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El sentido cristiano del final de la existencia terrena

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Dos libritos de alguna manera relacionados entre sí aparecen en la colección Vivir con Misericordia de la Editorial San Pablo; se trata de Sepultar a los muertos de José A. Belmonte Aguilar y Rogar a Dios por los vivos y los difuntos de Cristina Simonelli. El primero está estructurado como un pequeño tratado, en el que se recogen las enseñanzas de la Sagrada Escritura al respecto, algunos comentarios de teólogos o escritores antiguos, el sentido litúrgico que rodea a la muerte y la interpretación y significado de los símbolos que acompañan al momento de la muerte y el enterramiento; por supuesto, se destaca el sentido cristiano del final de la existencia terrena con la esperanza de la salvación en Jesucristo: la creencia en la resurrección de los muertos lleva a la práctica de la oración, sobre todo con la celebración litúrgica del misterio pascual.

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Una ITV de vida cristiana

(Alfa y Omega). San Pablo ha completado la publicación de los 14 libritos de la colección Vivir con Misericordia. Se presentan las obras de misericordia de forma actual y amena, entremezclando comentarios bíblicos e históricos con historias del día sobre la labor de la Iglesia en las cárceles, los hospitales, las misiones o en Cáritas, testimonios que a su vez interpelan al lector sobre cómo puede vivir personalmente las obras de misericordia, el termómetro con el que el Papa ha querido en este Año Jubilar que cada cual confronte su vida cristiana.

Alfa y Omega 998 (28 de julio de 2016).

Una colección muy útil y práctica

(Pedro Gutiérrez, en Misión Joven). Acogiendo la invitación del Papa Francisco a redescubrir y practicar las obras de misericordia, la Editorial San Pablo está editando una colección de libros breves de bolsillo centrados en ellas en un lenguaje sencillo y asequible. Aquí mencionamos los tres primeros:

Enseñar a los ignorantes. Aprender es nacer de nuevo. Este libro estudia la primera obra de misericordia espirituale: enseñar al que no sabe. El autor busca contar el verdadero significado de enseñar y aprender.

Acoger a los extranjeros. No somos «dueños de nuestra casa». El autor, misionero comboniano que atiende a niños de la calle en Kenia, Sudán y Zambia, nos habla sobre la acogida como obra de misericordia corporal, pariendo de su propia experiencia. Hacer ver que «acoger» no es una acción puntual, sino exigente y prolongada en el tiempo.

Aconsejar a los que dudan. Dejar espacio o lo sorpresa de la verdad. Al abordar el consejo, otra obra espiritual de misericordia, el autor, profesor jesuita de la Universidad Gregoriana de Roma, muestra que saber dudar es el primer paso hacia la verdad. El autor explica cómo acompañar a los que dudan.

Estamos ante una colección que puede resultar muy útil y práctica en este Año de la Misericordia.

Pedro Gutiérrez

Misión Joven 473 (junio de 2016) 70.

El perdón como actitud de vida

(SP). Ser misericordiosos con los pecadores ofrece una reflexión sobre el perdón, una de las obras de misericordia. José Tolentino Mendonça llama la atención sobre la necesidad de diferenciar el pecado del pecador y señala la tentación de considerarnos inmunes al pecado y de eludir nuestra responsabilidad respecto del mal (haciéndolo caer sobre los demás, atribuyéndolo a la inevitabilidad de nuestra naturaleza personal, minimizando nuestra situación o haciendo banal y aceptable la degradación de la vida). Dios nos llama incesantemente para que seamos instrumentos de reconciliación, para que imitemos su misericordia y sea esa la característica que prime en nuestra relación con el prójimo. No hay más que pensar en cómo Jesús nos mostró la perspectiva del amor arropando a aquellos que erraron su camino, comiendo con los pecadores, perdonando sin límites, asumiendo el pecado de todos.

La oración como obra de misericordia

(SP). ¿Por qué y en qué condiciones una dimensión como la oración, tan personal e íntima, o bien tan «profesional» y desligada, puede ser una obra de misericordia? ¿Por qué pedir a Dios por el bien si ya sabemos que es bueno? A estas preguntas contesta Cristina Simonelli en Rogar a Dios por los vivos y los difuntos, repasando cuestiones como las causas y los modos de oración, por quién y dónde rezar. Rogar por nosotros y por los demás –dice– también nos recuerda que nosotros no somos dioses. Rogar a Dios es establecer una relación con Él, en solidaridad con el mundo y dentro de unos horizontes de paz. El último apartado se dedica al avemaría, «una oración para meditar y para acompasar el ritmo del tiempo y una oración de súplica y petición porque “la Virgen comprende”».

