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Origen, historia, esencia y fundamento del movimiento de la Renovación Carismática

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). El dominico Vicente Borragán Mata es el autor de La Renovación Carismática (Una experiencia de gratuidad), un libro escrito desde la propia experiencia y desde la reflexión. Pretende dar a conocer este movimiento que, en su versión más moderna y posconciliar, alcanza ya los cincuenta años de existencia, desde su irrupción como un nuevo pentecostés en medio del ambiente secularizado que acosa al Viejo Continente. El autor da a conocer cuál es el origen y qué se entiende por Renovación Carismática, en qué consiste el bautismo en el Espíritu y los efectos del mismo, la gratuidad como fundamento teológico en el que se apoya; se detiene también a explicar cómo funciona el movimiento, hace un recorrido por los peligros que le acechan tanto desde el exterior como del interior y expone los temores y esperanzas ante el futuro del mismo. Valga, finalmente, la apostilla de que extraña no encontrar entre la bibliografía manejada por el autor una obra tan voluminosa y exhaustiva como La Renovación en el Espíritu, tesis doctoral de Denise Blackebourg.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.872 (25 de febrero de 2017) 16.

La cercanía del Espíritu Santo

(Ángel Gómez Escorial, en Betania). Subyugante libro… como lo puede ser la misma Renovación Carismática. Ni más ni menos. Es una realidad. No un movimiento. La experiencia del Bautismo del Espíritu Santo es algo individual en la medida de quien lo recibe y lo siente. Pero es comunitario al producirse en el contexto de un determinado agrupamiento de personas que buscan eso: al Espíritu Santo.

Celebramos los 50 años del Concilio Vaticano II pero también hace otros cincuenta años que la Renovación Carismática está presente en el devenir de la Iglesia católica y de otras Iglesias. Vicente Borragán Mata –y no es este su primer libro sobre el Carisma– narra la historia con precisión desde su aparición –como un vendaval– en varios lugares de Estados Unidos, como la llegada del bautizo del Espíritu entre católicos. Utiliza Borragán el termino gratuidad que, al parecer, no existe en inglés y que nuestro idioma si define. El sumario o subtitulo de La Renovación Carismática es precisamente «Una experiencia de gratuidad». Y explica cómo funciona la Renovación Carismática y su actividad normal o cotidiana. Sigue leyendo

La Renovación Carismática a los 50 años de su creación

(SP). La Renovación Carismática está a punto de cumplir cincuenta años. Pero, ¿qué se esconde detrás de ese nombre? ¿Cuál es su origen? ¿Dónde reside su fuerza y su atractivo? ¿Cuáles son los peligros a los que se enfrenta y las críticas que recibe? ¿Cómo funciona? ¿Hacia dónde se encamina? A estas y otras preguntas da respuesta Vicente Borragán Mata en este libro –La Renovación Carismática–, fruto de la propia experiencia y de la reflexión serena sobre este movimiento. Un movimiento que surgió cuando todo parecía indicar que Dios había muerto, que la ciencia había ocupado su lugar y que la secularización había invadido el campo de la religión, cuando los bancos de las iglesias, seminarios, conventos y monasterios comenzaban a quedarse vacíos, y que supuso una entrada del Espíritu del Señor en la vida de la Iglesia, como un viento huracanado, que renueva la esperanza y remarca que la única ley es la absoluta gratuidad de la acción de Dios.

Recuperar el sentido de la gratuidad en la espiritualidad cristiana

(I. Camacho, en Proyección). No es arriesgado decir que a lo largo de la historia se ha producido una degradación del sentido de la gracia para volver a una dinámica de la ley, más acorde con las constantes de una religiosidad natural. El cristianismo se ha vivido entonces como una “religión de obras y de esfuerzos” por parte del ser humano, y no como una “historia de amor y de gracia” por parte de Dios. De acuerdo con este cambio, el ser humano se erige en el protagonista principal y relega a Dios a un segundo plano para reducir su papel al de ayuda o al de juez que premia y castiga según los merecimientos de cada uno. Con esto el cristianismo ha perdido lo que es más sustancial y más original en él. Por eso hay que agradecer al dominico Vicente Borragán, profesor de Teología y autor de numerosos libros de divulgación teológica, este libro –La gratuidad– que ayudará a recuperar el sentido de la gratuidad en la teología y en la espiritualidad cristiana. Es un libro teológico: en él se analiza el desarrollo del tratado de gracia y se hacen propuestas para una revisión del mismo, más acorde con este enfoque que devuelve a Dios el lugar que le corresponde según la tradición más auténtica de la Iglesia. Sólo se echa en falta una mayor atención a las aportaciones de Benedicto XVI, que tanto ha insistido en esta dimensión de la fe.

