, citadas por el apóstol Pablo en sus escritos.

A partir del s. II se va produciendo un proceso de patriarcalización en la Iglesia primitiva, motivado por el paso de un espacio doméstico a uno más público, por la configuración del liderazgo en tomo al episkopos, por el paso de la tradición oral (de la que las mujeres eran las principales transmisoras) a una tradición escrita, y por el surgimiento de numerosas críticas, venidas desde fuera de la propia comunidad al papel de las mujeres en el seno de las mismas. Todo ello contribuyó a la relegación de la mujer al ámbito privado, aunque no faltaron grupos que pervivieron (montanistas) al margen de la Iglesia oficial, que con el tiempo sucumbieron; la mujer quedaría desplazada al grupo de las viudas y diaconisas por un lado, y a los campos del ascetismo y martirio, íntimamente ligados, por otro.

Pasa el autor a continuación a presentarnos una serie de escritos sobre las mujeres cristianas en el N. de África latina durante el s. III. Tertuliano y Cipriano de Cartago son los autores que dedican alguna de sus obras a las mujeres, pertenecientes a clases acomodadas que elegían el estado de virginidad, hecho que les permitía llevar una vida libre del dominio del varón, y dedicarse a atender a las personas más desfavorecidas de la sociedad.

Entre los escritos de esta época destaca la Pasión de Perpetua y Felicidad, por ser el primer testimonio de martirio que es narrado por una de las protagonistas del mismo: Perpetua. De ahí que le dedique todo el tercer capítulo del libro a analizar los detalles de tan interesante «exempla» para la comunidad cristiana, que acompaña en el camino a estas mujeres, dotadas de una excepcional valentía en el seguimiento de Jesucristo. Asimismo, se realiza un estudio comparativo entre el martirio de estas mujeres «viriles» que destacaron por su fortaleza en el sufrimiento, y el martirio de una esclava, Blandina, que al igual que las anteriores mártires, constituye todo un testimonio de fe, en medio de un ambiente hostil a los cristianos.

En el capítulo 4 el autor nos ofrece un estudio sobre los orígenes del monacato femenino en Egipto. Presenta los diferentes tipos de ascetismo: urbano, caracterizado por la «fuga mundi»; mujeres en agrupaciones anacoréticas, y los monasterios de vida en común, insertos en el mundo rural sobre todo, en estrecha dependencia respecto a la estructura jerárquica.

De notable interés resulta la visión que tiene Basilio de Cesarea acerca de la mujer en sus escritos pastorales y cartas. Aunque subyacen los tintes culturales propios de su tiempo, dominado por la supremacía del varón, Basilio considera a la mujer cristiana, interlocutora válida de su discurso y apunta a una cierta consideración de la mujer, capaz de dirigir su vida y su destino.

En el capítulo 6, presenta el autor una síntesis del ascetismo femenino en Roma (fines del s. IV y comienzos del s. V): mujeres pertenecientes a la clase alta dedicadas a la vida ascética y promotoras de ayudas a necesitados y a las autoridades eclesiásticas que les acompañan en su caminar.

Finalmente, nos ofrece dos figuras representativas del Imperio en Constantinopla. Se trata de Olimpia y Pulqueria, que tuvieron un papel esencial en la difusión del cristianismo en Oriente; a esta última se le reconoce su participación en el Código teodosiano y en el Concilio de Calcedonia, hechos que han sido silenciados por su condición de mujer.

Plantea Fernando Rivas, como síntesis de su obra, una serie de principios claves para hacer realidad el mensaje central de Gál 3, 28: «Ya no hay distinción entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús». Conocer el papel que la mujer tuvo en el cristianismo primitivo, ofrece una pista de lanzamiento para darle los cauces de participación y protagonismo que le corresponde como «ser creado a imagen y semejanza de Dios».

Estamos, por tanto, ante un libro interesante, documentado con abundante bibliografía para quien desee profundizar en el tema y, sobre todo, abierto a un futuro esperanzado para la mujer en la Iglesia.

P. Sellés

Nova et Vetera 77 (enero-junio de 2014) 146-148.