La necesaria atención a los presos

(SP). Visitar a los presos es una breve reflexión sobre la obra de misericordia que se refiere a la visita a las personas que se encuentran encarceladas. Esta dolorosa realidad aúna a los presos, personas heridas por una vida que les ha llevado a transgredir las normas que regulan la convivencia civil, a los directivos y funcionarios de prisiones y a los voluntarios, que visitan y acompañan el recorrido del arrepentimiento, la recuperación y la reinserción en la sociedad de las personas recluidas. Visitar a los presos, dice Giovanni Nicolini, es un trabajo arduo de realizar, sobre todo por las restricciones que impone la cárcel a visitantes y visitados. Pero la amistad con aquellos que están «dentro» genera la gratuidad, la esencia de Dios. El papa Francisco nos enseña que a veces estamos «fuera» solo porque hemos sido más afortunados en la vida.

La paciencia como obra de misericordia

(SP). Soportar con paciencia a los molestos es una reflexión sobre la obra de misericordia que comúnmente se enuncia como «sufrir (o soportar) con paciencia los defectos del prójimo», para redescubrir su vigencia y actualidad. Christian Albini identifica en primer lugar cuatro categorías de personas «molestas»: personas «dañinas» que no respetan ni sienten consideración por los demás, personas «incómodas» que perturban nuestros privilegios y desvelan nuestras hipocresías, personas «provocadoras» que remueven nuestras conciencias y desearíamos fueran invisibles, y personas «detestables», opuestos a nosotros en cuando a identidad, convicciones o comportamientos. Después, apoyándose en la actitud de Jesús para con los otros, invita a alargar la mirada más allá de la lo que nos molesta, a trascender la mera tolerancia, a ser misericordiosos, a acoger al otro de modo cálido y fraterno (incluso aunque nos desafíe), y a tratar de curar la convivencia construyendo comunión, encuentro y compartición.

La fe y la esperanza de la Iglesia en la resurrección

(SP). Sepultar a los muertos es una breve reflexión sobre esta obra de misericordia, obra que se refleja en la Sagrada Escritura y se recoge en la tradición de la Iglesia, que ha confesado y enseñado su fe en la resurrección de los muertos, celebrándola en la liturgia y los sacramentos y viviéndola con caridad. José Antonio Belmonte Aguilar aborda, desde la fe, las muchas implicaciones en torno al misterio de la muerte, señala cómo los cristianos han expresado desde antiguo su esperanza en la salvación de Jesucristo, y desgrana los significados de los numerosos símbolos que nos unen al misterio de Dios, manifestado en Jesucristo, que ha vencido a la muerte con su resurrección, haciéndonos partícipes de su vida inmortal.

La visita y el cuidado a los enfermos

(SP). Visitar a los enfermos revisa y actualiza la obra de misericordia que exhorta a los fieles cristianos a visitar y cuidar a los enfermos, cumpliendo con el mandato de Jesús a sus discípulos para que los curaran. Cuidar –dice Angelo Cupini– es acompañarnos unos a otros, visitar el misterio de cada uno, tener las manos abiertas para ofrecer y para recoger; es soportar los sufrimientos y las angustias de los demás como si las suyas fueran nuestras propias heridas, porque solo llegamos a «curar» si somos conscientes de nuestras debilidades.

El consuelo entendido como solidaridad con el que sufre

(SP). Una breve reflexión sobre la obra de misericordia que nos llama a Consolar a los afligidos. Marcelo Barros reflexiona, apoyándose en textos bíblicos y en su propia experiencia, sobre qué es el consuelo, quiénes son los que lloran, por qué Dios consuela a los afligidos y de qué modo son estos consolados. Consolar a quienes están sufriendo –dice– es uno de los gestos más revolucionarios que la fe cristiana pide, e incluye que nos movilicemos para luchar contra cualquier injusticia. Y nunca debemos olvidar que la verdadera solidaridad también se vislumbra en nuestras lágrimas.