I. Camacho

Proyección 261 (abril-junio de 2016) 212.

Es Dios quien toma la iniciativa de toda nuestra vida

(A. Montero, en Studium). El padre Vicente Borragán es un miembro destacado de la Renovación Carismática Católica, y los temas que ha abordado en estos últimos años en sus libros abarcan prácticamente toda la teología católica. Pero hay uno por el que mantiene una particular querencia: La gratuidad. Aquí le aborda de plano. No podemos seguir viviendo, dice el autor, bajo la dinámica de la ley, de la religiosidad natural, de las obras, de los méritos, de las virtudes, de la ascesis, del esfuerzo, del trabajo, de los méritos, al margen de la gratuidad y del don. No podemos seguir pensando que somos nosotros los que nos salvamos a nosotros mismos, sino que es Dios el que salva. Él es quien toma la iniciativa de toda nuestra vida. Estamos muy acostumbrados a pensar que lo primero son las obras que ponemos de nuestra parte y de nuestra voluntad para agradar a Dios. «En el régimen de la gratuidad todo comienza con un regalo, con un don gratuito, no con una serie de esfuerzos por ganar lo que no se puede ganar y por merecer lo que no se puede merecer. Antes de exigir nada, Dios ya nos lo ha dado todo; antes de esperar algo de nuestra parte, él ya nos ha dado la gracia de su presencia. La vida cristiana no es el relato de las obras del hombre por Dios, sino la historia de la obra de Dios por el hombre… No es la gracia la que está al servicio de la ley, sino la ley al servicio de la gracia». Este puede ser un resumen de este libro tan bien escrito que te va llevando como sin darte cuenta hasta el final.

A. Montero

STUDIUM, vol. LVI, 2016, fasc. 1, págs. 155-156.

Mirar a la Iglesia sin complejos, cara a cara

(Mariano Boyano Revilla, en Revista Agustiniana). Frente a una Iglesia actualmente denostada desde dentro y desde fuera, mirada con indiferencia y bastante desconocida, el biblista dominico Vicente Borragán Mata invita a conocerla más de cerca y a mirarla sin complejos a la cara. Piensa que especialmente los cristianos debemos escudriñar sin miedo las luces y las sombras de su historia y del momento presente, pero es necesario hacerlo llenos de la esperanza que en ella depositó un día el Resucitado. Son fuertes las lacras pasadas y presentes que un análisis riguroso desvela, pero quizá sea también buen tiempo para el rearme moral de todos los que la formamos. He aquí el punto de partida del autor: «Un desierto árido se abre ante nosotros, un tiempo de caminar sobre arenas. Pero es tiempo de esperanza. Porque más allá del desierto está la Tierra de la promesa, más allá de la noche está el Sol de todos los soles, más allá de la muerte está el Resucitado. Caminamos hacia una Iglesia de minorías, pero seguramente mucho más limpia que en los tiempos pasados. Guiada y animada por el Espíritu, la Iglesia seguirá dando testimonio del Señor en el mundo y haciendo frente a todos los problemas que inquietan a los hombres» (9).