Recomendable lectura para los estudiosos de la Teología moral fundamental

(G. S., en Actualidad Bibliográfica). Se trata de un serio estudio acerca de la Autonomía moral, enfocada desde la perspectiva de la Teología moral fundamental. Nos dice el autor, profesor de Teología moral en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas, que su estudio constituye, por un lado, «un camino de búsqueda de la identidad de la moral cristiana en una época social y cultural de gran inseguridad y confusión moral» (p. 28); por otro, el trabajo es el resultado «de la insatisfacción personal ante una moral frecuentemente encerrada en cuestiones extremadamente prácticas, en debates acerca de problemas técnicos, en enfrentamientos entre alternativas posibles, y, en último término, insatisfacción ante una moral de corte decisionista y reivindicadora» (p. 29). La obra consta de tres capítulos a los que precede una introducción y concluye con una breve conclusión.

El primer capítulo desarrolla ampliamente los importantes conceptos de «Autonomía moral, secularización e inmanencia». En él analiza el autor «todo el trasfondo de la autonomía moral y sus fundamentos filosóficos a lo largo de la Modernidad con la intención de buscar los elementos que la han llevado a una comprensión solipsista o cerrada y que en el fondo recibe su expresión externa en la libertad de acción, en la autodeterminación» (p. 29). El capítulo está dividido en dos secciones: una trata de secularización y autonomía; la otra se ocupa de inmanencia, subjetividad y autonomía. Considera el autor la secularización y la revalorización de la subjetividad como dos conceptos de la máxima importancia, ya que de alguna manera han configurado la cultura occidental de los últimos siglos. Aborda el problema de las diversas teorías de la secularización. Comenta la sentencia de R. Guardini y la interpretación de la secularización de F. Gogarten y de otros autores que tratan del tema, haciendo ver la importancia que ha tenido y sigue teniendo la secularización en relación a la moral. En la segunda sección, dedicada a «la inmanencia, subjetividad y autonomía», estudia el autor ampliamente, entre otros, a Descartes y a Kant, los autores principales que sentaron las bases de las nuevas comprensiones de la subjetividad y de la autonomía moral.

Los capítulos segundo y tercero tienen un carácter esencialmente teológico. El segundo profundiza los conceptos de autonomía moral y teonomía, exponiendo los problemas de la autonomía en la teología moral. Aborda los problemas de la recepción teológica de la autonomía moral y el debate surgido tras el Vaticano II entre las llamadas moral autónoma y ética de la fe. Un capítulo de gran importancia, en nuestra opinión, ya que el autor examina al respecto el pensamiento de destacados moralistas de gran influencia en nuestro tiempo: J. Fuchs, A. Auer, F. Böckle, Marciano Vidal, Dietmar Mieth, P. Delhaye, H. U. Von Balthasar, H. Schürmann, J. Ratzinger, los textos de la Comisión Teológica Internacional, Martin Rhonheimer, un amplio estudio de la encíclica Veritatis Splendor… Un capítulo realmente magnífico en el que el autor va analizando las aportaciones más relevantes de aquellos autores que se han enfrentado con el tema de la autonomía moral. Al final de cada exposición hace el autor sus observaciones críticas o unas puntualizaciones, que nos han parecido muy pertinentes.

El tercer y último capítulo trata de «la autonomía moral del cristiano y el ser de la teología moral». En él nos ofrece el autor «un intento de comprensión de la autonomía moral desde una perspectiva teológica y cristiana que supere las deficiencias y límites de las corrientes anteriores, tomando en consideración radicalmente las primeras palabras del Credo» (p. 31). En la conclusión de todo el estudio, «El ser y la identidad de la Teología moral», resume el autor lo más fundamental de su pensamiento, que queda bien expresado en la afirmación: «Creo que tras todo mi recorrido se abre una vía hacia una moral fundamental más teológica y, por eso mismo, más radicalmente humana, y esto en un doble sentido… Por un lado, mediante la ineludible vinculación de la moral con el conjunto de la teología sistemática. Y, por otro, una Teología moral consciente de que recibe su sentido del hecho de que el ser humano se halle sometido a las condiciones de la existencia finita en donde la imperfección, el conflicto y la tentación constituyen una prueba constante a su realización y también a su felicidad» (pp. 411 -412). Un estudio muy bien hecho cuya lectura recomendamos a los que se dedican a la Teología moral fundamental.

G. S.

Actualidad Bibliográfica 101 (enero-junio de 2014) 77-78.