A vueltas con la Iglesia está formado por ocho capítulos ordenados de una manera muy simple y lógica. Los dos primeros nos presentan en excelente y claro resumen sobre Qué es la Iglesia (fundación, imágenes, notas, misión … ) y una sugerente visión general de La Iglesia en la historia. El tercero, titulado La Iglesia perseguida y acosada, nos recuerda las persecuciones violentas e ideológicas que ha tenido en todos los tiempos y nos muestra los ataques, a veces despiadados, de la actualidad. El cuarto, el más largo de todos, se detiene para analizar con realismo y valentía Los pecados más íntimos de la Iglesia. Señala que los fallos acompañaron ya a la Iglesia naciente, pero se multiplicaron a partir de Constantino. «La iglesia, dice, supo vivir señorialmente en la adversidad, pero no supo mantener la misma dignidad en la prosperidad. Se subió al carro de los honores y de los privilegios, y desde entonces no ha querido bajarse en ningún momento» (60). A continuación, se atreve a denunciar uno por uno los veinte fallos que él considera más importantes. Esta introducción nos da idea del polémico contenido: «la imagen de Dios y de la Iglesia han sido desfiguradas terriblemente, se ha perdido el kerygma, es decir, el anuncio de Jesús como Señor y como Salvador, se ha perdido la gratuidad de la acción de Dios y hemos caído en una religión de ritos y de prácticas, de obras y de méritos, se ha producido un divorcio casi total entre fe y vida, se ha provocado una división sangrante entre el clero y el pueblo, el seguimiento ha sido olvidado, se han apagado los carismas, se han originado cismas y rupturas, la Iglesia jerárquica ha sido prepotente, autoritaria e impositiva, la figura del papa ha sido exaltada sin medida, el afán de riqueza, de dominio y de poder se ha apoderado de los representantes más cualificados, la Curia romana ha cometido una gran cantidad de errores a lo largo de su historia, la Iglesia ha impuesto a los fieles la práctica de los sacramentos, y a los sacerdotes y religiosos la obligación de rezar el oficio divino bajo pena de pecado, se han producido atentados contra la libertad, se ha justificado la guerra justa y la pena de muerte…» (61).

Tras este duro repaso, habla de la Iglesia del Vaticano II que ha sabido pedir perdón y titula el capítulo sexto Todavía hay esperanza. En él acude a varias imágenes bíblicas, como son el desierto, el destierro, el resto, la Iglesia como sal, luz y fermento, las preferencias de Dios por lo pequeño… para señalar los brotes de esperanza… que siempre se pueden vislumbrar. De este modo cierra el apartado: «El Espíritu Santo está rejuveneciendo en nuestros días a su Iglesia. Tal vez haya sido un gran regalo de Dios que se haya perdido aquella fe antigua, hecha de prácticas, para que pueda nacer una religión en la que el Señor vuelva a revelarnos que todo es gracia. El Espíritu dispone de mil medios para llevar esta historia adelante y sigue gimiendo con gemidos indecibles e inexpresables por todos nosotros. Esa es nuestra esperanza» (181). El séptimo, titulado La Iglesia ante el mundo actual, estudia los desafíos externos de la Iglesia (pobreza, increencia, evangelización) y señala algunos problemas internos que él considera especialmente complicados entre todos los anteriormente señalados (evangelización del pueblo cristiano, ordenación de hombres casados, celibato de los sacerdotes, la mujer en la iglesia, problemas de la familia…). Cierra la obra un capítulo destinado a soñar cómo será La iglesia del futuro. Nadie puede precisarlo, pero seguramente será, piensa Vicente Borragán: una Iglesia de minorías, pobre y servicial, una Iglesia profética, dialogante, una Iglesia como pueblo de Dios, muy sencilla, sin grandes planes ni proyectos, con una nueva organización, sin miedo, animada por el Espíritu, «una Iglesia con el máximo de espiritualidad y el mínimo indispensable de organización»…

Seguramente no todos compartirán las aceradas críticas del autor, pero estoy casi seguro que el libro –como todos los de la misma colección impecablemente presentado por la Editorial San Pablo– será un sano revulsivo para todos los que lo lean desde la perspectiva cariñosa y filial con que ha sido escrito. Nos unimos a sus deseos: «No tenemos que escandalizarnos de nada. Esta es nuestra Iglesia. Esta es la esposa del Señor. Nos gustaría verla resplandeciente como una reina, pero tenemos que quererla tal como es, pobre y débil, pero plena de esperanza; cargada de años, pero llena de vigor; atraída por todas las cosas de este mundo, pero sin poder olvidar al Resucitado que lleva en sus entrañas. A todos nos gustaría una Iglesia limpia y pura, pero está compuesta por ti y por mí, que no somos ni puros ni limpios» (241-242).

Mariano Boyano Revilla

Revista Agustiniana vol. 56 (2015), 424-426.

Una invitación a vivir la vida de fe desde la gracia de Dios

(SP). Las páginas de este libro –La gratuidad– giran en torno a estas coordenadas: ley y gracia, exigencia y don, lo debido y lo gratuito, lo merecido y lo regalado, las virtudes y los dones, el mérito y la gratuidad… ¿Cómo compaginar esos elementos tan distintos? ¿Es posible que puedan convivir los unos con los otros? A estas preguntas responde el autor, afirmando que «no podemos vivir dos vidas paralelas: una basada en nuestras obras y esfuerzos; otra basada en la gracia de Dios. Sólo desde una vida vivida en la gratuidad se irá desvaneciendo el rumor de palabras como ley, esfuerzos, obras, méritos, exigencias, sacrificios, para dejar paso a una dulce melodía que acaricia nuestra alma: todo es gracia. Esa es la asignatura pendiente que tenemos los hombres con respecto a Dios».

De los fallos de la Iglesia a la Iglesia del futuro

(A. Montero, en Studium). Hace tres años que el autor de este libro escribió otro libro sobre la Iglesia: La Iglesia que yo amo, con cuyo ejercicio experimentó –según confesión propia– un gran gozo al encontrarse con el rostro de esa Madre venerable, pecadora pero santa, llena de arrugas pero resplandeciente de belleza, revestida de harapos pero habitada por el Espíritu del Resucitado. Y si hoy se acerca de nuevo a ella con A vueltas con la Iglesia es para detectar los fallos más íntimos que se han producido en su vida sin que por eso se quede solo en los fallos. Intenta también recuperar la belleza y el resplandor de los primeros días. En el primer capítulo se ocupa de la Iglesia en su sentido de definición, carismático y organizativo. El segundo, lo dedica a la Iglesia en la Historia, desde el comienzo hasta nuestros días poniendo como hilo conductor el poder. Y cuántos fallos encuentra aquí el autor. En el Tercer capítulo nos presenta la imagen de la Iglesia perseguida y acosada. Magnífico resumen de las persecuciones antiguas y modernas contra la Iglesia. El cuarto capítulo es donde más quería recalar probablemente el autor: Los pecados más íntimos de la Iglesia. Enumera algunos, bastantes, como las cruzadas, la Inquisición, el caso Galileo Galilei…, pero analiza las causas: pérdida del Kerigma, del Carisma, de la gratuidad, del seguimiento, ruptura entre la fe y la vida, helenización del cristianismo… Y, como consecuencia, las censuras, las imposiciones y las obligaciones bajo pena de pecado mortal. Y al final, los fallos de la Jerarquía. Este es un capítulo que da mucho para pensar. En el quinto, la Iglesia pide perdón, donde destaca la figura de Juan Pablo II en esta actitud. En el sexto, nos brinda el autor unas páginas espléndidas donde demuestra que todavía hay esperanza. En el capítulo sétimo: la iglesia ante el mundo actual, toca unos temas de palpitante actualidad: el celibato, ordenación de hombres casados, la presencia de la mujer en la Iglesia, la familia. Para terminar en el capítulo octavo con lo que ha de ser La Iglesia del futuro: de minorías, pobre y servicial, profética, dialogante, sencilla, sin miedo… Un trabajo verdaderamente espléndido. Un libro que hay que leer.

A. Montero

Studium Vol. LV, fasc. 2, p. 336-337.

Una revisión de «los pecados más íntimos» de la Iglesia

(L. A. Rodríguez de Rivera, en La Ciudad de Dios). Vicente Barragán Mata, dominico, profesor de teología, y autor de numerosos libros de divulgación teológica y espiritual, gran conocedor del movimiento de la Renovación Carismática Católica, aborda en A vueltas con la Iglesia un cierto balance actual e histórico de las luces y las sombras de la Iglesia Católica.

Dice el autor que la Iglesia Católica hoy se sitúa como una de las instituciones menos valoradas y en un momento de gran descrédito social. Su intención es analizar el porqué de este descrédito. El análisis pretende ser de cierta profundidad, más allá de los estereotipos simplificados y de las ideas preconcebidas que se suelen dar en la crítica a la Iglesia. El autor da su personal visión de lo que él llama «los pecados más íntimos» de la Iglesia. Tiene la impresión de que antes de que se pusieran en evidencia los ya conocidos errores históricos de la Iglesia (las Cruzadas, la Inquisición, la evangelización impuesta, etc.), han quedado en la penumbra otras heridas más hondas que la han afectado en lo más profundo de su ser. Son en estos errores y pérdidas en los que se centra el autor al describir las «Sombras» de la Iglesia. Y lo hace con extensión, pues el capítulo dedicado a este propósito es, con diferencia, el más amplio.

Dice el autor que su propósito no es recordar fallos y pecados que ya han sido puestos de manifiesto tanto desde el exterior como desde interior de la Iglesia, sino aportar luz sobre aquellos caminos que debe recuperar la Iglesia para centrarse en su misión.

El libro se estructura en ocho capítulos. El primero se pregunta por la fundación y misión de la Iglesia para dar una cierta definición: una «mezcla explosiva de lo divino y de lo humano, de la gracia con el pecado». Esas dos caras, visible e invisible, de la Iglesia son las que, para el autor, condicionan las luces y las sombras de su historia. Lo más lo oculto de la Iglesia, lo menos evidente, es lo decisivo en ella.

El segundo capítulo h ace un sumario recorrido histórico desde los orígenes hasta nuestros días. Los apartados del capítulo dividen el devenir histórico de la Iglesia en «etapas»: orígenes, época patrística, Edad Media, y desde Trento hasta nuestros días. Se trata de un muy rápido repaso para entender «muchas cosas de la Iglesia», que ha ido mostrando muchas caras: comunitaria en los primeros siglos, largamente imperial y señorial en la Edad Media y Moderna, monárquica en el XIX, maestra en el XX y buscando ser pueblo de Dios y sacramento de salvación en la descripción que hace de ella el Concilio Vaticano II, deseando volver a los orígenes.

El tercer capítulo habla de cómo la Iglesia ha sido perseguida y acosada en la historia. Primero en la era de los mártires de los siglos iniciales, y luego desde la crítica a las malas opciones históricas que fue tomando. El martirio se sigue dando hoy y la crítica también. Defenderse es comprensible. Pero más importante es que, desde su debilidad, es el Señor el que muestra su fortaleza.

El cuarto capítulo es el central del libro y quizá el de más interés, por ese recorrido que hace de los pecados más íntimos de la Iglesia. Algunos de ellos pueden resultar novedosos para el gran público y pueden generar reflexión en los cristianos de hoy que buscan seguir a Cristo sin ignorar el pasado de la Iglesia. La selección de fallos que hace el autor es la que, a su entender, más influencia negativa ha tenido en la vida de la Iglesia.

Los primeros pecados son sobre lo más esencial: la imagen deformada de Dios desde una pastoral del miedo y de la misma Iglesia (en semejanza a esta imagen negativa de Dios). A continuación, algo también de profundas consecuencias: la pérdida del kerigma, de la evangelización como anuncio y de la catequesis, convirtiendo la fe más en un hecho sociológico antes que el resultado de un encuentro y una aceptación personal con Jesús. Y tras estas esencias deformadas continuarían, según el autor, otras pérdidas en cadena: la pérdida de la gratuidad, la pérdida del seguimiento, la ruptura entre fe y vida, la pérdida de los carismas y la pérdida de la unidad misma de la Iglesia.

Otros pecados de la institucionalización parten de la helenización del cristianismo con la ruptura entre el clero y los fieles y la busca de seguridades: el no acceso directo de los fieles a la palabra de Dios, la fuga mundi, la imposición de la práctica de los sacramentos a los fieles cristianos, la imposición del latín como lengua litúrgica universal, la obligación de rezar el oficio divino bajo pena de pecado mortal, la censura eclasiástica.

Un gran pecado «político» para el autor fue la admisión de la pena de muerte y la guerra justa. Y en esta línea del poder, se sitúan los fallos de la jerarquía eclesiástica: desde el mismo lenguaje que se impuso para para hablar de la jerarquía hasta los errores de fortalecer a la Curia Romana y la diplomacia vaticana, pasando por el entramado peligroso de Iglesia, riqueza y poder. Es urgente recuperar la imagen de la jerarquía y es posible, y los llamamientos del actual papa Francisco hablan con fuerza de ello. El último gran pecado sería del mismo pueblo de Dios, que ha sido culpable de negligencia.

En el quinto capítulo se constata el propósito de enmienda de la Iglesia especialmente desde Juan Pablo II, con las públicas peticiones de perdón por sus pecados históricos y más recientes que ha ido realizando en las últimas décadas. Por ello, dice el título del sexto capítulo que «todavía hay esperanza», pues el tiempo de desierto y conversión es camino en el que se atisban brotes como el crecimiento del laicado, los nuevos movimientos eclesiales y la conciencia creciente de una Iglesia pequeña pero testimonio en el mundo.

El texto, para acabar, aunque recorre los errores más funestos de la Iglesia no deja de fijarse en las salidas que hay y en los caminos de verdad que desea recorrer la Iglesia. Y a este recensionador se le antoja que el eco del actual papa Francisco está muy presente en las líneas del libro.

L. A. Rodríguez de Rivera

La Ciudad de Dios CCXXVIII (2015) 38-39.

Tiempo de purificación

(Jesús Sastre García, en Vida Nueva). Vicente Borragán es un dominico especialista en Teología Bíblica que, además de profesor en los centros teológicos de su orden, es autor de numerosas obras publicadas en la editorial San Pablo. Sobre el tema de la Iglesia, concretamente, ya vio la luz un libro suyo en 2011 con el título La Iglesia que yo amo. Ahora vuelve sobre el mismo asunto desde una perspectiva distinta, pero complementaria: las luces y sombras de esta institución bimilenaria, como reza el propio subtítulo de A vueltas con la Iglesia, el volumen que ahora presentamos.

Estamos ante un texto con buena estructura interna, escrito con lenguaje sencillo y claro, y con abundantes sugerencias y propuestas para mirar al futuro de la Iglesia con esperanza.

El autor parte de una síntesis de lo que la Iglesia es y de las etapas por las que ha pasado a lo largo de su historia. Ahí encontramos algunos datos que han influido fuertemente en la configuración de la situación en que nos encontramos los católicos y que, a pesar de la renovación del Concilio Vaticano II, no hemos superado. El capítulo cuarto –el más largo (pp. 59-148)– aborda “Los pecados más íntimos de la Iglesia”. En él, con datos y razones convincentes, señala que la situación actual de crisis que padece la Iglesia (“muchos nos están devolviendo el carnet de identidad”) está en los dieciocho fallos que aquí recoge.

El tono con que aborda tales fallos es propio de una persona que ama profundamente a la Iglesia y que, al tiempo, es fiel a la realidad y manifiesta con toda libertad lo que piensa. Una práctica que, si abundara más en la Iglesia y nos escucháramos más unos a otros, nos haría mucho bien a todos. Algunos aspectos los ilustra con anécdotas que, de manera viva y jocosa, desde nuestra perspectiva actual, expresan muy bien el fondo de la cuestión.

Claridad y pasión

El análisis de la realidad que emprende el P. Borragán es básico para los capítulos siguientes del libro: pedir perdón, recuperar la confianza, ver con serenidad los retos que el mundo actual plantea a los creyentes y tratar de diseñar la “Iglesia del futuro”. Es admirable la claridad con que el autor se expresa, así como la pasión que pone en sus juicios de valor y las propuestas que hace para el bien de la Iglesia. Se nota que de joven ha vivido el Concilio Vaticano II y ha trabajado por su aplicación, tanto en su quehacer teológico como pastoral.

Las reflexiones que hace sobre las sombras eclesiales, los desafíos a los que nos enfrentamos y los rasgos de la Iglesia del futuro son muy acertados. Ojalá que entre todos sepamos dar las respuestas adecuadas sin miedo al peso de las tradiciones, a los cambios necesarios, a las estructuras caducas y a los procedimientos poco acordes con el mundo actual. Seguramente, hay que remover todo el edificio de la Iglesia; no bastan pequeños retoques para que todo siga igual.

Algo que ayuda a la lectura del libro son los continuos y abundantes interrogantes que se hace el autor, para después ahondar en las causas de los problemas y apuntar las posibles soluciones.

El libro se lee bien, el tratamiento del tema es divulgativo y puede ayudar mucho a creyentes perplejos, alejados, desencantados y a los que se acercan a la Iglesia con recelos y reservas. No podemos olvidar que la Iglesia es de las instituciones menos valoradas en las encuestas; con frecuencia es mirada con indiferencia e, incluso, rechazo.

Para Vicente Borragán, el momento que vive la Iglesia no hay que verlo como negativo, sino como prueba y purificación (“éxodo y desierto”); por lo mismo, este tiempo es también tiempo de esperanza y de reavivar la fe y la evangelización. Cristo Resucitado sigue vivo y actuando en la historia, y la Iglesia existe para llevar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo al encuentro con Dios y a la solidaridad con los hermanos.

Jesús Sastre García

Vida Nueva 2.929 (14 de febrero de 2015) 48.